El recuerdo de la victoria

De menos a más. El CD La Granja gana mes y medio después gracias a un gol de Mario que enmendó una modesta primera parte.

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Como si su estado de ánimo quedara representado en el clima, el CD La Granja padeció bajo el diluvio y floreció cuando salió el sol. El equipo ya desecha cálculos matemáticos, pero su orgullo es irrenunciable. Pese a que el planteamiento de salida, con una línea de tres defensas, tendía hacia el precipicio de lo ofensivo, la posesión del balón les fue esquiva y no pudieron imponerse en campo contrario. Guiño a los principios de antaño, los locales acabarían decantando el partido con un gol de Mario a la contra y defendiendo, apenas sin apuros, con Víctor Pérez de vuelta al lateral. Aunque la salvación sigue lejos, a siete puntos, los segovianos duermen en el antepenúltimo puesto.

El dibujo inicial legitimó la idea ofensiva que quería implantar Samaniego, con Javi Marcos, Pluma y Caramelo como centrales, dejando a Víctor Pérez y a Adrián como carrileros. Si el objetivo era inclinar el juego hacia el campo rival, no dio resultado. Mario y Chiqui entraron en contacto con el balón demasiado atrás, casi más forzados a contragolpear que a construir, y las tentativas granjeñas terminaron con balones en profundidad a Juanlu o envíos aéreos a Guillermo, que inició el encuentro como delantero centro.

La lluvia dotó al césped del agua que lleva ansiando durante meses y, con la el temporal vistiendo la primera mitad, el Burgos Promesas se hizo acreedor de la ventaja. Siempre volcado hacia el costado izquierdo, las camisetas naranjas aprovecharon el hueco que dejaba Adrián, que lleva lo ofensivo en el código sanguíneo. Los visitantes camparon en superioridad, con Manza como referente. El medio, tan apto en lo técnico como en el desborde, condujo con peligro, pero sus certeros envíos al área rival perdieron lucidez cuando llegaron a los rematadores.

La Granja se ofreció en una meritoria volea lejana de Adrián que obligó al portero burgalés a recular antes de suspirar cuando vio cómo el balón se marchaba alto. En una de sus constantes caídas hacia las bandas, Guille encontró espacio y le sirvió un balón peligroso a Juanlu en el corazón del área chica, perro el remate a bocajarro del punta no cogió puerta.

Perdona el Burgos Promesas

Con el arco iris presidiendo una vista imponente en El Hospital, el Burgos Promesas perdonó al filo del intermedio. Dani Aparicio, que había marrado anteriormente un disparo forzado de espaldas en área rival, no supo controlar un envío en profundidad de David cuando solo tenía delante a Yiyo y echó la jugada al traste. Poco después, volvería a precipitarse en un escenario igual de pintiparado.

En los primeros instantes del segundo acto, el desarrollo del choque discurrió por una línea tremendamente delgada. Óscar debió adelantar al cuadro burgalés tras un córner que botó dos veces en área chica ante la pasividad de la defensa granjeña. Los naranjas se acabaron haciendo con el esférico y el central, solo en el punto de penalti, la mandó a las nubes.

No tardarían los visitantes en recibir la factura de su error. Juanlu ganó de espaldas un balón con mucho mérito para, golpetazo incluido, cedérselo a Iván Yubero. El medio aprovecharía la línea adelantada rival para encontrar a Mario con un pase picado en profundidad. Hastiado por sus molestias en una tarde aciaga ante el Numancia B, el siete granjeño superó al portero, se escoró hacia la izquierda y enganchó un disparo raso al primer palo que superaría por décimas de segundo la estirada de los defensas.

Dosis de confianza

El gol alivió a La Granja, mucho más confiada a partir de entonces. La presencia de Mario fue a más en el segundo tiempo, también la de Chiqui, que irradiaba motivación. Su papel en el eje, con Guille de apoyo añadido y Víctor Pérez ya en facetas defensivas, tornó el juego en previsible y los locales supieron gestionar la ventaja con madurez.

Removió pronto el banquillo el cuadro burgalés, pero su técnico siguió quejándose de la concentración de sus pupilos a balón parado tras un remate demasiado franco de Guille que blocó sin demasiados apuros Pana. “¡Es el único al que hay que marcar!”, gritó desde la banda. Samaniego insistió en no retrasar las líneas y Juanlu lideró la presión a la salida de balón rival. El primer argumento de un delantero es su cifra goleadora, pero el punta granjeño realiza un esfuerzo añadido que no contabiliza la estadística.

La incertidumbre del resultado exigía sufrimiento y el Burgos Promesas pudo empatar en una patada al aire de Yiyo que no supo leer David. “Este chaval no tiene chispa, va siempre al trote”, criticaba su técnico. Poco después, Dani Aparicio no alcanzaría a rematar un envenenado envío frontal de Marti que superó a Pluma y botó demasiado-

Sólido final

La Granja tuvo las hechuras para aguantar el tramo final sin sufrir, con Pluma pidiendo más intensidad tras unos minutos de páginas pegadas. Guille adelantó su posición, por momentos demasiado cercana a la de los centrales, y la muralla aérea acabo siendo infranqueable. Samaniego se guardó los cambios para el último cuarto de hora y sus jugadores tuvieron la frescura necesaria para sellar cualquier falla atrás.

Debió evitar sufrimiento La Granja sentenciando al contragolpe, pero el pase de la muerte de Mario, tras un malentendido entre el portero y su defensa, no encontró rematador. El triunfo es balsámico para los locales, que no ganaban desde el 4 de marzo, y les iguala a puntos con el Ávila, al que superan por la diferencia de goles particular con un partido más. El futuro se recorre peldaño a peldaño.