lago de sanabria
Lago de Sanabria.

Zamora ofrece espacios idílicos en los que respirar aire puro. Acandilados, valles, balnearios, humedales, lagunas, ríos, glaciares, especies exóticas, pueblos con encanto… Los paisajes de postal que se intercalan en el territorio de la provincia parecen sacados de un cuento, pero lejos de resultar utópicos, muestran cómo es posible disfrutar de la belleza salvaje de la naturaleza sin salir de la región. Zamora forma parte del rico mapa de llanura y montaña que define a Castilla y León, una de las regiones más heterogéneas si abordamos la fauna y la flora.

En sus espacios encuentran acomodo la trucha, el águila real, pero también el lobo ibérico y las palomas. La situación geográfica de esta provincia brinda una naturaleza repleta de contrastes para disfrutar en cualquier época del año. Cada estación regala un matiz diferente, motivo por el que los turistas pueden repetir visita en diversas estaciones, contemplando en cada momento un escenario aparentemente distinto.

Desde el archiconocido y aplaudido Lago de Sanabria hasta los imponentes cañones de los Arribes del Duero, pasando por la belleza alada y migratoria de las Lagunas de Villafáfila y, por supuesto, por el exotismo de la fauna de la Sierra de la Culebra. Es, a grandes rasgos, la radiografía de los llamativos y valorados cuatro Espacios Naturales de la provincia. Aunque existen otros rincones de ensueño no tan laureados, pero igualmente representativos de la hermosura de estas tierras. Ahí tenemos el patrimonio histórico de Benavente, localidad atravesada por el río Órbigo.

La omnipresencia del Duero

Mientras sus aguas riegan su potente monumentalidad, a orillas del río Esla destaca Granja de Moreruela, conocida también por el famoso Abrigo del Portalón, un conjunto valioso de pinturas prehistóricas esquemáticas. No podíamos pasar por alto el Duero, que además de engalanar la capital, hace lo propio con otra de las localidades más representativas de la provincia, Toro, también conocida por sus viñedos, otro de los símbolos de esta tierra aplaudidos por los interesados en descubrirla.

Sus prestigiosos vinos dan lustre a una villa cuya belleza es comparable a otras localidades como Galende, adornada con un hermoso molino junto al río. A los pies de las montañas de las sierras Segundera y Cabrera se halla este escenario rodeado de espectaculares manantiales. La lista de municipios imperdibles continúa con Fermoselle, escoltado por el Duero y por el Tormes. A la vera de uno de los parajes más bellos del país, el Parque Natural Arribes del Duero, esta villa sobresale por sus históricas bodegas o por las ruinas de su castillo de Doña Urraca. También imprescindibles son sus miradores. Entre ellos, el de Torrejón o el de Los Barrancos.

Valparaíso, con su embalse; Tábara, con su precioso valle; o Villalpando, en el Valle de Valderaduey, son otras de las localidades más aplaudidas por los turistas que desean conocer las joyas naturales y monumentales que salpican la provincia. Volvemos a los Espacios Naturales mencionados con anterioridad para detallar las particularidades de estas cuatro paradas destacadas en tierras zamoranas. Iniciamos el camino

en el noroeste, en la comarca de Sanabria. Aquí se asienta el Parque Natural del Lago, un maravilloso entorno que supera las 23.000 hectáreas. Conserva alrededor de 30 lagunas glaciares que por su difícil acceso han permanecido ajenas e inmunes a la alteración por la mano del hombre. Esta es una de las características del lugar que más asombran a cuantos le rinden visita.

El Lago de Sanabria es la masa de agua que da nombre a este espacio protegido, lo que se justifica por la riqueza de sus paisajes y por sus dimensiones, que alcanzan una longitud máxima de 3.178 metros, una anchura de 1.590 y una superficie de casi 320 hectáreas. En este espacio sobrevuela un total de 142 tipos de aves y 41 especies de mamíferos.

Pasamos a la Sierra de la Culebra, conocida así por su relieve. Sus formas ondulantes recuerdan al reptil que le da nombre. Su altura más elevada, en Peña Mira, alcanza los 1.243 metros. Se trata de un lugar en el que se intercalan los pinos con los robles, los castaños y los melojos. Es, además, un escenario ideal para observar las aves y el lugar por excelencia del lobo ibérico. También, el del ciervo, que protagoniza las conocidas berreas con sus particulares bramidos en otoño.

Otro de los Espacios Naturales más reconocidos es el Parque Natural de los Arribes del Duero. Hablamos de más de 106.000 hectáreas compartidas con la vecina Salamanca. En este entorno que hace frontera con Portugal pasa el Duero, cuyas aguas han esculpido un cañón de 200 metros de profundidad y 80 kilómetros de longitud. Planeando entre los acantilados pueden contemplarse águilas reales, águilas negras, las culebreras o los búhos reales.

Entre cereales y palomares

El último de los Espacios Naturales que figuran en la provincia zamorana son las mencionadas Lagunas de Villafáfila. En plena Tierra de Campos, entre cereales y numerosos palomares, se ubica esta bonita área que contiene uno de los humedales más reseñables de los que dispone la península. Su orografía es plana, por eso es posible contemplar bellos horizontes en sus más de 32.000 hectáreas. Los atardeceres de otoño aumentan el encanto de las visitas en este relevante enclave para las aves acuáticas.

El ánade real es la especie más numerosa, aunque también es posible toparse con garzas reales o con cigüeñas blancas, entre otras. De todos modos, la avutarda es la reina de la reserva, que cuenta con la mayor población estable de esta especie de todo el continente.

Estos son solo algunos de los ejemplos que demuestran la singularidad del paisaje zamorano, un escenario repleto de contrastes.