villalar Eduardo Margareto
Los asistentes cubrieron de flores el monolito de los comuneros. / ICAL

Por segundo año consecutivo la pandemia de la Covid vació ayer las calles y sobre todo la campa del histórico municipio vallisoletano de Villalar de los Comuneros, que vio cómo las circunstancias arrugaron la fiesta popular del Día de Castilla y León y también la conmemoración del V Centenario de la Batalla de la que toma su nombre y que recuerda a los decapitados Bravo, Padilla y Maldonado.

En esta ocasión, según informaba la Agencia Efe, los actos institucionales organizados por la Fundación Castilla y León, con la presencia del presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, que estrenó cargo en estas lides, y del presidente de las Cortes, Luis Fuentes, trataron de compensar el vacío que dejaron las miles de personas que tradicionalmente acuden a pasar el 23 de abril a Villalar.

La prevención de los contagios marcó la jornada, que también retomó algunas de las ofrendas florales que suelen generar un considerable trajín de personas en torno al monolito que recuerda a los Comuneros en la plaza de Villalar, en este año con un recuerdo a los regidores de este municipio.

A primera hora del día, en el cercano municipio de Peñaflor de Hornija, donde inició un recorrido por varios de los escenarios que marcaron las últimas horas y días de los comuneros hace ahora 500 años, el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, apeló al “orgullo” que una mirada al pasado tiene que dar para “proyectar hacia el futuro” de una Comunidad que “ha contribuido decisivamente en la construcción” de España como país.

Mañueco llamó a promover en el futuro “la libertad, la igualdad y la solidaridad”, en un momento en el que hay que sentir “orgullo” por los habitantes de la Comunidad “en situaciones tan adversas” como consecuencia de la crisis del coronavirus. “Hoy más que nunca tiene que ser el día del orgullo de las mujeres y hombres de Castilla y León. De quienes están dando batalla en el ámbito sanitario, o trabajando en el ámbito del campo, de la industria o del sector servicios”, proclamó el presidente, quien destacó la “responsabilidad” de cada persona en construir la Comunidad.

En la misma línea, el presidente de las Cortes, Luis Fuentes, pidió seguir los valores de “justicia, igualdad y libertad” que dejaron los comuneros, “aquellos hombres adelantados a su tiempo”, cuya labor consideró importante en las Constituciones posteriores de todo el mundo.

Por su parte, el socialista Luis Tudanca se propuso llevar a las instituciones los ideales del movimiento comunero por las libertades, por la justicia social, por la igualdad y por la descentralización del poder y defenderlos de quienes “lo quieren destruir”.
Los sindicatos UGT y CCOO reivindicaron una Comunidad “más justa y solidaria”, en un momento marcado por la pandemia de la Covid que afecta al empleo y la economía autonómica.

En un comunicado, ambos sindicatos lamentaron que la crisis haya profundizado los “desequilibrios endémicos que sufre Castilla y León”, como los territoriales que “no se solucionan”, los económicos que “acrecientan la brecha entre espacios potencialmente punteros y otros que subsisten casi en la marginación” y los desequilibrios sociales, “agrandados por las restricciones sanitarias”.

La prohibición de entrar con el vehículo a Villalar de los Comuneros se mantuvo como otros años, pero esta vez no fue para controlar a las miles y miles de personas que suelen acudir a la conmemoración, sino más bien para garantizar que no se sobrepasara el aforo de cara a poder guardar la distancia interpersonal y evitar contagios.

Ante una campa vacía de carpas, de música y de reclamos sociales, los asistentes a Villalar en el V Centenario comunero pasearon por las calles de un pueblo repleto de pancartas reivindicativas y de balcones engalanados con escudos y blasones. “Nosotros somos del pueblo y nos da pena que no esté lleno como siempre, pero seguro que el año que viene podrán volver”, relató un vecino reunido junto a los amigos mientras se dirigían al Monolito a los Comuneros, con el pañuelo morado al cuello que ayer formaba parte del uniforme de todos.

Cinco mesas en la terraza del bar, todas ocupadas, aunque más separadas para respetar las normas sanitarias impuestas para frenar los contagios, y que provocaron grandes pérdidas a una hostelería que marca en su calendario días como este para llenar la caja. “Aforo máximo 42 personas”, se podía leer en un improvisado cartel a la puerta de un bar de Villalar.