Bocas de dos antiguas minas de greda situadas en los actuales terrenos de la autovía Segovia-Valladolid. / Álvaro Pineda

Muy conocidas son las bondades agrícolas del término municipal de Valseca. Pero a lo largo de la historia, Valseca también ha aportado las bondades de lo que algunos denominaron “su libro de piedra”, a la actividad minera más diversa. Siendo actualmente, el Geomuseo ubicado en el centro cultural Doctor Velasco, con sus vitrinas, mapa de Georutas y campamentos veraniegos, el máximo exponente didáctico y esencial para conocer nuestra tierra. Es la actividad minera, una parte exponencial e histórica en el tiempo.

Siguiendo la pauta histórica, podemos saber cómo en el año 1607 se emplea piedra caliza de Valseca en la construcción de la Catedral de Segovia. Nos lo cuenta el historiador y Cronista oficial de Segovia José A. Ruiz, en su libro: “La Catedral de Segovia en el Barroco”. La portada principal del crucero, así se la denomina, “habría de labrarse en granito del Ciguiñuela (Segovia), de buen grano y sin manchas, mientras que los muros que completarían el brazo del crucero se harían con piedra caliza de las canteras del Parral y de Valseca, para armonizar con el resto del templo”; precisando, que en la piedra de la cantera de Valseca, “los destajeros acabarían la obra en cinco o seis años”.

Unos años antes, en 1594, el cantero Bartolomé de la Pedraja, también emplea piedra caliza de Valseca, “en el cerramiento de las bóvedas de las capillas de la iglesia Mayor del Convento de Santa Cruz la Real, con unos cruceros abultados de buena moldura”, recoge el libro, “Piedras de Segovia”, cuyo autor es Juan de Vera.

La minería industrial y doméstica en Valseca
Brocal de piedra caliza de un pozo, bien conservado. / Álvaro Pineda

En nuestros días de la antigua cantera de Valseca, permanecen sus restos, cuevas semihundidas, y las oquedades sobre el terreno de lo que un día fue un gran recurso, no sólo hacia el exterior, sino que también con su extracción se contribuyó a la construcción de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción(1792). Después su piedra, fue objeto de la firma de un contrato en el año 1846 entre el vecino y escribano de Segovia, Baltasar Pastor, y el Ayuntamiento de Valseca, “para sacar piedra de la cantera del pueblo y trasportarla a Madrid, pagando un cuartillo de real, por cada píe cúbico que sacaran”, recoge el acuerdo.

En el siglo XVIII, la tierra de Valseca, tiene un protagonismo especial, se le da, una eminencia, nada más y nada menos, que el químico francés, Luis José Proust, quien en su libro: “Los anales del Real Laboratorio de Química de Segovia(1791)”, habla de la Tierra de Valseca, también llamada “piedra de Valseca”, o “tobizo de Valseca”. Dice el texto que, “para hacer su horno de reverbero se sirve con mucha ventaja de una piedra de la Aldea de Valseca, que resiste muy bien a los fuegos ordinarios”. Su halago va más allá, “si esta piedra que al salir de las canteras se corta y trabaja con mucha facilidad, seria de mucha utilidad para infinitas artes, se compone de una arcilla naturalmente petrificada con piedra calcárea y arena, y de grandes propiedades absorbentes”. Desde antiguo existe en el término municipal, un lugar conocido como El Barranco del Francés, cuya denominación podría ser el lugar en donde Proust aprovechara el recurso y quedara de por vida ‘bautizado’ de esa manera por el vecindario. En esta abundancia de arcillas absorbentes, también destaca la sepiolita. El libro “Mineralogía y zoología aplicadas a la farmacia”, destaca, que “en España se encuentran importantes canteras de sepiolita en el terciario lacustre (…)”, entre cuyos referentes de origen cita a Valseca en la provincia de Segovia.

La minería industrial y doméstica en Valseca
Largueros de toba, que fabricaba el Tío Chanfurro. / Álvaro Pineda

También la minería tiene sus símbolos sentimentales y de recuerdo póstumo. La memoria del minero Justo Herranz, fallecido en el mes de mayo de 1758 cuando realizaba trabajos en la mina próxima al camino de la cantera, quedó grabada de manera perpetua en una cruz de piedra caliza, en cuya peana consta la inscripción “aquí murió Justo Herranz. Mayo de 1758”. La cruz, fue restaurada hace unos meses por un grupo de vecinos de Valseca de forma voluntaria, estas mismas personas, descubrieron que en el registro de la parroquia, constaba el motivo de su fallecimiento, “murió sepultado en la mina de arena que estaba en ese lugar”.

Ya metidos en el siglo XX, las minas tienen de nuevo protagonismo. El periódico El Porvenir Segoviano, con fecha de 16 de diciembre de 1914, informa de que ha declarado cancelado y sin curso el expediente de la mina de hierro “Azares”, sita en el término municipal de Valseca. Un resultado por el que el Gobierno Civil de Segovia, dictó providencia según recogía el reglamento de minería, “declarar cancelado y sin curso y fenecido el expediente de la mina de hierro titulado Azares”, señalaba. Dicho yacimiento por los indicios posteriores, debió estar en los terrenos del despoblado de San Medel (Valseca), en cuya extensión proliferan los vestigios mineros históricos. Esta pauta, nos dirige también a la explotación de otros recursos, conocidas son las minas de greda y arenas silíceas, que eran explotadas por vecinos del pueblo y de la zona, y cuyos portes eran transportados en carros hasta la extinta estación de ferrocarril de Hontanares de Eresma.
El Boletín de Segovia de fecha, 19 de enero de 1917, a través de un informe remitido por el Gobernador, nos lo constata dando a conocer “las certificaciones de las actas municipales celebradas por el Ayuntamiento y la Junta Municipal, para tratar del contrato sobre extracción de las arcillas refractarias y arenas silíceas en el término municipal que pertenecen al común de vecinos”.

Curiosamente, las obras de la autovía Segovia-Valladolid, ejecutadas en el año 2008, pusieron al descubierto dos de estas cuevas, cuyas oquedades siguen asomando en el talud de la carretera. A parte de su explotación, conformaban un recurso para las viviendas. Los vecinos recuerdan “ir a la zona a coger greda para pintar las paredes y vigas de madera de las casas. Así como arena silícea para blanquear los humeros de las lumbres bajas o incluso para lavar los útiles domésticos”. Otro de los lugares de recogida doméstica de arenas silíceas, estaba en una beta de la vertiente de la mencionada Cruz de Justo, “allí acudían las gentes con borriquita a cargar los serones, para traer un buen montón de arena, y hacer acopio para lavar los cacharros, las escaleras de madera, o las mismas vigas, haciendo a la vez de limpieza y saneamiento para las maderas”, recuerda la vecina Sebastiana Herranz.

De esa labor tan minuciosa que era la tarea de sacar la piedra, pulirla y labrarla, encontramos otro referente doméstico en la primera mitad del siglo XX. Era la elaboración de largueros cerámicos para su utilización en las chimeneas de fuego bajo de las casas. Juan Manso, el Tío Chanfurro era el encargado de realizar estas piezas y moldes de arcilla lisos(largueros), qué aguantaban bien las temperaturas. Los bloques de piedra los sustraía del conocido Barranco de la Tobera, para posteriormente labrarlos, pulirlos y darles forma, y ya por último dispensarles a quién los requiriera. Estas piezas, se colocaban en la base del fuego, como soporte de ayuda, entre las trébedes y demás útiles.

En la denominada, minería doméstica, también destacan en el pueblo, los brocales de piedra caliza de los pozos de las casas, bien labrados y de gran calidad. La práctica totalidad de las casas tenía su pozo de agua natural, y en nuestros días son muchos los que abundan en el casco urbano, sobre todo en casas antiguas, pajares o patios de viviendas.

El siglo XX es también un referente de explotación industrial en cuanto a los recursos. El despoblado de San Medel, sigue siendo una referencia abundante. Muy cerca del Molino de San Medel, al otro lado del arroyo, en el paraje de las Arroyadas, actualmente podemos contemplar la boca y vestigios de la antigua mina de Wolframio gracias a los trabajos voluntarios de un grupo de geólogos, lo que ha permitido también su exhibición en las denominadas Georutas del Geomuseo de Valseca. Se trata de un mineral de gran valor, muy codiciado desde la Segunda Guerra Mundial. Los vecinos recuerdan como algunas mujeres de Valseca realizaban para el proyecto extractor, la limpieza del mineral con cribas en el caz del molino.

Pero si hay una industria local, referente en la explotación de arcilla, esa es la desaparecida Cerámica La Currita. Una empresa familiar, creada por Román García en la primera mitad del siglo XX, a la que dieron continuidad sus hijos, que contribuyó con la calidad de sus diferentes ladrillos en la expansión del extrarradio urbano de Segovia, fundamentalmente desde finales de los años 70, la década de los 80 y parte de los 90. Tras su cierre la mina de barro, conocida como el Barrero y las instalaciones de la fábrica fueron adquiridas por la empresa Alonso, que actualmente explota todos sus recursos mineros con éxito. De forma paralela, en el cerro de los Castros también había otra mina de arcilla, próxima al antiguo Acueducto de San Medel(siglo XVIII). Un yacimiento menor que el Barrero, que fue explotado durante dos décadas por la cerámica Dalopa, de Bernuy de Porreros, mediante una cesión del Ayuntamiento de Valseca. Una vez que cesó la actividad, esta mina fue clausurada y restaurada por el Consistorio en el año 1995 a través de una ayuda de la Junta de Castilla y León.

El granito es otro mineral que forma parte de las referencias del suelo valsequeño, así se aprecia en el Berrocal próximo al barrero y la cantera, con bolos y tolmos entre los que se distingue la popular ‘Peña Rondaera’, testigo de la celebración de la fiesta de San Antón. Durante el siglo pasado, niños y abuelos, acudían a pasar el día al lugar, en torno a la piedra que servía de entretenimiento y juego, deslizándose por la misma por edades, entre la alegría de todos para posteriormente probar durante la merienda la primera cata del chorizo de la matanza.

En el libro “la Piedra Monumental de la provincia de Segovia y sus canteras”, escrito por Fernando Pedrazuela se nos habla de las bondades de la cantera de San Medel “en todo este paraje, se observan restos de explotación de las zonas más fisuradas y alteradas y del berrocal prácticamente desaparecido que se ha venido beneficiando históricamente hasta bien entrado el siglo XX”, explica, además que añade la reseña de que “en el Museo de Segovia, se encuentran piezas romanas realizadas con este granito, procedentes de los yacimientos arqueológicos del entorno.
El tamaño de grano, textura y ligera orientación granular es similar al de buena parte de los sillares del Acueducto”, destaca Pedrazuela.

La minería industrial y doméstica en Valseca
La cruz de Justo Herranz
En un altozano qué domina un promontorio de una antigua mina de arena, permanece desde el año 1758 la conocida Cruz de Justo. Una cruz de piedra caliza, erigida en recuerdo del antiguo vecino y minero Justo Herranz, “murió sepultado en la mina de arena que estaba en ese lugar”, consta en la defunción, que asimismo reproduce la peana “aquí murió Justo Herranz. Mayo de 1758”. El mástil de la cruz fue derribado a finales del siglo pasado, y restaurado y repuesto por un grupo de vecinos de forma voluntaria hace unos meses. “En Valseca, y en otros pueblos, hay muchas cruces, inmuebles y, más aún, valores que claman al cielo, como el arpa olvidada de las rimas de Bécquer, para que una mano de nieve venga a levantarles”, expresaban con amor propio estos vecinos.

La minería industrial y doméstica en Valseca
El doctor, Pedro González Velasco(1815-1882).

En busca de ‘las piedras’ del Doctor Velasco
El Centro Socio Cultural Doctor Velasco, inaugurado en el año 2001, acoge en su planta superior el Geomuseo de Valseca, referente de minerales, rocas y fósiles en la región. El espacio museístico y cultural, fue erigido a un hijo ilustre de la localidad, Pedro González Velasco(Valseca, 1815-Madrid, 1882), médico cirujano afamado y controvertido antropólogo en el Madrid del siglo XIX y fundador del actual Museo Nacional de Antropología.

Entre sus colecciones atropológicas, el doctor Velasco, tenía un apartado dedicado a los minerales, un nexo que viene a unir aún más a Valseca, el centro cultural, que lleva su nombre y el Geomuseo. El matiz, como bien recuerda el geólogo Andrés Díez, es muy relevante, ya que su afán por los minerales, muy poca gente conocía, además de coleccionar y estudiar ejemplares de índole antropológica y fisiológico-medica. Y sobre ese apartado viene trabajando Díez, “también atesoró en su museo una importante colección de minerales, rocas y fósiles, como casi todos los gabinetes de historia natural (‘gabinetes de curiosidades’) que poseían los ilustrados y la aristocracia europea de los siglos XVIII y XIX”.

Andrés Díez, nos acerca las palabras de la que fue directora del Museo Antropológico, durante muchos años, Pilar Romero de Tejada “se puede considerar como un típico gabinete de curiosidades… Y en sus colecciones estarán representados los tres reinos de la naturaleza –mineral, vegetal y animal–”.

El geólogo segoviano y gestor del Geomuseo de Valseca, nos pone en antecedentes, “Desde el año 1881 (y sobre todo tras el fallecimiento de D. Pedro en 1882) su museo pasó a ser adquirido y gestionado por estado español”. Por lo que algunas colecciones “permanecieron en el actual Museo Nacional de Antropología, mientras que otras no relacionadas directamente con la Antropología fueron repartidas en diferentes instituciones académicas (facultades y escuelas universitarias de Medicina y Ciencias, institutos de enseñanza secundaria provinciales…) e investigadoras-museográficas (como el Museo Nacional de Ciencias Naturales; Baratas Díaz, 2016)”.

Y sobre esas pistas es dónde está abierta la investigación, “no resulta fácil seguir la pista a dónde fueron a parar las piedras (rocas, minerales y fósiles) de D. Pedro, pero parece ser que al menos una parte de ellas se encuentran entre los fondos del actual Museo Nacional de Ciencias Naturales, como así lo atestiguan los inventarios y catálogos”. El objetivo es claro, “seguiremos buscando pruebas y tras la pista de esta colección geológica, que estaría justificadamente mejor expuesta en el GeoMuseo de Valseca (su localidad natal) que almacenada en un sótano sin exponer”, concluye Díez.