La marcha de Hong Kong acaba en un asalto popular al parlamento

La manifestación por el aniversario de la cesión británica de la isla a China acaba con cientos de jóvenes ocupando por la fuerza la sede parlamentaria de la ciudad

25
Los manifestantes realizaron numerosas pintadas en el hemiciclo.
Publicidad

La manifestación por el aniversario de la cesión británica de Hong Kong a China acabó ayer en una revuelta popular inédita en la que cientos de jóvenes entraron por la fuerza en el Parlamento de la ciudad y lo ocuparon sin que la Policía hiciese el menor acto de presencia.

Pasada la medianoche local y tras cerca de tres horas de ocupación, los manifestantes abandonaron el Parlamento una vez que confirmaron la inminente llegada de la Policía al edificio y dada la gravedad que conllevaría para ellos el ser detenidos.

Cientos de efectivos antidisturbios abandonaron finalmente a esa hora sus cuarteles en el cercano distrito de Wan Chai y se dirigieron hacia la sede legislativa desde diferentes direcciones.

Los policías emplearon entonces gases lacrimógenos y gas pimienta para disolver a grupos de cientos de personas que se concentraron en las grandes avenidas del centro de la ciudad adyacentes al Parlamento.

La manifestación había sido multitudinaria, la mayor de un 1 de julio en los 22 años transcurridos desde el traspaso de la soberanía a China por parte del Reino Unido en 1997, y reunió a 550.000 personas.

“No a la extradición a China”, “Hong Kong levántate”, se leía en muchos cárteles que portaban los manifestantes, en su gran mayoría jóvenes vestidos de negro, que recorrieron pacíficamente los cerca de 3 kilómetros que separan el Parque Victoria de la zona de Admiralty, donde se encuentra el Parlamento y la sede del Gobierno.

barreras

Al llegar a Admiralty varios cientos de manifestantes se dirigieron hacia la sede del Legislativo y allí un grupo de ellos comenzó a derribar las barreras de acero que protegían la entrada de la institución para después usarlas de ariete contra las puertas de cristal blindado de la misma.

Fue un trabajo duro. Duramente casi cinco horas los manifestantes se afanaron en forzar las puertas y destrozar los cristales, ocultos tras una nube de paraguas para no ser reconocidos.
En ningún momento las fuerzas policiales, muy criticadas por su dureza con los manifestantes en anteriores ocasiones, hicieron acto de presencia.

Finalmente, cerca de las nueve horas locales, consiguieron abrirse paso a la vez por dos puertas diferentes. Al comprobar que no había peligro pronto pasaron a ser centenares de manifestantes campando a sus anchas en la sede del legislativo, arramplando con el mobiliario, libros, cuadros, papeles y estanterías en los despachos o realizando pintadas en las paredes.

El majestuoso hemiciclo de los diputados hongkoneses tampoco se libró de la ira de los jóvenes asaltantes, que rompieron pantallas de vídeo, arrancaron cajones y llenaron de pintadas el frontispicio sobre la tribuna de oradores.

Acudieron también a la sede parlamentaria algunos diputados opositores que, aunque mostraban su rechazo a la violencia, destacaron que los manifestantes habían agotado su paciencia tras semanas de masivas protestas sin que el Gobierno local atendiese sus demandas.

“Estamos en la crisis política más grave desde el traspaso de la soberanía a China, es una situación sin retorno”, dijo el diputado independiente y activista, Eddie Chu, que expresó su temor a una intervención del Ejército chino en Hong Kong si Lam no es capaz de resolver la crisis políticamente.