Artur Mas mantiene su pulso

La vicepresidenta del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, tiende la mano a los catalanes que se puedan ver «perjudicados» por un proceso que «alienta la división».

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La maquinaria de la Generalitat ya se ha puesto en marcha de cara a la convocatoria de la consulta secesionista programada para el 9 de noviembre de 2014, desoyendo absolutamente todas las voces de los partidos nacionales que claman contra la inconstitucionalidad de tal cita electoral. Pero el presidente regional, Artur Mas, ha tomado el referéndum por bandera, por lo que, al menos por ahora, parece que va a seguir manteniendo el pulso a Madrid.

Por el momento, los partidos que rubricaron el jueves cuáles serán las preguntas a las que someterán a los ciudadanos y la fecha

-CiU, ERC, ICV-EUiA y CUP-, presentaron ayer en el registro del Parlament una petición al Congreso para que sea el Govern y no el Estado quien pueda convocar en 2014 un «referéndum consultivo».

Ahora, esta solicitud inicia su tramitación en la Cámara regional, aunque este debate aún no se abordará en el pleno de la semana que viene, sino más adelante: ya el próximo año, tras el paréntesis de las vacaciones navideñas.

La propuesta a enviar del Parlament al Congreso insta a las Cortes a «delegar en la Generalitat la competencia para autorizar, convocar y celebrar un referéndum consultivo», una medida que, a base de recursos, acabaría probablemente truncada por el Tribunal Constitucional.

El texto, que tiene un artículo único y se tramitará por lectura única, es una propuesta que se aprobará con toda probabilidad, porque los cuatro grupos alcanzan la mayoría de la Cámara catalana, y se prevé remitir a la Mesa del Congreso mediante una proposición de ley de delegación a la Generalitat de la competencia para convocar referéndums.

Según la iniciativa de estas formaciones, la propuesta concreta de la consulta consultiva debe servir para que los catalanes «puedan pronunciarse sobre el futuro político colectivo de la región en la que viven, a partir de los términos que se acuerden con el Gobierno del Estado».

Hasta una veintena de personas están trabajando ya en incitativas como la que adelantó ayer la vicepresidenta de la Generalitat, Joana Ortega, quien aseguró que el Gobierno catalán ya está elaborando un censo alternativo al electoral, que depende del Estado, para poder convocar con garantías la consulta soberanista.

Así, detalló que «aún no se ha empezado a elaborar el listado de ciudadanos con nombres y apellidos, pero hay un proceso preparado para empezarlo a elaborar». También se trabaja en mecanismos que haga posible la participación de los catalanes que viven dentro y fuera de la autonomía.

Pacto por la Unidad

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, mantuvo ayer una argumentación continuista respecto a la negativa del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a los planes secesionistas de Mas y aseguró que el Ejecutivo del PP seguirá ayudando a los catalanes para que no se vean «perjudicados» ante el proceso soberanista que, a su juicio, «alienta la división», pretende la «fractura» y genera «incertidumbre» en la sociedad. De esta forma, insistió en que la consulta de autodeterminación es «inconstitucional» porque corresponde a todos los españoles, como titulares de la soberanía, «cómo se organiza España y cómo se establece su organización territorial».

«Sobre un asunto que compete al conjunto de la ciudadanía, nadie puede entrar más que el conjunto del pueblo español. No es un tema que este Gobierno o cualquier otro pueda negociar, pueda discutir o pueda transigir. Es algo que no forma parte de nuestra capacidad de disposición o negociación», enfatizó.

También desde las filas del PSOE se reafirmaron en la vía constitucional y la portavoz parlamentaria del partido, Soraya Rodríguez, insistió en la formación de un «bloque constitucional muy fuerte» entre los principales partidos políticos, si bien apostó por reconducir la situación con diálogo para encontrar una «solución viable» dentro de la Constitución.

En este sentido, consideró que, llegados a este momento del proceso, es necesario trabajar con «calma y con templanza» y no generar más «crispación» ni «confortación», que «solo serviría para retroalimentar a los que juegan al victimismo».