«Los resultados son una paliza»

Obama acepta su responsabilidad como presidente y promete hacer lo posible para acercarse más al pueblo

Tras una intensa jornada, el presidente norteamericano, Barack Obama, cumplió su promesa y compareció ante los medios de comunicación para analizar los resultados de los comicios legislativos celebrados el pasado martes. Con semblante serio, como era de esperar, el líder de la Casa Blanca admitió que los datos resultantes de las urnas eran «una paliza».

El demócrata comentó, en tono de humildad, que su puesto representa «un peligro inherente» de verse «atrapado en una burbuja» y aseguró que durante su segunda mitad de mandato hará todo lo posible por acercarse más a la ciudadanía. «Es difícil no parecer distante» cuando se vive dentro de la Casa Blanca y de la burbuja del poder, subrayó el político, quien matizó que otros mandatarios, como Ronald Reagan o Bill Clinton, que eran grandes comunicadores, también sufrieron en un momento dado las mismas acusaciones.

Acerca del resultado electoral, consideró que representa un toque de atención. Previamente, había afirmado que los datos demuestran que «los ciudadanos están profundamente frustrados» con el ritmo de la economía y aseguró: «Como presidente, acepto la responsabilidad».

Obama indicó su disposición a colaborar con los republicanos u comentó que lo que los estadounidenses esperan de su gestión es que esté centrada «en los problemas por resolver, en la economía».

Como dirigente, «mi principal tarea es conseguir una economía fuerte, y por ello tengo que aceptar la responsabilidad de que no hemos logrado los progresos que deberíamos», indicó.

El inquilino de la Casa Blanca telefoneó a los líderes republicanos en el Congreso, John Boehner y Mitch McConnell, a los que expresó su disposición a colaborar para «encontrar terreno común, hacer avanzar este país y conseguir cosas en favor del pueblo estadounidense».

No obstante, aseguró que no permitirá que ninguno de los dos partidos dicte la política a seguir en el país, ni dejará que los conservadores deshagan a su antojo las reformas puestas en práctica desde su llegada al poder.

«Entiendo que la gente haya terminado creyendo que el Gobierno es más intrusista de lo que era en un principio. Creímos que era necesario. Entiendo a esa gente», indicó Obama, para el que, no obstante, «lo más duro ha sido contemplar cómo funcionarios públicos absolutamente extraordinarios no podrán servir a los norteamericanos».

«Gané en 2008», recordó, «porque creo que la gente estaba segura de que cambiaríamos rápidamente la forma en la que se hacían las cosas. Ahora, el pueblo cree que nada ha cambiado. Asumo la responsabilidad».

A pesar de este revés, el presidente aseguró extraer de estos comicios el mensaje de que «ningún grupo podrá dictar por sí solo el destino del país». «Ningún partido tiene el monopolio de la sabiduría», aseveró Obama, quien advirtió soterradamente de que los republicanos tendrán problemas si desean rebatir sus reformas puestas en marcha desde su llegada a la Casa Blanca en 2008.

«Ambos grupos malinterpretaríamos las elecciones si nos pusiéramos a discutir lo que ha sucedido los dos últimos años», aseguró. «Quiero ver qué propuestas tienen, quiero que me lo digan a mí, quiero ver si ese recorte de impuestos que proponen es suficiente», añadió.

No obstante, el dirigente no pudo ocultar su decepción con el resultado. «Me siento mal. Ha sido una larga noche para mí. Algunas elecciones son extraordinarias… otras hacen que seas humilde», indicó. «Estoy reflexionando mucho. Vamos a tener que trabajar mucho mejor», opinó.

El presidente, que llegó a la Casa Blanca el 20 de enero de 2009 con una popularidad del 70 por ciento y con la promesa de Yes We Can (Sí Podemos), no ha podido responder a las expectativas, a veces contradictorias y a todas luces desmesuradas, que había despertado entre quienes le votaron entonces.

Le han pasado factura medidas como la reforma del sistema sanitario, que pese a lo que esperaban los demócratas no ha ganado popularidad tras empezar a ponerse en marcha, o el fuerte crecimiento del déficit presupuestario al que se vio obligado para estimular la economía tras la crisis financiera de 2008.

Pero su gran talón de Aquiles ha sido la economía, que prometió que sería la gran prioridad de su mandato, pero que no ha terminado de despegar, al menos a juicio de los votantes.

Obama tiene ahora por delante otros dos años para intentar sanear el país y convencer a los ciudadanos que confiaron en él de que pueden seguir haciéndolo. En su contra, tendrá a los líderes republicanos y al influyente grupo conservador Tea Party, que ha demostrado que es capaz de ilusionar al pueblo y ya sueña con hacerse con la Presidencia.