Una victoria para creer en la remontada

Un gol de Fran Dorado, y un partido defensivamente muy correcto de la Segoviana le dio los tres puntos frente a un Mirandés al que le acabaron pesando sus esfuerzos en la Copa del Rey.

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En fútbol, a veces, el pez chico se come al grande. Que se lo digan al Mirandés. Así terminaba quien esto escribe la previa del encuentro que en la tarde de ayer disputaron el conjunto azulgrana (600.000 euros de presupuesto, y antepenúltimo de la clasificación), y el líder del grupo II de la Segunda División B (1.200.000 euros de presupuesto y semifinalista de la Copa del Rey), que en el campo de La Albuera tuvo que doblar la rodilla ante un rival que no hizo ni más ni menos que lo que hace cualquier equipo de Segunda B, a saber, defender mucho, equivocarse poco, y aprovechar alguna de las escasísimas ocasiones de gol que se crean.

La expectación mediática que arrastra el conjunto rojillo se evidenció en la grada, llena de aficionados deseosos de ver al equipo de moda del fútbol español, que saltó al campo entre aplausos. Casi los mismos que se llevó una Segoviana que, esta vez sí, encontró en la grada bastantes más apoyos que críticas. Así suele ser algo más sencillo jugar.

El conjunto azulgrana jugó los primeros cuarenta y cinco minutos con el lógico respeto hacia el líder, y con el (también lógico) miedo a que le sucediera lo que le pasó en Ponferrada, que el equipo se descosiera por el centro, y empezara a encajar goles. Por su parte, el Mirandés asumió el papel de grande, adelantando sus líneas y presionando con insistencia la salida del balón local. El derroche físico del conjunto rojillo hacía pensar que venía concentrado en resolver el partido por la vía rápida, pero su falta de claridad con el balón en los pies ponía en evidencia que lo que Miguel Rodrigo llamó “la aproximación mental al partido” no había sido la mejor. Algo lógico teniendo en cuenta lo que se le viene encima.

Por ello la Segoviana vivió de manera casi plácida los primeros cuarenta y cinco minutos. Y digo “casi”, porque la defensa y Durán siguieron empeñados en poner el corazón en un puño a los aficionados en cada cesión al guardameta, que hubo muchas en la primera parte, y porque el visitante Barahona lanzó al muñeco en la mejor (y casi única) opción rojilla antes del descanso. El resto del choque discurrió entre algunos “uys” en cada acercamiento, otros “ays” en cada balón controlado por Pablo o Chema con los delanteros rivales presionando… y poco más.

Superados sus miedos del primer tiempo, la Segoviana comenzó el segundo período mucho más ambiciosa. Ricardo avisó en el primer minuto de la reanudación con un remate en semifallo (o fallo entero) dentro del área grande que recogió Adrián Murcia, poco antes de que Rubén gozara de la oportunidad más clara del partido, tras un centro de Fran y una dejada de Cajoto que dejó al segoviano con la opción más clara de remate de los últimos 20 partidos. El cabezazo de Rubén parecía gol, pero Adrián llegó para rechazar el esférico, y el posterior despeje de un defensor que rebotó en Pino, llevó el balón por encima del larguero.

La clarísima ocasión azulgrana espoleó al Mirandés, que en un plis plas pasó a dominar el partido, con Borrell fallando una buena oportunidad por su mal control con el pecho. El partido parecía entrar en una dinámica de dominio visitante, hasta que Durán se hizo con un balón tras una falta lateral, y lanzó rápido para Fran Dorado, que le ganó a Ernesto en el cuerpo a cuerpo, y elevó el esférico por encima del portero, llevando el 1-0 al marcador, y el delirio a la grada.

Faltaba media hora para el final del choque, tiempo más que suficiente para que el sufrimiento se tornara en agonía a cada acercamiento del Mirandés al área de Durán. Nacho Garro remató fuera un saque de falta, y medio minutos después Barahona se empeñó en fallar lo infallable solo en el área pequeña tras un gran envío de Lambarri. La afición sacaba fuera sus demonios tomándola con el juez de línea, empeñado en ver fuera de juego en todos los lanzamientos en largo de los locales, y se mordía las uñas en cada balón colgado al área de los locales.

A seis minutos para la conclusión, Pablo Infante cogió el balón en la frontal para ejecutar el lanzamiento de un libre directo, y a la grada se le paró la respiración, para soltar todo el aire en un grito de triunfo cuando el lanzamiento del “banquero de España” se marchó por encima del larguero, y tras una prolongación excesiva, sacar fuera la tensión cantando la victoria de la Segoviana sobre el semifinalista de la Copa del Rey, en un encuentro que no pasará a la historia por su calidad, pero sí por su intensidad. El camino de la recuperación azulgrana pasaba por ganar a este rival. Todo es posible en el fútbol.