Belén Cuesta es conocida por sus personajes en tono humorístico y su último éxito es el de Magüi en ‘Paquita Salas’. / EFE
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Conocida por el gran público por sus papeles cómicos, desde ‘Paquita Salas’ hasta ‘Kiki, el amor se hace’, Belén Cuesta da un giro a su carrera al protagonizar el drama ‘La trinchera infinita’, un registro que no le asusta a la sevillana porque no concibe “la comedia sin altas dosis de drama”.

“Cuando trabajo me intento alejar de lo que pensará la gente”, cuenta la actriz sevillana durante una entrevista en la que reconoce que durante el rodaje de esta cinta, que se acaba de estrenar, vio más dificultad en la historia que en este género en el que se ha movido “con mucha naturalidad”.

En esta película, que protagoniza junto a Antonio de la Torre, Cuesta ha estado bajo las órdenes de los directores vascos de ‘Handia’ y ‘Loreak’, Jon Garaño, Josemari Goenaga y Aitor Arregi, y da vida a Rosa, la esposa del republicano andaluz Higinio (De la Torre) que se esconde en un agujero de su casa cuando estalla la Guerra Civil a la espera de que acabe el conflicto.

Pero Franco gana la guerra y el esposo de Rosa se convierte en lo que luego se conoció como “topos”, personas escondidas durante toda la dictadura por el miedo a las represalias. Una decisión que se alargará a más de treinta años y que condenará también a su mujer.

“Aunque Rosa no está oculta es igual de ‘topo’ que Higinio. Aquellas mujeres hicieron lo impensable para sobrevivir, fueron esposas y madres sin poder decirlo”, explica Cuesta, que considera que para las esposas de los topos, a las que califica de “heroínas”, la vida quedó “igual de detenida y encerrada”.

Mas allá del contexto en el que se enmarca la historia, ‘La trinchera infinita’ es una alegoría sobre el miedo que se cuenta gracias a la historia de amor de los protagonistas y cómo se ve condicionado por las circunstancias: “Es un matrimonio complejo, pero la Rosa que se representa no es sumisa, sino todo lo contrario, es más valiente que muchas mujeres de ahora”.

Realismo

“Contar la vida de un personaje durante más de treinta años al principio me parecía demasiado grande, pero luego es una suerte porque como la película se rodó casi cronológica, logramos crear una mochila de recuerdo y cargar con ella durante toda la película”, explica la actriz.

Al ubicarse la trama en un pueblo andaluz de los años 40, para los intérpretes era importante trabajar tanto las expresiones como el acento propios de la época, “para hacerlo más realista, nombrar a las cosas como entonces, con un vocabulario que ya no se usa”, y por ello recurrió a conocidos y familiares de su pueblo como consejeros.

A la actriz, candidata dos veces al Goya por ‘Kiki, el amor se hace’ o ‘La llamada’, le parece “irónica” la actualidad que ha cobrado la cinta al estrenarse apenas unos días después de que la exhumación de Franco haya reabierto el debate sobre la dictadura y sus ecos.

“Es una película importante por su relación con la memoria histórica, por el miedo que refleja y porque sirve para entender quienes somos ahora y ser conscientes de ello”, resume Cuesta sobre la importancia de ‘La trinchera infinita’, que se alzó con la Concha de Plata a mejor dirección en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.