Los candidatos, cara a cara

Los dos aspirantes a la Casa Blanca miden esta noche sus fuerzas hablando de política interior

Después de meses de acusaciones y ataques públicos, y de desmentidos y contraataques inmediatos, los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos, Barack Obama y Mitt Romney, van a poder por fin decirse las cosas a la cara y tomarse el pulso en serio. Porque esta noche, en Denver, se celebrará el primero de los tres debates que pondrán frente a frente a los dos, unas citas consideradas clave, no solo porque marcan de forma definitiva la recta final de la carrera hacia las urnas el 6 de noviembre.

Por un lado, buena parte de los electores indecisos suelen forjar su decisión final sobre a quién apoyar tras estos encuentros en la pequeña pantalla en horario de máxima audiencia. Y, por otro, hacen a menudo que otros electores que tampoco tienen comprometido en firme su voto cambien de opinión según consideren quién ha salido mejor parado del duelo dialéctico.

Por eso, la de hoy es una cita en la que ninguno de los aspirantes se puede dormir en los laureles.

La delgadísima agenda de ambos en los días previos al debate contrasta fuertemente con sus normalmente sobrecargadas jornadas electorales. Algo que da fe, más que ningún otro gesto o palabra, de la importancia que ambos le conceden a su primer cara a cara en directo, encuentro para el que se han dado amplio espacio de preparación en los días anteriores, entrenando y ensayando cada gesto, palabra y mirada.

Para Romney será crucial, no solo porque es su primer enfrentamiento como candidato presidencial, sino porque se le está acabando el tiempo para convencer a los votantes de que es el aspirante adecuado para darle al país el empujón que necesita tras años de economía renqueante.

Llega a la cita con la presión extra de las encuestas, que en los últimos días han ido favoreciendo -de manera aún no irreversible, pero sí preocupante para el aspirante- a Obama, y, más inquietante aún para el equipo de campaña republicano, en los estados indecisos que definirán los comicios.

Sin embargo, el respiro de las encuestas no debe ser para el presidente más que eso, un respiro. El demócrata tiene experiencia en estos duelos -ya pasó, con nota, los de cuatro años atrás que le dieron el último empujón para llegar a la Casa Blanca- y, además, es un reconocido orador, todo lo contrario que el hierático Romney.

Pero el inquilino de la Casa Blanca puede haber perdido algo de práctica, todo lo contrario que su rival, que en los primeros meses del año participó en muchos debates en las primarias republicanas.

Además, el primer envite de los tres programados hasta la cita en las urnas el 6 de noviembre estará centrado en política interior. Es decir: economía, economía, economía… y desempleo. Y, también, su más que disputada reforma sanitaria.

Obama ha recordado una y otra vez que cuando llegó al poder hace casi cuatro años el país estaba «al borde» de una nueva Gran Depresión y que solo en su primer mes de mandato se perdieron 800.000 puestos de trabajo. Pero lo más probable es que en su cara a cara con Romney, éste le achaque que EEUU siga sin despegar de forma decisiva y que el paro continúe por encima del 8 por ciento, algo inaceptable para un aspirante presidencial.

Una de las estrategias del conservador para captar indecisos ha sido, desde la convención republicana en Tampa, Florida, a finales de agosto, dirigirse a aquellos que votaron por el demócrata en 2008 y asegurarles que no pasa nada por virar de partido, que hicieron bien en intentar el «cambio» prometido por su rival, pero que ahora ha llegado el momento de hacer una apuesta diferente.

Asimismo, se espera que exgobernador trate de poner a Obama contra las cuerdas respecto de su reforma sanitaria, que él ha prometido revocar, así como por la deuda estatal o los impuestos.

El demócrata, por su parte, deberá defender sus políticas y se espera que reitere sus acusaciones de que Romney quiere beneficiar a los ricos con los recortes de impuestos. Pero el aspirante a la reelección podría, sobre todo, aprovechar la cita para reprocharle en vivo y en directo a su rival sus palabras despectivas respecto al «47 por ciento de la población» que votan por Obama, a los que acusó de vivir del Gobierno, unas declaraciones que han hundido al conservador en las últimas semanas.