París, capital del amor y de los… carteristas

La ciudad más atractiva del mundo sufre cada año innumerables ataques de ladrones que utilizan sus múltiples artimañas para poder robar a los miles de turistas que la visitan.

280

En una calurosa mañana de verano en París, un grupo de adolescentes esperan impacientes la llegada de turistas ante las puertas del Palacio de la Ópera. «¿Habla inglés? Por favor, firme», piden cinco chicas de Europa del Este, mostrando una fotocopia de una asociación de sordomudos, niños huérfanos o discapacitados.

En el mejor de los casos, su solidaria petición es un fraude y, en el peor, una excusa perfecta para distraer a la víctima mientras le intentan roban la cartera.

Esta es solo una de las muchas artimañas que los ladrones utilizan con los excursionistas, especialmente si se trata de acaudalados visitantes chinos, cuenta el capitán Renaud Gauthier, jefe de la brigada antidelincuencia del distrito noveno de París.

Cruzando la calle, un par de jóvenes altos, se dedican a distraer a la gente en los cajeros automáticos mientras uno de ellos presiona el botón de «máximo importe» y se lleva todo el efectivo.

Gauthier, conoce a los sospechosos más frecuentes, muchos viajan desde las afueras a trabajar en esta céntrica zona de compras que recibe entre 200.000 y 300. 000 turistas cada día.

María, una joven rumana de 16 años, es una de las asiduas. Parece mucho mayor y está embarazada, al igual que tres de sus cuatro cómplices que piden firmas, vive en una caravana en el barrio suburbial de Courneuve, las donaciones que recibe de los turistas incautos la ayudan a poder pagar pañales y comida.

Durante décadas, mensajes pregrabados alertaban en el metro de París del peligro de carteristas y otros posibles ladrones, pero el problema se ha agudizado en los últimos años.

El personal del museo Louvre hizo un día de huelga el pasado abril para protestar por el comportamiento, cada vez más agresivo, de bandas de carteristas menores de edad que los ataban, insultaban y amenazaban. Desde ese día, el museo mejoró la seguridad, colocó advertencias en varios idiomas e instaló un puesto para presentar demandas policiales consiguiendo reducir notablemente los robos, pero ahora las bandas organizadas han comenzado a operar lejos del centro de la ciudad, en barrios a las afueras donde suelen alojarse grupos de turistas chinos.

Pánico en China

Los casos más llamativos tuvieron lugar en la autopista que conduce a la ciudad desde el aeropuerto. En al menos dos ocasiones en 2013, grupos de ladrones asaltaban autobuses turísticos que se habían quedado atrapados en atascos, rompiendo los cristales de las ventanas y llevándose los bolsos de los aterrorizados pasajeros.

Aunque este tipo de hurtos no son muy frecuentes, en China se ha convertido en tema de conversación obligatorio cuando se trata de organizar viajes a la urbe más frecuentada del mundo, incluso la popular web Sohu.com tiene un apartado dedicado al problema.

Una usuaria de una red de microblogging escribió: «En el futuro, París será conocida como la ciudad de los robos, en lugar de la ciudad del amor». Comentarios de este tipo generan temor en el país anfitrión, que cuenta con los ciudadanos asiáticos y de otros mercados emergentes para paliar el descenso de turistas europeos afectados por la crisis.

«La situación no es tan catastrófica como la pintan algunos», mantiene por su parte el comisario de policía Laurent Mercier. «Pero, a veces, se genera cierto pánico que hay que saber gestionar».

Mientras tanto, patrullas vigilan las principales zonas turísticas y barrios donde suelen alojarse los visitantes, además, 10 cámaras ayudan a examinar la zona, pero incluso con ello, si se producen detenciones, la mayoría de los delincuentes quedan en libertad sin cargos, por ser menores o por la falta de identificación. «Estamos atrapando a la misma gente eternamente», se lamenta Gauthier.