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El general jefe de la Cuarta Subinspección General del Ejército y comandante militar de Valladolid y Palencia, José Rivas Moriana, ha reivindicado el “amor por la Patria” y ha apelado a la unidad con la puesta en valor de la herencia de “aquellos cuya determinación les llevo a unir, con una sola voluntad, los territorios de España”.

Así lo expresó ayer en su discurso durante la celebración de los actos en honor a María Inmaculada, patrona de España, del Arma de Infantería, del Cuerpo Jurídico Militar y del Cuerpo de Capellanes Castrenses, que se desarrolló en el patio principal del Palacio Real de Valladolid y al que asistieron numerosas autoridades civiles y militares.

Rivas Moriana, que presidió el acto, hizo referencia al milagro de Empel, origen del patronazgo de María Inmaculada, y ha exhortado a todos los asistentes a continuar con su trabajo con “amor a la Patria”, el “bien superior que une, representa y pertenece al conjunto del pueblo español”.

Así, llamó a “subordinar las ambiciones” y entregar “sin reservas” las energías para garantizar la misión que “atribuye la Constitución” y que se ha heredado de “aquellos cuya determinación les llevo a unir, con una sola voluntad, los territorios de España”.

Este amor a la Patria es uno de los valores que ha servido para “imprimir carácter” a los soldados españoles, junto a los otros valores de “austeridad, estoicismo y una sólida moral”, como ha subrayado el general, en declaraciones recogidas por Europa Press.

En León

Por su parte, el alcalde de León, José Antonio Díez, presidió la tradicional procesión de la Corporación al Convento de las Madres Concepcionistas, una tradición netamente leonesa que se celebra ininterrumpidamente desde el año 1656.

El regidor destacó la pervivencia de esta ceremonia, que lleva a los ediles hasta el convento de la Calle San Francisco, donde se celebró la Eucaristía solemne. La costumbre, según destacan en el establecimiento religioso, comenzó a mediados del Siglo XVII cuando el corregidor y los regidores –ahora alcalde y concejales– acudían al convento, titular en la ciudad de la Virgen Purísima.

Desde 1656 nunca el Consistorio ha dejado de rendir tributo en el Voto a la Inmaculada Concepción desde el acuerdo firmado en el libro de actas municipales que se conserva en el Archivo Histórico Municipal y que está datado en el 24 de octubre de 1657. El cenobio, como explica el cronista oficial de la ciudad, se había fundado prácticamente un siglo y medio antes, en 1516, por la Leonor de Quiñones, hija de los Conde de Luna.

En noviembre, como es preceptivo, la abadesa cursó protocolaria invitación al alcalde para que aprobara esta presencia de la Corporación en el Convento que se ha plasmado con la Eucaristía a las 11.00 horas en la que Díez leyó la primera lectura. Posteriormente, en el exterior, se cantó la Salve a la Virgen junto a la hornacina ubicada en la Plaza Mayor.

El milagro de Empel: el Tercio Viejo de Zamora

En 1585 el Tercio Viejo de Zamora logró, con la ayuda de la meteorología, esquivar la derrota y tal vez su destrucción en el monte de Empel, un hecho que fue calificado de milagro por los que lo vivieron y que es el responsable de que la Inmaculada Concepción sea la patrona de la Infantería española.

En medio de la Guerra de los Ochenta Años –como se conoce a la sucesión de contiendas que comenzaron con la rebelión holandesa de 1568 y concluyeron con la independencia de los Países Bajos en la Paz de Westfalia de 1648– este Tercio, liderado por el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla, combatía en la isla de Bommel, entre los ríos Mosa y Waal, cuando se vio bloqueado por la flota enemiga.

Ante la oferta de rendición planteada por los holandeses, los soldados españoles respondieron que preferían “la muerte a la deshonra” y que ya hablarían de capitulación “después de muertos”.

Como reacción, los primeros decidieron abrir los diques del río Mosa e inundar el campamento hispano, lo que obligó a los 5.000 hombres de Bobadilla a refugiarse en la zona más elevada de Empel. Según las crónicas de entonces, el 7 de diciembre 1585, víspera de la Inmaculada Concepción, en medio de esta desfavorable situación, un soldado encontró una tabla flamenca con la imagen de la virgen, la cual fue colocada en un improvisado altar. A ella se encomendaron los españoles.

Los vientos helados que azotaron la isla durante la noche congelaron las aguas que cercaban al Tercio Viejo de Zamora, lo que permitió a sus integrantes marchar a pie sobre el hielo y atacar por sorpresa a los holandeses, que se vieron obligados a retirarse y llegaron a afirmar que “tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro”.