En lo más alto de África

El alpinista segoviano Ángel García Sastre logró hacer cumbre el 23 de enero en el Kilimanjaro, a 5.895 metros de altitud

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El pasado lunes 18 de enero el montañero de Palazuelos de Eresma Angel García Sastre se unía a un grupo de seis madrileños y cuatro vallisoletanos para ascender a la cumbre más alta de África, el Kilimanjaro, de 5.895 metros.

El martes 19 el grupo de alpinistas viajó hasta la puerta Machame, donde sacaron el permiso necesario para la ascensión de esta montaña. La subida era de 1.000 metros de desnivel por un camino de selva hasta el primer campamento (a 3.000 metros), donde pernoctaron en tiendas de campaña.

Como narra Ángel García “el segundo día, miércoles 20 de enero salimos del Campo 1 para subir todavía por selva hasta el segundo campamento, a 3.840 metros, llamado Shira Camp, donde pasamos dos noches para aclimatar, y al día siguiente, por la mañana subir al volcan Shira de 4.000 metros”.

El cuarto día continuó la expedición, con otros 1.050 metros de desnivel por delante y a través del desierto alpino volcánico, separándose de la gran cantidad de personas que deciden ascender al Kilimanjaro por la ruta Machame, una de las más frecuentadas.

En este punto los montañero dejaron atrás el campo de Lava Tower para buscar el Arrow Glacier, a 4.800 metros y bajo una pared impresionante de glaciares y aristas de roca que se perdían en el cráter superior.

“Este día le pasamos solos en un campo muy frío y al atardecer nos cae una nevada que después nos vendrá muy bien para la ascensión por la pared”, confesó el segoviano.

El quinto día (sábado 23 de enero) a las dos de la madrugada “nos levantamos para desayunar sin hambre, con un frío atroz” para, a las tres, salir hacia la cumbre.

García comenta que “la ascensión se hace técnica con algún paso expuesto pero sin grandes dificultades, salvo las propias de la noche y de la altura. El frío cada vez es mayor y la pared era realmente espectacular. La progresión por el glaciar y los neveros es muy buena, gracias a una antigua huella de alguna expedición que había pasado por allí hacia una semana”. Sobre las 06:20 horas los aventureros llegaban al cráter Inner Cone Kibo (5.780 metros) para ver amanecer y aprovechar los primeros rayos de sol para calentar los cuerpos y contemplar los grandes bloques glaciares.

A las 7:30 horas llegaron a la cumbre del Kilimanjaro. Tras las fotos de rigor tocaba descender los 3.000 metros de desnivel.

“El descenso lo hicimos por la ruta Mweka, pasando por Barafu Hut hasta Mweka Camp a 3.100 metros, donde montamos otro campamento para pasar la noche, ya en plena selva Rain Forest, para el sexto día realizar el último descenso hasta la puerta Mweka y firmar el control del parque. Aquí el bus nos esperaba para regresar a Arusha”, explica el montañero segoviano.

problemas con los guías. Como anécdota, Ángel García recuerda que “en la última noche Pauli, el jefe de los guías, nos exigió 3.000 dólares de propina, o si no no saldríamos del parque ni nos bajarían los petates. Argumentaba que la ruta de ascenso estaba prohibida y que era muy difícil. Nosotros nos negamos a tal cantidad puesto que era lo pactado antes de partir y que lo estipulado por el parque eran unos 1.000 dólares, y negociamos hasta 1.500, justo la mitad de lo que el pedía”.

Finalmente todo se arregló, de manera que “se reunió a guías, porteadores, asistentes y cocineros para explicarles que les queríamos entregar la propina a cada uno individualmente según su rango, y para que de esta forma el jefe –por llamarle de alguna forma– no se quedara con parte de esta propina, para lo cual accedieron todos ellos, y muy contentos cumplieron con su trabajo”, concluye García.

Además, los alpinistas quieren destacar lo especial de esta expedición “porque uno de los miembros de la misma, Carlos Soria Fontán, cumplía con el objetivo de ser el primer o segundo hombre en el mundo con escalar las siete montañas más altas de cada continente con mayor edad, casi 71 años”.