La leche de burra de Zamora, fuente de la eterna juventud

Ocho ganaderos zamoranos sostienen una singular cooperativa que retoma el uso de este alimento para aplicar sus propiedades a la cosmética. Los primeros 5.000 litros ya se han deshidratado para elaborar jabones, bálsamos labiales o cremas faciales

Cada vez que escuchamos ‘leche de burra‘, inmediatamente irrumpe en nuestra mente Cleopatra. La relación es instantánea, pues siempre se ha asociado a la reina del Antiguo Egipto con la sustancia de la eterna juventud; sus secretos de belleza se sustentaban en aquellos nutritivos baños de bienestar, repletos de vitamina A y de retinol.

¿Y quién ha dicho que en pleno siglo XXI no podemos recuperar las propiedades de este alimento para beneficios estéticos? Los demiurgos de esta iniciativa son ocho ganaderos zamoranos que, al mando de la particular cooperativa Buleza (Burros de Leche de Zamora) promocionan el valor de este ingrediente para diversos usos (entre ellos, el estético). El leitmotiv de esta iniciativa que partió de la Asociación del Asno Zamorano-Leonés (ASZAL) es custodiar la conservación de una raza autóctona catalogada en peligro de extinción alentada por productores procedentes de Zamora (el 80%) y de otras provincias (el porcentaje restante).

Este colectivo arrancó con el ordeño de burras en marzo de 2020, en pleno confinamiento. Una nave de ovino del municipio Torres del Carrizal, ubicado en la comarca de Tierra del Pan, fue el escenario de una extracción repartida en tres lotes con trece burras cada uno. Ese ordeño se prolongó hasta noviembre. En total, se obtuvo leche de burra de 40 ejemplares que produjeron 5.000 litros. Esta cantidad se ha deshidratado en APLTA, un centro de investigación ligado a la Universidad de Santiago de Compostela que convierte el producto en polvo para el empleo cosmético y que considera esta sustancia como similar a la leche materna humana.

Un proyecto de ordeño en fresco para elaborar derivados lácteos

Estos ganaderos zamoranos no se han ceñido a fomentar el uso de esta leche para fines estéticos. Pese a que el consumo de este alimento es meramente testimonial, los responsables de la cooperativa trabajan en un proyecto de ordeño de leche de burra en fresco para producir derivados lácteos mezclados con leche procedente de ovejas. Por ejemplo, yogur, leches fermentadas o queso prensado.

Al tratarse de una sustancia baja en grasa, con menor cantidad de proteínas que la leche de vaca y con más azúcares, se considera ideal para aquellos consumidores que desarrollan intolerancias o alergias a la proteína de la leche de vacuno. Sin duda, un alimento interesante para el mercado y necesario para la conservación de la raza.