Mientras los jóvenes pierden la brújula -y la dignidad- por ver inyectar líquido pestoso en una bola de queso crudo o ven rebozar un conglomerado de pasta en queso, gente de un tiempo normal, que vio crecer el credo rural, pone otro aspa en el calendario al paso de días que parecen no tener fin y lamenta, con los pies en el suelo y cordura de persona realista, la no celebración de la mayor herencia social del pueblo español para el mundo. La ’Españita’ que reza Chapu Apaolaza en cada ‘Cuaderno de notas’.

2021 y no hay Carnaval del Toro. Ciudad Rodrigo pone una vela más en ‘stand by’ en aras de una normalidad que vuelva a tronar cada tiempo de disfraz. No es una ficción de Netflix: son murallas que dan bienvenidas a forasteros y universales maletillas. Charangas que prenden jarana y pañuelos que visten de naranja. Son calles que huelen a bravo y almuerzos de farinato que se empalman con un chato de dos dedos de hielo en El Patio.

Un ‘campanazo’ sin la plaza agitada no es más que una espera hacia un ojalá. Tiempos mejores que desprenden un ‘volveremos’, mientras el bolsín suma ilusión entre los jóvenes del toreo y el Toro del Antruejo gana en hechuras para lucir integridad y una verdad que cada año encandila al planeta taurino, que no entiende de distintas nacionalidades. Lejano queda aquel Carnaval de 2020 que prologó algún caso por coronavirus, a la vez que acercó una rutina que nunca nadie pensó que se instalaría en el día a día y que se llevaría tantas cosas.

Ahora que los Morante, Juli o Manzanares habían conocido la Ciudad del Toro… “Ahora que todos los cuentos, parecen el cuento de nunca empezar”, que decía JoaquínSabina. Pero Ciudad Rodrigo es volver cada año y esa muralla tiene un fortín de esperanza. Como cada año -en los últimos-, Ciudad Rodrigo, en la vuelta a su esplendor, volverá a dar el debut de algún novillero; y más aún cuando las miradas apuntan a un tal Marco Pérez, que ya ha encandilado a más de uno con su valor y finas maneras -aún sin iniciar su de trayectoria-.

La espera más larga sigue sin tener fecha de caducidad, pero el ‘crono’ continúa descontando albero. Y ya queda menos. Que el naranja vuelva a teñir a la plaza de Ciudad Rodrigo en 2022 y los globos al aire pongan en relieve la realidad. Por un carnaval sin disfraz de 2020. ¡Volveremos!