Raúl Castro ha estado una década al frente de la Presidencia de Cuba tras la renuncia de su hermano Fidel.
Raúl Castro ha estado una década al frente de la Presidencia de Cuba tras la renuncia de su hermano Fidel. / EFE
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Raúl Castro se despidió ayer de la Presidencia. Cuba pasa página a 60 años de Revolución y se adentra en un nuevo capítulo de su historia que, previsiblemente, corresponderá escribir a la segunda generación del Partido Comunista Cubano (PCC) sin que nadie sepa qué le depara el futuro a la isla caribeña.

La transición política empezó en realidad el pasado 26 de noviembre, cuando seis millones de cubanos acudieron a las urnas para elegir entre miles de personas a quienes de esta forma adquirirían el estatus oficial de candidato a las Asambleas Municipales, cuyos miembros quedaron al arbitrio de una comisión de selección controlada por el oficialismo.

La nueva Asamblea Nacional de Cuba propuso ayer al actual primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, como sucesor de Raúl Castro al frente del Consejo de Estado, en una transición histórica porque por primera vez desde la Revolución de 1959 se otorga el control del país a alguien sin el apellido Castro.

Los 605 diputados electos tomaron posesión del escaño ayer constituyendo así el nuevo Parlamento y ahora deben decidir quiénes serán los 31 integrantes del Consejo de Estado, incluido su presidente, cargo ocupado por Raúl y antes por Fidel.
La Comisión Nacional de Candidaturas propuso ayer 31 candidatos, nominando a Díaz-Canel como reemplazo de Castro. Los diputados votaron ayer, pero la decisión no se conocerá hasta el jueves.

Raúl Castro, actual presidente del Consejo de Estado, cederá el testigo tras agotar dos mandatos consecutivos de cinco años cada uno, como prometió en 2013, ante la sorpresa de los propios cubanos y la comunidad internacional.

Reformista

Estos diez años de Gobierno se han caracterizado por un ímpetu reformista al que, pese a su convicción revolucionaria, se vio forzado por la pérdida del socio venezolano y la consecuente agudización de una crisis económica que el país no ha conseguido remontar desde la caída de la Unión Soviética.

Raúl alumbró en 2011 una receta anticrisis en la que por primera vez desde 1959 se suavizaba el control estatal de la economía con la introducción de elementos capitalistas. Los cubanos ya podían comprar y vender casas y coches, y montar sus negocios como ‘cuentapropistas’, sobre todo restaurantes y pequeños albergues para el turista.

Tecnología

También dio acceso a Internet, aunque limitado, porque solo hay conexión en algunos lugares, como plazas, y a un coste de un dólar por hora, cuando el salario medio en el sector público, que copa el 90 por ciento de la economía, es de unos 20 dólares. Además, “sigue estando muy vigilado”, apuntó la socióloga cubana Marlene Azor.

Estos tímidos avances volvieron a colocar a Cuba en la esfera internacional. Con Barack Obama inició un diálogo (impensable en la etapa de Fidel) que se tradujo en la normalización de las relaciones bilaterales y en una relajación del bloqueo. Selló un acuerdo comercial y político con la UE. Y recuperó la influencia en la región mediando para la paz en Colombia.

Raúl persiguió una transformación del arcaico sistema revolucionario para que la esencia comunista pudiera sobrevivir al menos en el plano político. “Mirando a China y Vietnam como modelos pero seguramente con las características propias de Cuba”, explicó Anna Ayuso, analista para América Latina del ‘think tank’ español CIDOB.

Lo intentó “sin prisa pero sin pausa”, según sus propias palabras, para evitar el ‘shock’ que esta leve apertura al mundo en términos económicos y sociales supondría para el núcleo duro del PCC y los todopoderosos militares. No lo consiguió.