Las ansias por aprender pueden llevar a alcanzar muchas metas y el joven cuellarano Jorge de las Heras es un claro ejemplo de que siempre hay que estar en movimiento y constante aprendizaje. Con solo 26 años, Jorge regenta junto a su padre las bodegas Montelaguna, en Pesquera de Duero, y ya ha creado sus propios vinos, a los que quiere dotar de una gran personalidad, la misma que denotan sus palabras. Por mera diversión, se presentó a Spanish Wine Master, un concurso creado por las bodegas Ramón Bilbao que premia los conocimientos sobre vino. Diversión o no, Jorge se encuentra entre los 10 finalistas a nivel nacional, y el día 26 pasa a la final que le puede llevar a otra internacional. Con motivo de este acontecimiento, Jorge habla en estas líneas de cómo su vida gira en torno a los aromas de la uva, y cómo vuelca ocio y negocio en el mundo vinícola.

— ¿En qué consiste el certamen Spanish Wine Master?
— Es un concurso que ha creado la marca Ramón Bilbao y está enfocado a conocimiento sobre el vino en España; buscan al que más sabe de vino entre los que están apuntados, claro, porque yo conozco gente que sabe muchísimo más que yo, pero no está apuntada. Se hizo una primera prueba test para responder 50 preguntas en media hora; ahí quedé el 18 entre 1.200. A la semifinal la pasamos 50 personas y nos mandaron cinco botellas a casa: la prueba era vía streaming y en directo. Tuvimos que responder preguntas, por ejemplo, de viñedos: averiguar la zona y denominación de origen, por la tierra, las hojas de la viña… sus características. Compartí esta fase con sumilleres de bodegas de la zona. DE las botellas tuvimos que describir su vino y responder preguntas, también culturales de la zona de cada denominación. Conseguí quedar el quinto y el lunes voy a la final; no sabemos mucho sobre la prueba , pero sí que entre el jurado estará algún “Master of Wine”, título que tienen solo 300 personas en el mundo. El concurso se hace también en otros países y se espera que el año que viene haya una final entre todos los ganadores de cada país.
Pero vamos, que yo esto lo he hecho por hobby. Me ha salido así, que he pasado dos veces, pero lo que quiero es ir a disfrutar, porque sé casi más de fuera de España que de España.

— El mundo del vino es tu negocio pero es también tu ocio.
— Sí. Al final mi vida es viajar por el mundo, ese es mi hobby. He estado en Nueva Zelanda, Australia, en marzo en EEUU, Francia, Italia… y me voy a ver bodegas. Cuando puedo, me cojo un avión y me voy a ver bodegas.
— Tu bodega viene de familia, ¿de ahí trabajo y afición?
— De familia tampoco, porque la bodega se creó en 2006. Mi padre se jugó todo a una carta porque veníamos de arruinarnos de la fábrica de muebles Las Heras, que teníamos. Mi padre decidió junto a mi abuelo meterse en una aventura nueva, plantar viñas. Al principio fue un desastre, porque no sabían nada; contrataron un asesor que ha estado ayudándonos a hacer el vino. En 2016, cuando yo terminé de estudiar un grado medio de vino, empecé a hacerlo yo en la bodega: fue mi primera añada y no tenía ni idea, porque esto son años y años de aprendizaje. Desde entonces soy el encargado de hacerlo. En 2018 me integro también a hacer otras tareas, así que soy el director de ventas, el enólogo, pero también subo al campo porque es muy importante estar en la viña. Mi padre se encarga de la gestión y la viña también.
Al final mi formación ha sido hacer vendimia fuera de España y en España, para aprender. Mi filosofía es que hay que abrir muchas botellas de vino de gente buena para aprender de otros e intentar crear grandes vinos. Lo más importante para mí es moverse y saber lo que quieres hacer para tus vinos. Al final, para que tengan una personalidad y carácter, tiene que ser así.

— ¿Cómo han evolucionado tus vinos?
— Ahora mismo tenemos 13 hectáreas de producción y trabajamos todo de manera ecológica. Ya que tenemos una finca bastante extensa de monte, queremos respetar lo máximo posible.
Cuando comencé tenía una visión más cercana al asesor con el que trabajábamos, un perfil más clásico. Mi padre hizo las categorías clásicas de ribera del Duero: roble, crianza y reserva. Pero yo eso lo estoy intentando eliminar porque no nos aportan en exceso esos estilos. En 2017 creé mi primer vino, 100% mío, se llama “Jotas”; es un homenaje familiar, a mi abuelo, que es la persona que más quería y estuvo presente en el comienzo, y a mi padre, porque gracias a él tengo lo que tengo hoy. Mi abuelo José Antonio, mi padre José Antonio, y yo Jorge, pues “Jotas”, que nos unen a los tres.
El año pasado estuve haciendo una vendimia en El Bierzo con Verónica Ortega, con una elaboración diferente a lo que se hace en Ribera del Duero. Cuando llegué dije que quería probar a hacerlo así, y probé: es un vino mucho más floral. Así nació “La Hache”, por mi apellido. Todo es homenaje a la familia. Son los dos vinos que he creado desde cero; de una hago 700 botellas, de otro 2.000, y lo vendo sin problema, intentando crecer en volumen con cabeza y con lo principal: que tenga una calidad alta. Poco a poco, moviéndome a nivel nacional y que cada vez quiero moverme más a nivel internacional, ha cambiado la bodega. De cuando me metí, que mis padres me dijeron que apostaban por mí con un “prueba y si no se alquila la bodega” (porque fueron esas palabras textuales con 18 años), a ahora con 26, hay un proyecto sólido en el que queremos plantar más viña y poco a poco crear un estilo personal. Los vinos gustan, vamos por el camino correcto. Ha habido muchas discusiones en casa, porque el estilo de vino de mi padre y el que me gusta a mí es diferente. Pero como lo que voy haciendo lo consigo vender, pues hacemos sinergia. Nos intentamos ayudar, porque el proyecto es juntos, aunque en cuanto pueda ya me ha dicho que él se jubila y yo me quedo “el marrón” (ríe).

— Están proliferando bodegas por todo el país y, en consecuencia, por la zona. ¿Salen vinos con calidad o es moda?
— En los últimos 20 años, sobre 2004 había unas 80/90 bodegas; ahora mismo estamos en 300, más o menos. Hay una tendencia nueva, que son jóvenes elaboradores (como yo). En La Rioja hay un grupo de creadores por debajo de las 50.000 botellas y eso es todo con calidad: quieren competir y diferenciarse de las grandes marcas. Pero luego hay muchas bodegas que ni son rentables, prácticamente, que se han montado porque tenían viña y han querido elaborar. Pero hay que conocer, hay que descubrir de fuera para hacer después en la bodega. Muchos también exportan los vinos y lo que pasa es que en los restaurantes siempre están las mismas referencias. No se crea marca,que eso es lo realmente complicado en el vino. En general hay muchos proyectos nuevos, como Jumilla o Bierzo, que están llegando y creo que la media de calidad sí está subiendo. Lo que pasa que España no tiene ese gran nombre como Francia o puntos de Italia.

— ¿Se busca la rentabilidad antes que la marca?
— Sí, en ciertas zonas de denominación de origen se trabaja en el concepto de volumen. Los pequeños proyectos que han querido buscar algo diferente se salen de las denominaciones de origen. Como en todo, son negocios. Pero sí hay una buena parte en que se está buscando calidad y diferencia.