La justicia en el fútbol son los goles

La Segoviana estrelló dos balones en el larguero, falló numerosas ocasiones, marcó un gol que fue anulado por falta previa, y acabó encajando dos tantos del Osasuna B cuando el partido expiraba.

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Hasta que no venga Joseph Blatter, o el iluminado de turno que presida el fútbol internacional, con otra idea, en el deporte del balompié seguirá ganando el partido el equipo que meta más goles. De nada valdrán los palos, las ocasiones falladas, el tiempo de posesión, los saques de esquina provocados, los recibidos, o la sensación ofrecida en el campo, por citar algunos ejemplos. La auténtica vara de medir en el fútbol son los goles, aunque lo anteriormente narrado sirva para decir lo que dicen todos los entrenadores de todos los equipos cuando pierden los partidos, que el resultado ha sido injusto.

Apuntada esta obviedad, hay que reconocer que la Segoviana se mereció la victoria durante más de una hora, pero en el tramo final del partido se fue viniendo paulatinamente abajo, concediéndole a un rácano Osasuna B la oportunidad de ganar el choque. Y, como esto es Segunda B y no la liga de los pueblos, pues el filial rojillo (ayer de blanco) hizo lo que hacen la mayoría de los conjuntos de esta categoría, agradecer el gesto gimnástico y llevarse los tres puntos gracias a dos zarpazos que dejaron a los aficionados mucho más helados de lo que ya estaban.

Quitando un lanzamiento potente de Hermosa que Durán despejó a córner apenas iniciado el encuentro, el Osasuna B no hizo en los primeros cuarenta y cinco minutos nada más meritorio que defenderse como pudo de los ataques de una Segoviana a la que la presencia de Anel le dio otro empaque. Si esto fuera fútbol sala el arevalense sería el prototipo del “jugador universal”, ya que se adapta a todas las posiciones, y si no hubiera sido porque sus dos remates más peligrosos se encontraron con el larguero en lugar de con la portería contraria, el azulgrana habría sido el héroe de una gélida tarde futbolística.

Poco antes de que Anel decidiera mantener un idilio con el larguero, uno de los asistentes del árbitro Pintado Calero sufrió un esguince que le impidió continuar en el partido, por lo que durante todo el primer período el colegiado valenciano dirigió el choque con sólo un asistente en una banda. La rápida actuación de la Segoviana, que contó con el apoyo de la Delegación Provincial de Fútbol, permitió que en la segunda parte el árbitro segoviano Borja Lavandera Alonso se situara en la línea de banda para asistir a sus compañeros de Segunda B.

Pero durante el tiempo que no hubo asistente en la banda que defendía el Osasuna B, llegó la jugada clave del encuentro, en la que Font llegó antes que el portero navarro a un balón dividido, y se la elevó por encima. Si el asistente hubiera estado en la banda, habría podido ver lo que vio la grada, que el guardameta Elías no sólo despejó el balón con la mano fuera del área, sino que también arrolló en su salida al centrocampista gimnástico. Como dirían en el “1, 2, 3…”, dos faltas, a una tarjeta cada una, habrían dado como resultado la expulsión de Elías, que simuló estar al borde de la muerte para evitar una clara tarjeta roja, que acabó convirtiéndose en amarilla ante la indignación del respetable.

Situaciones extrañas al margen, la Segoviana generó ocasiones de gol suficientes como para haberse ido al descanso con un marcador claramente favorable. Pero Pino no tuvo el día acertado de cara a portería, fallando remates claros, Cajoto se encontró con el portero en su lanzamiento con la zurda, y Roberto remató ligeramente desviado desde fuera del área, viendo una tarjeta amarilla por dar el balón con la mano en una acción de saque de esquina que acabó con el balón dentro de la portería visitante.

Tras unos buenos cuarenta y cinco minutos, la Segoviana había desaprovechado sus opciones de ganar el partido, y en la segunda parte poco a poco las tornas fueron cambiando. El Osasuna B siguió siendo el equipo ramplón del primer tiempo, pero ahora mucho mejor colocado sobre el campo, mientras que los locales iban perdiendo fuelle con el paso de los minutos, concediendo cada vez un poco más a los navarros.

Un remate de Font, y varios acercamientos al área en los que Pino no remató fueron el escaso bagaje ofensivo de la Segoviana, que vio cómo a cinco minutos del final, en un abrir y cerrar de ojos Roberto Torres clavaba en la escuadra un lanzamiento directo de falta, y con los azulgranas congelados, Manuel se marchaba de todos en un contragolpe para hacer el 0-2. La Segoviana, que había sumado méritos para ganar, perdió una vez más, porque quien puso los goles fue el contrario. El equipo azulgrana acabó el partido más solo que nunca esta temporada, porque el intenso frío y el resultado adverso provocaron que casi todos los aficionados se marcharan del campo antes del final.