El mundo se toma el pulso

Gobernantes, expertos y ecologistas se citan en la capital danesa en busca de remedios contra el cambio climático.

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El mundo busca su superviviencia. Líderes políticos, científicos, expertos y decenas de ONGs toman el pulso a la Tierra en Copenhague hasta el próximo 18 de diciembre y medirán la temperatura del cambio climático para recetar remedios que palíen los efectos de las emisiones de gases de efecto invernadero. Éste es el postulado de los organizadores de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Copenhague (COP 15) a la que tienen previsto asistir unas 15.000 personas de 192 países, entre gobernantes, ministros, ecologistas y medios de comunicación.

El encuentro quiere dar una respuesta categórica a la amenaza del calentamiento global para encauzar a la humanidad hacia un crecimiento sostenible.

Así, en la cita se pedirá a las naciones desarrolladas recortar hasta 2020 sus emisiones entre el 25 y 40 por ciento por debajo de los niveles de 1990 para limitar el aumento de la temperatura a dos grados centígrados por encima de los valores de la era preindustrial.

Pese al optimismo que se intentaba insuflar a última hora, el jefe de la cumbre, Yvo de Boer, ya situaba la fecha para un acuerdo jurídicamente vinculante en junio de 2010. Esto significa que en Copenhague solo se podrán aunar voluntades políticas hacia un documento sucesor del Protocolo de Kioto de 1997, vigente para 37 Estados industrializados hasta 2012.

Para que la cita en la capital danesa sea un éxito, movimientos ecologistas piden «un acuerdo justo, vinculante y ambicioso con el compromiso de que los industrializados recorten las emisiones en un 40 por ciento hasta 2020 frente al nivel de 1990», además de poner fin a la deforestación tropical.

aportación económica. La enorme brecha entre los Estados industrializados y en desarrollo para frenar el calentamiento global y negociar una reducción de las emisiones de CO2 en la atmósfera es el principal escollo de este encuentro, aunque las cantidades multimillonarias anuales que deberían aportar las naciones ricas a las pobres para paliar las devastadoras consecuencias del calentamiento global han sido rebajadas por los expertos a 10.000 millones de dólares al año. A su vez, las zonas en desarrollo y emergentes exigen unos de 400.000 millones hasta el año 2020 para adaptarse al cambio climático y serán clave en esta cita, dado su creciente apetito por la energía en las próximas décadas.

Fuera del campo económico, la aportación del segundo país contaminante del mundo, por detrás de China, es modesta, ya que Washington se ha comprometido, en término reales, a rebajar tan solo en un cuatro por ciento sus emisiones hasta 2020, frente al nivel de 1990, según las mediciones aplicadas a los demás países industrializados. Ofreciendo un baremo distinto, Pekín ha propuesto reducir «la intensidad de la emisión de CO2» entre un 40 y 50 por ciento hasta el año 2020, frente al nivel de 2005.