Un emocionado regreso a la tierra

Se preveía un rescate de 48 horas, pero ya han salido más de la mitad de los 33 mineros atrapados

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Mucho más rápido de lo que se esperaba en un principio, y, por supuesto, envuelto en un previsible clima de emoción y alegría, los mineros chilenos del yacimiento San José vieron ayer la luz exterior después de 70 días encerrados a casi 700 metros de profundidad.

A los ojos del mundo, el rescate comenzó cuando Florencio Ávalos hizo historia al aparecer a las 00,10 horas locales (04,10 en España) en la superficie y convertirse en el primer obrero sepultado en recuperar la libertad.

Este joven de 31 años emergió de la cápsula tras un recorrido de apenas 15 minutos por el pozo que durante 33 días excavó la perforadora Scramm T-130, apodada La Liebre por los rescatadores, por la rapidez de su trabajo.

Millones de espectadores de todo el mundo presenciaron cómo Ávalos -con gafas negras para evitar la luz- mantenía una gran serenidad, a diferencia de su pequeño hijo Byron, que le esperaba con su esposa, Mónica Araya, y su otro vástago, Alex.

Los familiares rompieron a llorar y se fundieron en abrazos con él, mientras una sirena alertó al campamento Esperanza de que el salvamento más milagroso de la historia de la minería había comenzado con éxito.

Con la presencia del presidente chileno, Sebastián Piñera, que no quiso perderse esos primeros momentos, la emoción, las lágrimas y los abrazos se repitieron cada vez que un nuevo obrero vio la luz.

Uno de los que mayor sentido del humor mostró en esos intensos instantes fue el segundo en salir, Mario Sepúlveda, un electricista de 39 años que provocó las carcajadas del campamento con sus gritos durante el trayecto que le llevaba a la superficie. Antes de abandonar la cápsula, gritó «¡Viva Chile, mierda!» y empezó a regalar piedras que sacó de un morral que llevaba consigo.

En una comparecencia de prensa improvisada a los pocos minutos de la salida de Ávalos, Piñera puso a los 33 obreros como ejemplo de unidad, coraje y perseverancia a seguir por sus compatriotas para superar los problemas del país.

El mandatario anunció que en el lugar que ocupa el llamado campamento Esperanza se erigirá un memorial para que las futuras generaciones recuerden esta hazaña. Es más, esta especie de santuario ya se ha convertido en un sitio de peregrinaje para muchos chilenos, de diversas religiones.

Además, aseguró que el yacimiento San José y otras minas en donde se han repetido los accidentes laborales no volverán a operar «hasta que no garanticen que la vida y la seguridad de sus trabajadores están resguardadas».

Asimismo, celebró la rapidez con que se estaba produciendo el rescate. Aunque el plazo en principio era de 48 horas, Piñera estimó que la operación podría acabar a lo largo del día. «Se han acortado los plazos, ahora estamos rescatando a tres mineros cada dos horas, puede que terminemos hoy -por ayer-», precisó.

Todos los mineros que han alcanzado la superficie terrestre se encuentran en aparente buen estado de salud, según indicó el titular de Sanidad, Jaime Mañalich.

«Las cosas van extraordinariamente bien hasta el momento», indicó a media tarde (cuando se había llegado a la mitad del rescate) el ministro, quien agregó que los trabajadores serán hospitalizados al menos dos días en la ciudad de Copiapó, y consideró «poco probable» que alguno «se niegue a recibir esta medidas mínimas de precaución».

También aseguró que el paréntesis de 48 minutos que se produjo después del sexto rescate (Osmán Araya) no se debió a un fallo de la cápsula de evacuación Fénix 2, sino que el plan contempla detenciones preventivas para el mantenimiento del aparato. Es más, según advirtió, se trata de una medida normal, teniendo en cuenta la cantidad de trayectos continuados: «Se hará, más o menos, cada ocho viajes».

El coste de la operación de rescate supera el monto de la deuda total de la empresa San Esteban, propietaria de la mina, cifrada en unos 19 millones de dólares.

La estatal Corporación del Cobre (Codelco) ha gastado unos 15 millones de dólares en el rescate y las aportaciones de mineras privadas suman otros siete millones.

Edison Peña: «¡Estamos vivos!, ¡estamos vivos!»

Edison Peña, que puede ser comparado con el personaje cinematográfico Forrest Gump por su afán de correr al menos 10 kilómetros diarios, fue el duodécimo minero rescatado. De 34 años, este trabajador se las arregló para cumplir su práctica cada uno de los 70 días que permaneció, junto a 32 compañeros, atrapado a 700 metros de profundidad en el yacimiento, pese a las difíciles condiciones de aire y luz existentes en el lugar. Peña, a quien no arredran sus problemas de oído, hipertensión y diabetes, pidió zapatillas y un pantalón deportivo corto para correr mejor en el fondo de la mina cuando los equipos de rescate contactaron con los atrapados, el pasado 22 de agosto. «Tengo ansiedad y me dan ganas de correr», escribió a su novia durante el encierro. «Me imagino que hacemos viajes. Quiero estar libre, quiero ver el sol», añadió. «¡Grande, Edison, grande, grande!», le dijo el presidente de Chile, Sebastián Piñera, a su salida. Cuando era trasladado en camilla al primer chequeo, el minero no cesaba de repetir: «¡Estamos vivos!».