Presa de Ricobayo
Presa de Ricobayo. / DURIUSAQUAE

Los enormes diques del Duero, uno de los ríos más caudalosos del país, acumulan credenciales para convertirse en parajes turísticos al alza. Y no solo por la inigualable belleza que proyecta la simbiosis de su relieve espectacular y su nutrida representación avefaunística. Además, las presas hidroeléctricas que componen este sistema construido en la zona fronteriza de la cuenca hidrográfica del Duero, entre España y Portugal, suponen un modelo de energía renovable y limpia, una circunstancia que cautiva a todo convencido en la lucha por el respeto al medio ambiente. De hecho, más de un anunciante comprometido con la causa ha escogido este grandioso escenario para poner imagen a su mensaje. Sin ir más lejos, Peugeot o Toyota han acudido a estas pantallas de hormigón de La Almendra, que da nombre al tercer embalse más grande del país, para presentar al mundo algunos de modelos automovilísticos, dejando constancia de su interés por liderar el mercado de las tecnologías verdes.

Plató de cine

Un enclave cuyo rompedor diseño se ha transformado también en plató de cine en más de una ocasión. Las presas ejercieron esta faceta hace no mucho acogiendo la filmación de una saga hollywoodiense, ‘Terminator’. La Sexta Entrega, ‘Destino Oscuro’, irrumpía en su momento en las salas con el mítico ciborg protagonizado por Arnold Schwarzenegger dando muestra del esplendor en la gran pantalla de la presa de Aldeadávila, la de mayor producción hidroeléctrica en España, propiedad de Iberdrola.

Pero la cinta producida por James Cameron no es, ni mucho menos, la única que ha recogido el atractivo de este y otros tramos del Parque Natural Arribes del Duero. Los metrajes de los míticos títulos ‘Doctor Zhivago’ y ‘La Cabina’ dan fe de la singularidad de estas catedrales del agua y de la luz usadas también, como no podía ser de otro modo, por la propia Iberdrola, la titular, para proyectar ese espíritu vanguardista en varias filmaciones que documentan la importancia de estas estructuras que congregan, especialmente en la época veraniega, a instagramers en busca de la foto más espectacular.

Este complejo hidroeléctrico supone, sin duda, una de las señas de identidad de las provincias de Zamora y Salamanca. El fuerte desnivel y los elevados caudales, unidos a las cualidades topográficas y geológicas de la zona, convierten a este escenario en el más idóneo para construir las presas necesarias y lograr embalses con una interesante capacidad de almacenamiento. Saltos del Duero, la empresa que aporta su nombre al conjunto emplazado a su tramo fronterizo, cayó en la cuenta de esta necesidad en los albores de los años 20 tras contemplar el enorme potencial eléctrico de esta área.

Primera presa en el cauce del Duero

Fue en 1926 cuando el Gobierno aprobó la concesión global para el aprovechamiento hidroeléctrico del río Duero y sus afluentes Esla, Tormes y Huebra. Un año después se regularían las acciones en el tramo internacional con los representantes políticos lusos. La presa de Ricobayo, construida en el curso inferior del Esla, supuso, en 1929, la primera obra de este proyecto que suministró de electricidad al norte de España. La primera potencia instalada alcanzó los 100 MW, que se convirtieron en 133 algunas décadas después, concretamente, en

1947. Cinco años antes comenzaron las obras del Salto de Villalcampo, lo que supuso la primera presa instalada en el cauce del Duero, cuyo funcionamiento regular tuvo lugar en el 49, con 96 MW.

Fue poco antes, en septiembre de 1944, cuando Saltos del Duero se fusionó con Hidroléctrica Ibérica, dando lugar a Iberduero, antesala de Iberdrola, fundada en Bilbao. La nueva compañía daría luz verde dos años después al levantamiento del Salto de Castro, que produjo energía con una potencia instalada de 80 MV. Hay que recordar que para efectuar estas megaconstrucciones, la compañía creó poblados en Aldeadávila, Castro, Saucelle y Villalcampo para acoger a los obreros y a sus familias, cuyos hijos crecieron en estos bellos parajes. Al dique de Castro le siguió el Salto de Saucelle, en 1956 (240 MV) y el de Aldeadávila, que empezó a funcionar de manera habitual en 1963, doblando la capacidad de producción de Iberduero. A los 728,2 MV iniciales se sumaron 421. Estos datos la auparon al primer puesto de las centrales hidroeléctricas de mayor potencia en el continente. En la actualidad, continúa liderando el panorama hidreléctrico español con sus 1.139 MV. A Aldeadávila le tomó el relevo el Salto de Almendra-Villarino (1970).

En definitiva, la grandiosa infraestructura que conocemos hoy contempla los saltos de Aldeadávila y Saucelle sobre el río Duero y el salto de Almendra-Villarino sobre el Tormes, en la provincia de Salamanca. A estos tenemos que sumar los saltos de Ricobayo sobre el río Esla y los de Villalcampo y Castro sobre el río Duero, en la provincia de Zamora. Es vital detallar las características de cada salto para que tanto aquellos que aún no han descubierto la espectacularidad de la zona como aquellos que ya han tomado contacto en alguna ocasión con este entorno saquen partido de su visita al complejo y disfruten de un bonito paseo por los Saltos del Duero.

El origen de Iberdrola

Iniciamos el recorrido por el territorio zamorano. Concretamente, en Ricobayo (como se comentaba recientemente, el origen de Iberdrola), para cuya construcción se anegaron hasta cuatro municipios: Losacino, La Pueblica, San Pedro de la Nave y San Vicente del Barco. Se trata de una zona donde, además, los visitantes tienen la oportunidad de disfrutar de la bonita playa fluvial que adorna el pueblo del que recibe el nombre. En este escenario es posible practicar deportes náuticos en agua dulce. De hecho, supone un lugar de reunión habitual para amantes de la pesca o del windsurf. A estos y a otros visitantes curiosos les gustará saber que Ricobayo se hizo popular por su aliviadero de superficie diseñado para evacuar grandes cantidades de agua vertiéndolas directamente sobre las rocas del río.

A mediados de los años 30, unas peligrosas riadas propiciaron que el agua fracturara la roca granítica. Este siniestro produjo que fragmentos de piedra de considerables dimensiones chocaran entre ellas y con las paredes del cañón. Este hecho, que estuvo a un paso de destruir la obra, dio lugar a un agujero de 100 metros de diámetro por otros 100 de profundidad que pasó a llamarse popularmente La cazuela. Los turistas pueden ver junto a ella un monumento en honor de José Orbegozo Gorostegui, el obrero de la presa, quien cayó en una profunda depresión tras el incidente, falleciendo seis años después.

A partir de esa fecha, la compañía construyó en este enclave un laboratorio experimental en torno a la energía hidráulica de referencia mundial. Con esta desgracia comenzó a ponerse el foco de atención tanto a los aliviaderos como a las presas. Estos datos definen a esta presa,

con una altura de 70 metros y un embalse de 563 hm3, como uno de los diques emplazados en los afluentes del Duero con más importancia, pero también, con más historia.

La vista más maravillosa de Arribes del Duero

Pasamos del Esla al propio Duero. Continuamos este recorrido por el embalse de Villalcampo, que descansa junto al mirador que brinda al turista la vista más maravillosa de Arribes del Duero. Esta presa ubicada entre el pueblo de Villalcampo y Moral de Sayago posee una altura de 50 metros y una capacidad de 66 hm3. Continuando por la carretera ZA-324 alcanzaríamos la localidad lusa de Miranda do Douro. En este punto se sitúa otra presa fronteriza entre España y Portugal. Es importante saber que durante la construcción del Salto de Villalcampo, a mediados de los 40, una época repleta de penurias económicas debido a los desastres de la Guerra, se vio necesario levantar un auténtico vertedero con cuatro compuertas de 24 metros de luz y 11 de altura, las mayores del mundo en aquellos momentos. La maquinaria, no demasiado potente, empleada para la ejecución de estas obras se usó para la creación de la tercera parada de nuestro particular paseo: el Salto de Castro, denominado así por la localidad situada a cuatro kilómetros, Castro de Alcañices.

Permanecer en esta presa de 55 metros emplazada entre Fonfría y Villardiegua de la Ribera y finalizada en 1952 resulta encantador. Incluso se puede divisar su poblado fantasma, uno de los pueblos abandonados mejor conservados de la provincia, poblado que fue ocupado por los trabajadores de Iberduero, quedando abandonado en 1989 por la instalación de controles remoto. El espectador puede hacerse una idea de cómo fue su iglesia o de cómo eran las habitaciones de la hospedería, así como las casas de los obreros. Pero no es menos apasionante el trayecto hasta esta zona. De camino entre Villadepera y Pino, el viajero se ve abocado a atravesar el precioso puente de Requejo. Esta construcción que data de 1914 es más conocida como Puente Pino y en su momento fue la de mayor altura sobre río (hasta 90 metros) del país. Quienes acuden a este escenario deberían aprovechar para probar la deliciosa carne de la comarca de Aliste.

La parte salmantina del recorrido

Las siguientes paradas nos llevan a la parte salmantina del recorrido. En el Salto de Saucelle puede contemplarse lo que en su día fue otro poblado de los trabajadores; en este caso, reconvertido en un centro de turismo rural. Es interesante detenerse en este punto, puesto que otorga una de las vistas más magníficas del complejo que nos ocupa. La altura de esta presa cuyas obras echaron el cierre en 1956 es de 84 metros; su superficie es de 589 hectáreas y tiene una capacidad de 181 hm3. Desde Saucelle podemos llegar a la presa de Aldeadávila, con parada en el mirador de El Fraile. La estrechez de la subida, especialmente sinuosa, aporta singularidad a este territorio en el que divisaremos águilas, cigüeñas y buitres. Los excursionistas deben apuntar también otro mirador desde el que dejarse cautivar por impresionantes vistas: el Picón de Felipe. Todo, a la vera de una presa de 139,50 metros y 364 hectáreas de superficie enclavada en Aldeadávila de la Ribera.

Por su parte, el Salto de Almendra-Villarino, que descansa en una zona en la que el río Tormes es protagonista y en la que destacan Villarino, Pereña o Trabanca, es la presa más elevada del país, con 202 metros. De hecho, se consideró el proyecto más ambicioso de los seis que comentamos, además de un auténtico hito y genialidad en la ingeniería hidráulica internacional. Entre otras cosas, tuvieron que construirse dos inmensas moles de hormigón artificial para realizar algunas de las funciones principales. Y todo este despliegue y empeño estaba justificado. La empresa y los ingenieros trabajaron incansablemente por hallar una solución que redujera la pérdida de agua causada por la incapacidad del Salto de Ricobayo, en terreno zamorano, por retener los excedentes del río Esla.

La Central de Villarino, que cuenta con una peculiaridad, emplazarse a 15 kilómetros de la presa, es conocida también por situarse junto a uno de los embalses más extensos de España (con 8.650 hectáreas de superficie y una capacidad de 2.586 hm3). Para su construcción se anegó Argusino, un pequeño municipio de la zona. Es otro ejemplo de algunas de las villas que tuvieron que sacrificarse para que este proyecto, uno de los más reseñables de Zamora y Salamanca, saliera adelante y sea hoy uno de los reclamos turísticos más relevantes no solo de estas dos provincias, sino de Castilla y León… y con el Duero como testigo de excepción.