50.000 civiles están atrapados en la línea de combate en Sri Lanka

Naciones Unidas intenta enviar un equipo humanitario a la zona noroeste, donde los Tigres Tamiles y el Ejército intercambian disparos. El alto el fuego entre ambos se presenta lejano

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El secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios, John Holmes, adelantó ayer que aún hay decenas de miles de civiles atrapados en la zona situada en el noreste de Sri Lanka donde permanecen acorralados los rebeldes Tigres de Liberación de la Tierra Tamil (LTTE), y señaló que todos las personas corren un riesgo «extremadamente alto».

«Allí hay al menos 50.000 civiles y posiblemente incluso más», indicó Holmes a la agencia de noticias humanitarias de Naciones Unidas, IRIN, y comentó que las dos partes aún emplean armamento pesado. «Los riesgos para estos vecinos son extremadamente altos, y ellos son nuestra preocupación principal», anotó. Para dirigir esta situación, los esfuerzos se centran en enviar un equipo humanitario a la zona de combate para evaluar la situación y que pueda llegar más ayuda.

«Tenemos un principio de acuerdo con el Gobierno de Sri Lanka, pero aún no se ha llevado a efecto», declaró Holmes. «Es necesario que se creen condiciones que lo hagan posible», añadió.

Desde el pasado 20 de abril, cerca de 140.000 civiles tamiles han huido de las principales zonas de combate en el norte, según fuentes gubernamentales, lo que deja a las agencias ceilandesas e internacionales en las zonas controladas por el Gobierno.

De acuerdo con la Oficina de la ONU para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios (OCHA), ya se han acomodado más de 80.000 desplazados internos en varios lugares, especialmente en escuelas, en los distritos de Vavuniya, Mannar y Jaffna. Sin embargo, se ha informado de enfrentamientos en la aldea de Valayanmadam, en el distrito de Mullaitivu.

A la vez que los trabajadores se enfrentan con este número creciente de desplazados, la OCHA asegura que las agencias humanitarias han recibido menos de un tercio de los 155 millones de dólares que se pidieron a la comunidad internacional en febrero para satisfacer el incremento de estos civiles que huyen del conflicto. Aunque hay bastantes alimentos, otros sectores como la sanidad, el agua y la higiene, así como el alojamiento y la educación, no cuentan con suficientes fondos.

Mientras, sobre el terreno, el Ejército ceilanés rechazó detener la ofensiva contra la guerrilla y aseguró que no dejará escapar a su líder, Vellupillai Prabhakaran, quien presuntamente se esconde entre decenas de miles de ciudadanos en un diminuto reducto guerrillero en el norte del país. «Nuestra prioridad es rescatar primero a los civiles y luego ir a por el jefe del LTTE. Sabemos que está dentro», apuntó el portavoz de las Fuerzas Armadas, Udaya Nanayakkara.

Al parecer, Prabhakaran está decidido continuar luchando «hasta el final», según manifestó un alto mando ceilanés. El brigadier Shavendra Desilva comentó que el líder radical resiste junto a su hijo, Charles Anthony, y los jefes de la inteligencia guerrillera, Pottu Aman, y de sus fuerzas navales, Soosai, en unos ocho kilómetros cuadrados de tierra aún en poder de los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil.

Un líder sanguinario y escurridizo

El rebelde Vellupillai Prabhakaran, ahora cercado por las tropas de Sri Lanka tras 26 años de lucha, es el rostro de los tamiles, un cuerpo sanguinario que llegó a tener aviación propia y patentó los ataques suicidas como arma de combate.

Héroe para sus adeptos y terrorista para el Gobierno, Prabhakaran ha liderado con mano de hierro el LTTE, un cuerpo bien entrenado y disciplinado que ha puesto en jaque durante décadas al Ejército, pero que hoy resiste con unos cientos de hombres sin importarle el sacrificio de los civiles.

Lejos queda el tiempo en que Prabhakaran llegó a controlar dos tercios de las costas y un tercio del territorio total de Sri Lanka.

Durante dos décadas y media de lucha, el tigre Prabhakaran no ha dudado en eliminar por cualquier medio cualquier atisbo de disidencia entre la comunidad tamil, y aún ahora sus hombres disparan contra la población que quiere huir de los combates.