Casa de huéspedes en la que se alojó Antonio Machado. 7 Archivo Academia de San Quirce. / Archivo Academia de San Quirce
Casa de huéspedes en la que se alojó Antonio Machado. 7 Archivo Academia de San Quirce. / Archivo Academia de San Quirce

Pequeños y perdidos entre viviendas de pobre y popular arquitectura, los jardines de la Casa Museo de Antonio Machado merecen estar presentes en esta antología de jardines segovianos no por su belleza o espectacularidad sino por la pequeña historia de su realización y por la memoria que guardan.

Antonio Machado llegó a la ciudad de Segovia para impartir enseñanza en la Cátedra de Francés del entonces Instituto General y Técnico, el día 25 de Noviembre de 1919.

Para que la memoria no se pierda del todo. / Archivo Academia de San Quirce
Para que la memoria no se pierda del todo. / Archivo Academia de San Quirce

Tras haberse alojado unos días en el Hotel Victoria, se trasladó a una pensión entre modesta y cutre, pues ni la poesía ni la enseñanza daban para otra cosa, localizada en la Calle de los Desamparados, tan triste como su nombre, aunque supo, era poeta, velar la realidad con emotivas palabras:

¡Blanca hospedería, / celda del viajero / con la sombra mía!
Era incómoda y tan fría, que en las crudas noches de los inviernos segovianos, don Antonio -dicho exagerando- tenía que abrir la ventana de su habitación, ¡que estaba orientada al norte!, para ver si entraba algo de calor. Pero en Segovia encontró hombres de letras con los que mantuvo animadas tertulias, artistas que inmortalizaron su efigie y un amor. Así que aguantó hasta el año 1932, cuando le fue concedido el traslado a Madrid.

Tiempo después, pasado el huracán de la guerra y sus tremendas consecuencias, algunos de los amigos que no habían desaparecido entendieron que el mejor modo de guardar la memoria de la presencia de don Antonio en la ciudad sería salvar la casa en la que había vivido. Y se embarcaron en una pequeña aventura económica que acabó con la adquisición de la pensión y que honra a quien la acometió, la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, heredera cultural de la Universidad Popular Segoviana. Quienes sacaron adelante la iniciativa están en la fotografía rodeando a Luisa Torrego, dueña de la pensión: Luis Felipe Peñalosa, Florentino Trapero, José Luis Rodríguez Escorial, Eugenio de la Torre, Mariano Grau, Joaquín Pérez Villanueva, Juan de Vera, Juan de Contreras

Busto de Antonio Machado. Escultura de Pedro Barral. Piedra. / JMS
Busto de Antonio Machado. Escultura de Pedro Barral. Piedra. / JMS

, Jesús Unturbe, Manuela Villalpando, ¿?, Juan Zuloaga y Mariano Quintanilla.

 

Todo se hizo a pasos lentos y con comedimiento. Se comenzó, año 1949, alquilando la habitación en la que se había hospedado el poeta para que no pudiera ocuparla ningún otro huésped. ¿Por qué sólo alquilarla? Porque el dinero no daba para más. Y, ¿cuál era el propósito? ¿Preparar un santuario, un museo?… No debían tenerlo muy claro pero, en cualquier caso, concluyeron que la obra que no podía faltar en aquel escenario era el busto de don Antonio esculpido por Emiliano Barral y que el poeta pagó al escultor con sonoros versos:
Y tu cincel me esculpía / en esa piedra rosada / que lleva una aurora fría / eternamente encantada…

Pero resulta que el tal busto había pasado a ser propiedad de un hermano de don Antonio, Manuel Machado, también poeta, y éste lo había donado a la Institución Fernán González, de Burgos, que lo guardaba celosamente.

Sin perder los ánimos, los académicos comisionaron a uno de ellos, Joaquín Pérez Villanueva, para que tratara con Pedro Barral, hermano de Emiliano y también escultor, la posibilidad de hacer una copia del busto, lo más exacta que pudiera. Pedro, siguiendo esas instrucciones, la hizo tan fiel que hasta puso la firma de Emiliano, hecho que ha confundido y aún confunde a muchos de cuantos la contemplan.

Como sólo tenían el busto, lo colocaron sobre la cómoda de la habitación alquilada y allí estuvo hasta 1962 cuando, tras haber negociado con la propietaria de la pensión y haber podido pagar un pedestal de piedra, tallado también por Pedro Barral, se llevó al patio delantero de la casa.

Vista reciente del jardín. / JMS
Vista reciente del jardín. / JMS

Esto iba a suponer un nuevo reto para los señores académicos. ¿No debería hacerse un jardín, aunque escueto y mínimo, que dignificase la obra escultórica? Hubo que esperar a que llegasen tiempos mejores, año 1974, y se pudiera adquirir toda la casa, incluido el patio de entrada, para convertir el deseo en realidad.

El mencionado patio era un rectángulo deformado por dos entrantes angulares situados a la derecha de la verja de acceso a la finca y a la izquierda de la puerta de la vivienda, además de tener varios chamizos utilizados como leñeras y gallinero, que hubo que ir eliminando para lograr un espacio diáfano.

Para conseguir un jardín es necesario que haya voluntad de hacerlo. Luego, según el medio y los medios, lo hecho será grande o pequeño, conseguido o desacertado, de tal estilo y con tales especies vegetales…

En este caso había intención de hacer un jardín, por modesto que fuera, y que sirviera de marco al busto, colocado ante una de las paredes del ángulo del lado izquierdo, lugar bien visible desde la calle.

Rincón del jardín, con el laurel y las dos parras. / JMS
Rincón del jardín, con el laurel y las dos parras. / JMS

El busto y un camino, primero de baldosines, luego de grandes losas de granito, han sido los elementos vertebradores de todo lo que le ha ido dando entidad: a la derecha, césped y dos parras antiguas, que se respetaron; a la izquierda un seto de aligustre, rosales, hiedra y cipreses de Arizona arropando la obra escultórica.

Pero un jardín, sin ser obra de arte efímero, no suele mantenerse mucho tiempo sin modificaciones y en el de la Casa Museo, éstas se han ido sucediendo continuamente. Para conmemorar el L Aniversario de la llegada de don Antonio a Segovia, en la pared del fondo se colocó un panel de cerámica, obra y generosa donación de Julián López Parras; los cipreses y los aligustres crecieron mucho e impedían que busto y panel pudieran verse bien; la hiedra dañaba el muro del templo al que se adhería; el césped era intransitable por los excrementos de los gatos que por allí campan en libertad… Hubo que eliminar verde.

Al presente, es un jardincito muy elemental: suelo de arena rosada, laurel de Portugal -Prunus lusitanicum- rodeando busto y pedestal, las dos viejas parras y un laurel -Laurus nobilis-, joven pero ya crecido. Hay rosales, un rincón de lirios blancos, malvas reales de sedosas flores que crecen a su antojo y Doronicum caucasicum de abundantes flores amarillas, al que hay que contener por su tendencia a expandirse.

Un jardín pequeño y “ligero”. Pensado para el poeta que confesaba sus siempre mínimas exigencias:

Yo para todo viaje / -siempre sobre la madera / de mi vagón de tercera-, / voy ligero de equipaje.
Diré que es un jardín que, a falta de muchos llamativos ornatos, anda sobrado de sentimientos, de silencios y de palabras. Estas, las de los poemas de don Antonio y las de quienes se acercan a recordar, junto a su busto, que anduvo por aquí.

Muchachos norteamericanos visitando el jardín acompañados de su profesor. / JMS
Muchachos norteamericanos visitando el jardín acompañados de su profesor. / JMS

En la parte trasera había otro patio que también pudo adquirir la Academia, esta vez pidiendo un préstamo que avalaron los académicos Antonio Ruiz y Carlos Muñoz de Pablos. Tenía en el centro una fuente de cerámica que se quitó por encontrarla poco adecuada para el lugar, un peral , una hilera de lilas bancas pegadas al muro y un castaño de Indias, que se respetaron. Quedó así un espacio para actividades culturales inigualable.

——
Supernumerario de San Quirce
porunasegoviamasverde.wordpress.com

Escenario preparado bajo el castaño de Indias.  / Academia de San Quirce
Escenario preparado bajo el castaño de Indias. / Academia de San Quirce