Justin Webster durante el visionado de la serie en Zinemaldia. / EFE
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Un disparo mortal en un cuarto de baño de Buenos Aires sacude el tablero político internacional. Un atentado terrorista con 85 muertos, 40 años después, sigue sin esclarecerse. Justin Webster convierte el caso Nisman en una serie de no ficción presentada en el Festival de San Sebastián.

Sus seis episodios, de una hora cada uno, se proyectaron seguidos y en primicia en la sección Zabaltegi con el título “El fiscal, la presidenta y el espía” y tratan de arrojar algo de luz sobre uno de los casos judiciales más oscuros y farragosos de la historia reciente de Argentina.

Nisman apareció muerto el 18 de enero de 2015, cuatro días después de acusar públicamente a través de la televisión a la presidenta Cristina Fernández Kirchner de encubrir a los sospechosos iraníes del atentado perpetrado en 1994 contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) que dejó 85 muertos en Buenos Aires.

Al día siguiente, tenía previsto comparecer en el Congreso para argumentar su polémica denuncia, endeble y sin pruebas según sus críticos.

Desde el primer momento el asunto fue un campo de batalla político en el que cada paso de la investigación resultaba sospechoso, un suspense al que saca partido narrativo Webster, director de documentales como ‘El fin de ETA’ o la serie ‘Muerte en León’, en la que usaba similares técnicas de la ficción aplicadas al documental.

“El fiscal, la presidenta y el espía” cuenta con testimonios de primera fila como Viviana Fein, la fiscal encargada del caso, cuya labor fue muy cuestionada; Oscar Parrilli, exsecretario de Inteligencia de Fernández Kirchner; la exmujer de Nisman Sandra Arroyo o el polémico exespía Antonio “Jaime” Stiuso, personaje clave en la trama.

Webster ha trabajado durante casi cuatro años en este proyecto y se ha zambullido en más de mil horas de archivos y grabaciones. A su paso por San Sebastián, explicó que ha sido el proyecto más difícil de su vida, debido a las múltiples capas y ramificaciones del caso.

Cuando Nisman fue hallado muerto, su equipo empezó a recibir llamadas debido a los paralelismos con otro documental que habían dirigido dos años antes, ‘Seré asesinado’, la historia de Rodrigo Rosenberg, abogado guatemalteco que vaticinó su propia muerte a través de Youtube.

Dos versiones

Le sugerían que contara también esta historia, y aunque al principio se negó, empezó a discutir sobre el caso con su equipo y acabaron metiéndose de lleno.

Las primeras pericias del caso Nisman apuntaban a un suicidio, pero tras el cambio de juez —y de Gobierno— el caso dio un giro de 180 grados y, a finales de 2017, un nuevo análisis estableció otra versión: dos personas drogaron con ketamina, golpearon y asesinaron al fiscal, al tiempo que manipularon la escena para simular un suicidio.

Las ramificaciones del caso Nisman se extienden por Israel, Irán y EEUU. En Argentina, miles de ciudadanos salieron a la calle acusando a la presidenta del Gobierno, mientras que ésta ponía el dedo sobre el temido Jaime Stiuso, jefe de contrainteligencia entre 1972 y 2014.

Stiuso trabajó codo con codo con Nisman en la investigación del atentado de la AMIA y fue destituido por Kirchner en diciembre de 2014, unas semanas antes de la muerte del fiscal.

La implicación de los servicios de inteligencia argentinos en la muerte de Nisman queda sugerida por un cruce de llamadas.