Vasos comunicantes I 1959
“Vasos comunicantes I”, óleo de 1959.

El Museo Patio Herreriano de Valladolid se anticipa al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, con la particular visión de la mujer en la obra de la artista zamorana Delhy Tejero, considerada una de las exponentes del colectivo denominado ‘mujeres modernas'. Gracias al legado familiar, la muestra ofrece numerosos dibujos y pinturas tanto de la maternidad, concebida como una unión física entre la madre y el hijo y el de la mujer como figura telúrica, con una conexión con la tierra y la naturaleza.

La concejala de Educación y del Ayuntamiento de Valladolid, Irene Carvajal, aseguró que Delhy Tejero fue una mujer emancipada que “rompió moldes”, con la que se identifica hoy cualquier mujer. De ahí que, ante la cercanía del 8 de marzo, animara a los vallisoletanos y a sus visitantes para disfrutar de la exposición de una mujer que fue “realmente excepcional”.

Un paseo por las dos salas que componen la exposición ‘Geometría y Misterio' en el Patio Herreriano permite comprobar que Tejero (1904-1968) fue una mujer avanzada a su tiempo, que salió joven de su pueblo natal, Toro, para irse a Madrid, donde estudió en la Escuela de Artes y Oficios y la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

Su obra es tan singular y valiente como su vida. Fue una mujer que, pese a verse atrapada por la Guerra Civil española, pudo vivir de su trabajo y de su pasión. Destaca su conocimiento técnico, su mirada propia y su experimentación técnica. Todo ello, imbuido de una cosmovisión femenina. Una vida que quedó reflejada en sus numerosas obras pero también en sus diarios, espontáneos e intimistas, que permiten entender su curiosidad vital y su ambición estética.

Delhy Tejero fue una de esas singulares artistas de vanguardia que tuvieron la capacidad de deslizarse con inusitada naturalidad por los diferentes escenarios artísticos de las décadas centrales del siglo pasado.

La exposición recorre las primeras incursiones de la artista zamorana en el ámbito de la ilustración, da buena cuenta de un interés de corte antropológico por las tradiciones populares, fruto de su pasado rural. Pero su obra también estuvo marcada por los viajes a diferentes lugares como París, Italia o Marruecos que, en su momento y a la postre, se revelarían esenciales para su carrera. Todo esto ocurriría en los años anteriores a la Guerra Civil española.

Las dos salas de la muestra marcan una división aproximada entre la obra de preguerra y la de posguerra. Los años cincuenta marcan una clara nueva dirección, ya que la autora avanza hacia la abstracción tras un primer momento que tiene como protagonista la figura humana en el que ahonda en la fusión entre figuras que dan como resultado obras de gran singularidad. De la parte final de su vida son sus trabajos para murales de grandes formatos en diferentes contextos. Se muestran en esta exposición notables ejemplos de trabajos preparatorios como el que hizo para el Hotel de los Condestables en Burgos, ya que siempre mostró interés por la mural, de gran soporte. También realizó otro mural en la Tabacalera de Sevilla.