El Padre José Domingo Agüero


Un Claretiano segoviano pionero en Brasil


En plena década de los 60 del siglo XIX se produce en España una crisis financiera durante el año 1866 seguida de una grave crisis de subsistencia en 1867 y 1868, motivada por las malas cosechas de esos años y acrecentada por la falta de reservas de las que poder echar mano debido a las exportaciones, sobre todo a Cuba, Francia e Inglaterra. Esto originó que el precio del trigo subiese entre 1867 y 1868 alrededor de un 40%.

Los afectados por esta crisis de subsistencia fueron principalmente las clases populares debido a la escasez y carestía de productos básicos como el pan. Esto llevó a un gran descontento popular con los gobernantes y evidentemente con la Monarquía de Isabel II, que con motivo de la llamada Revolución de 1868 también conocida como “La Gloriosa” se vio obligada a abandonar España el 30 de septiembre del mismo año con destino a Francia, acompañada por su confesor personal Antonio María Claret, fundador de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María en 1849 y legalizada en 1859 por el gobierno de la Unión Liberal presidido por el general O’Donnell.

Primera expedición en Brasil
Primera expedición en Brasil

En este contexto nace en Aldeanueva del Codonal, pueblo de la provincia y diócesis de Segovia el 24 de febrero de 1865, el que en el transcurrir de los años sería el Padre José Domingo Agüero, en el seno de una humilde familia de jornaleros, siendo él el mayor de tres hermanos, que a muy temprana edad quedaron huérfanos de padre. Sus hermanos Josefa nacida en 1870 y Fermín en 1875, terminaron por trasladarse al pueblo de Nava de la Asunción donde Josefa casó con un modesto labrador y Fermín pasó a ser Guardia Civil.

El Padre José comenzó sus estudios en el pueblo natal y con motivo de unas celebres Misiones que dieron por estos pueblos los padres Claretianos decidió ingresar en el Postulantado de Segovia el 9 de Julio 1876 con apenas 11 años, siendo el primer postulante en entrar en la casa de Segovia, la cual había sido fundada en 1861 y en 1876 se le concedió ser el primer Postulantado de la Congregación. Días después sería acompañado de Mariano Fernández y Julián Yagüe ambos naturales de la cercana localidad de Bernardos. En el curso siguiente también le acompañará Eusebio Sacristán Villanueva, natural de la misma localidad que los dos anteriores y que pasarían muchos años y horas de trabajo juntos en su larga estancia en Brasil.

Aquí recibió los primeros estudios de Latín y Humanidades y donde se fue formando su espíritu religioso, ya que con 16 años recién cumplidos emitió los tres votos perpetuos (pobreza, obediencia y castidad) así como el juramento de permanencia en la Congregación, el 2 de abril de 1881.

Tras años de formación eclesiástica y profesar el Padre José pasó a ejercer los cargos de auxiliar y profesor en el Colegio Claretiano de Barbastro, durante un breve periodo de tiempo ya que su misión en este mundo era la de dedicarse a ejercer de misionero, carrera que no abandonaría durante toda su existencia.

En mayo de 1894 el Sr. D. Joaquín Arcoverde Albuquerque, Obispo auxiliar del Obispo de Sao Paulo viajó a Roma y trató con el Cardenal Rampolla la necesidad de enviar a tierras brasileñas a algún grupo de Misioneros Claretianos. Asimismo, en el mes de agosto viajó a España para entrevistarse con el Padre General de los Claretianos ante el que insistió en la necesidad de enviar a Brasil un grupo de Misioneros pues eran muchas las necesidades que allí existían. Al año de esta entrevista, el Padre Arcoverde, se comprometió a reunir fondos para construir una Casa–Misión y una Iglesia en Sao Paulo, así como a el envío de 10.000 francos para el viaje de los Misioneros.

El 18 de octubre de 1895 terminados los preparativos del viaje se acordó que las personas destinadas a aquella lejana misión serian seis Padres y cuatro Hermanos. Este grupo estuvo formado por el Padre Raimundo Genover Carreras, como Padre Superior; el Padre Eusebio Sacristán Villanueva, como 1º Consejero por su experiencia en las Misiones de Fernando Poo; el Padre José Domingo Agüero, como 2º Consejero; el Padre Rafael Fernández, como Ecónomo y los Padres Geraldo Palomeras Font y Lorenzo Playán, como Predicadores. Los Hermanos fueron Raimundo Ramón, José Rosset, Vladimiro Dueñas y Jaime Rovira.

Coincidiendo con el 25º aniversario de la muerte del fundador de la orden, el 24 de octubre se embarcaron todos ellos, en el puerto de Barcelona, en el vapor francés Bearu de la Societé Generale des Transportes maritimes, y zarparon el sábado 26. En su largo viaje pasaron por Funchal en la isla de Madeira e hicieron escala en Dakar antes de comenzar la travesía del Océano que fue muy tranquila en comparación con las etapas anteriores. El 15 de noviembre avistaron las costas brasileñas a la altura de Cabofrío y bordeando la costa llegaron a la bahía de Santos al amanecer del día 19 donde pisaron tierras brasileñas por primera vez. Ya por la tarde del mismo día emprendieron el camino de Sao Paulo en un tren funicular para superar los 800 metros de desnivel existentes.

A pesar de la buena acogida, entre las autoridades eclesiásticas y la población, para con los Misioneros estos tuvieron que luchar a los comienzos de la fundación con algunas dificultades que los pusieron a prueba, tales como la alimentación, los usos y costumbres, así como la población, que acababa de dejar atrás tres siglos de esclavitud. Pero la mayor de las dificultades con que se encontraron fue la diferencia del idioma, aun habiéndose preparado de antemano antes de embarcar con rumbo a Brasil y practicado en el viaje los rudimentos más indispensables de la lengua de Camõens. En esta situación de dificultades el Padre Genover tomó la iniciativa y comenzó a predicar al pueblo aprovechando la cercanía de la Navidad y seguidamente lo hicieron los demás componentes del grupo, evidentemente entre ellos el Padre José que comenzó ejerciendo el ministerio en el Hospital de Sao Paulo.

Una vez dado este primer paso comenzaron a ocuparse de las tareas propias de los Misioneros tanto en la propia ciudad de Sao Paulo como fuera de la capital y según iba avanzando el año 1896 comenzaron a salir de Misiones a otras ciudades no muy lejanas de la Casa–Misión que fue inaugurada el 6 de enero de 1897 en la Rua Jaguarí, 53 de Sao Paulo. Al año siguiente fueron aún mayores las tareas de estos Misioneros ya que las misiones de este país se diferencian bastante de las que se predica en España puesto que la mayor parte de la población no vive en ciudades o pueblos sino en lo que allí llaman “Sitios”, es decir, unas casas hechas de caña y barro, situadas en los bosques a orillas de algún camino y en ocasiones de algún río, y junto a algún campo de cultivo para sacar de ellos su alimento. Estas casuchas de barro no podían construirse de otros materiales más duraderos ya que los dueños de las tierras lo tenían prohibido desde la abolición de la esclavitud, en 1888 a partir de la conocida ley Aurea, como muy bien narra en su novela “Arado torcido” la escritora brasileña Itamar Vieira Junior.

Los Padres Claretianos en Segovia en sus primeros comienzos.
Los Padres Claretianos en Segovia en sus primeros comienzos.

Otra de las dificultades que observó el Padre José fue la de decir Misa y oficiar otros cultos en estos lugares tan desolados ya que no había dónde hallar los alimentos y utensilios necesarios para el culto (vino, hostias, santos oleos, aguas vendita, …). Para obviar este inconveniente se decidió que los propios Padres que fuesen a las Misiones deberían llevar todo lo necesario en sus maletas de viaje. Uno de estos lugares tan desolados y lejanos fue el Estado de Ceará a casi 3000 Km de Sao Paulo a donde fue enviado el Padre José por ser uno de los mejor preparados para ejercer las Misiones.

A finales de 1898 con gran alegría ya pudieron los Padres oficiar Misa en la Iglesia del Inmaculado Corazón de María, aun no estando terminada. No obstante, esta alegría no era tal ya que según el Padre Genover no podían seguir con sus Misiones en tan gran penuria económica en que vivían, pues apenas recibían ayuda y la limosna que obtenían espontáneamente no les llegaba para las mínimas necesidades vitales. Esta queja llegó al Sr Obispo y este decidió dar una cantidad para terminar las obras de la Iglesia y para la vida de los Misioneros. El trabajo realizado por el Padre José y sus compañeros no pasó inadvertido y otros Estados de Brasil pidieron ayuda al Padre Superior para crear nuevas fundaciones.
La creación de estas nuevas fundaciones comenzó con la de Campinas, a unos 95 Km de la Casa-Misión de Sao Paulo, en el mismo estado de Sao Paulo en el año 1899 con el Padre Eusebio Sacristán, como Padre superior, acompañado del Padre Lorenzo Playán, procedente de la primera expedición. No obstante, en Campiñas ya estuvo en 1897 el Padre José al frente de las Misiones que se realizaron en dicha ciudad con las cuales prepararon el terreno para la fundación de la nueva Casa–Misión después de haber pasado por Guarulhos a unos 20 Km de Sao Paulo.

Este proceso de nuevas fundaciones no paraba de crecer ya que dos años después a finales de 1901 se llama al Padre José, que seguía ejerciendo las Misiones en Ceará, para la creación de la Comunidad Misionera de Pouso Alegre en el estado de Minas Gerais, distante unos 250 Km de Sao Paulo. Al frente de ella estuvo el Padre José, como Padre superior, junto con el Padre Francisco Ozamis Corta, como primer asesor, recién llegado en la segunda expedición al Brasil del año 1900. En calidad de segundo asesor estaba el Padre Raimundo Torres Vicente que falleció tempranamente a los 38 años de edad. Finalmente les acompañaba el Hermano Gabriel Mayor en funciones auxiliares. Posteriormente se unieron a este grupo otros dos Padres, uno de ellos como Ecónomo y el otro ejerciendo de Bibliotecario; además de un Hermano para ejercer las funciones de Sacristán y Portero.

A este grupo de misioneros además de su labor pastoral también se le asigno la formación espiritual de los alumnos del Seminario Diocesano y más tarde por mediación del Padre Genover se les concedió el derecho de oficiar las confesiones de los seminaristas. También tuvieron que hacer frente a las obras de la Casa–Misión y de la Iglesia inaugurada tres años después, el 7 de diciembre de 1904.

Casa-Misión e Iglesia del Inmaculado Corazón de María en Sao Paulo.
Casa-Misión e Iglesia del Inmaculado Corazón de María en Sao Paulo.

Los trabajos encomendados al Padre José no paraban y no tenía un minuto de descanso ya que una vez asentada la Comunidad en Pouso Alegre, después de un periodo de cuatro años, se le encomendó la fundación de la Comunidad Misionera en Curitiba, en el estado de Paraná, a unos 400 km de Sao Paulo. Previamente en 1905 el Padre Geraldo Palomera comienza los preparativos para la fundación de esta nueva Comunidad, y en el mes de junio de 1906 se constituye la Comunidad Misionera bajo el mandato del Padre José con el Padre Geraldo Palomera, componente de la primera expedición, como asesor suyo y con la ayuda de los Padres Martín Maiztegui, Joao Sadurní Mercader y Valdomiro Dueñas, este último también procedente de la primera expedición. En un primer momento tuvieron que residir en la conocida Colonia de Agua Verde hasta que se construyese la Casa–Misión en la Rua Ivaí en el perímetro urbano de la capital paranaense y cuatro años después se inauguró el primer Santuario en Curitiba que pronto quedaría pequeño, proyectándose en 1918 una nueva Iglesia que finalmente fue inaugurada en diciembre de1922, año en el cual también se crea la Comunidad Misionera de Guarulhos al frente de la que también estuvo el Padre José. Durante su estancia en Curitiba tuvo que hacer frente a otro gran reto ya que en 1872 se estableció en la región una gran colonia de agricultores italianos dando origen a nuevos barrios en la ciudad, entre los cuales se encontraba el de Agua Verde, y por lo tanto una de sus ocupaciones principales fue la de atender las necesidades espirituales de los colonos allí existente, para lo cual fue necesario que pacientemente aprendiera el idioma italiano. Este reto tuvo su recompensa espiritual ya que le fue reconocida su ingente labor por el Nuncio de Su Santidad, D. Julio Tonti, en su visita a la Comunidad.

Una vez cimentada la Congregación en Curitiba el Padre José fue llamado a Sao Paulo para ejercer altas responsabilidades como Asesor y Secretario de los nuevos gobiernos Cuasi-Provinciales de Brasil, al separarse la Cuasi-provincia de Brasil-Argentina, presididos por los Padres Raimundo Genover y Florentino Simón durante dos sexenios respectivamente, responsabilidades que ejerció hasta 1928 año en el que volvió a tomar el gobierno de la Casa-Misión de Pouso Alegre, en el mes de febrero.
Poco tiempo estuvo al frente de este último mandato ya que enfermó gravemente de un cáncer de colon y fue necesario su traslado a Sao Paulo donde, tras tantos años de evangelización y trabajos agotadores e incesantes en aquellas lejanas tierras, el Padre José Domingo Agüero fallecía el 18 de agosto de 1930 a la edad de 65 años.
Para finalizar recogemos la impresión que dejó su figura en los Padres Claretianos de Brasil a su fallecimiento:
“El Padre José era una persona de carácter franco, dócil y jovial…………

Su acción suave y bien hecha se sintió sobre todo en las Casas de Sao Paulo, Campinas, Pouso Alegre y Guarulhos……………

Donde demostró su carácter emprendedor fue en las fundaciones de Pouso Alegre y Curitiba. En el primer caso con la fuerza y el entusiasmo de su juventud, comenzó y terminó en apenas ocho meses el actual santuario…………

Era de temperamento nervioso. Su voz era clara y con sus gestos expresaba con naturalidad y facilidad las cosa que eran difíciles de explicar. En todo su exterior llevaba una inocencia casi angelical que, junto con su manera suave y gentil de hablar, cautivó la atención de sus públicos y los motivó a la práctica de las virtudes”.