El paso de un buen atleta, a un campeón

Pedro Luis Gómez se ha convertido en una de las claves de la mejoría competitiva de un Javi Guerra que ha cambiado a mejor su manera de afrontar la competición

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Hasta hace seis años, Javi Guerra era un buen atleta, pero algo irregular a la hora de afrontar las competiciones de alto nivel. Su rendimiento en los entrenamientos era muy bueno, pero no encontraba la forma de que en las carreras ese trabajo se viera plenamente reflejado.

Seis años después, Javi Guerra es el mejor atleta español de fondo, y se encuentra en la élite del atletismo europeo. En ello tiene mucho que ver la decisión de volver a Segovia dejando la residencia Blume, asentar su vida personal junto a su novia, Marta, y trabajar codo con codo junto a Pedro Luis Gómez, pedagogo y atleta, para solucionar los problemas de bloqueos que le llevaban a no rendir como se esperaba. Es la historia de la fe que deposita un atleta que quiere ser mejor de lo que ya es, en las enseñanzas de un profesional de la pedagogía que le ayuda a conseguirlo.

¿En qué momento Javi Guerra y Pedro Luis Gómez apuestan por colaborar?

Javi Guerra: Fue en el 2001 cuando, después de estar seis años en la Residencia Blume, decido volverme a casa, con mis padres, para entrenar aquí, en gran medida por la presión que tenía añadida allí. A raíz de eso comienzo a tener más contacto con Pedro, coincidimos en entrenamientos, y después de unas primeras competiciones de campo a través en las que no consigo un rendimiento acorde a lo que estaba entrenando, comenzamos a trabajar el aspecto mental.

Pedro me comenta una serie de debilidades que ve en mí, y cada vez comienzo a tener sus consejos más presentes. Recuerdo que, después de retirarme en el Cross de Atapuerca, subí a su casa para preparar durante la semana el Cross de Soria, que era la última oportunidad que me quedaba para clasificarme para el Europeo, y esa carrera significó el punto de inflexión, porque conseguí ser segundo español corriendo de una manera estratégicamente perfecta. Ese fue el momento clave en el que decidimos los dos el tomarnos nuestras reuniones como una parte más del entrenamiento.

Pedro Luis Gómez: Antes de todo esto existía una relación de amistad de toda su familia conmigo, y cuando Javi se trasladó a Madrid continuábamos mandándonos mensajes de ánimo a través del móvil cuando llegaban las carreras. Esa amistad hizo que fuera más fácil el contacto profesional, porque yo no tengo ninguna varita mágica para que las cosas cambien de una semana para otra, sino que para que el mensaje llegue tiene que existir un feeling, una conexión primera que con el paso de los años se ha ido reforzando.

Y cuando llega Javi a hablar con usted la primera vez, ¿qué atleta se encuentra? ¿qué pautas son las primeras que comienza a darle?

P.L.G.: Yo lo que veía en Javi era un atleta débil, con unas cualidades inmensas, una capacidad de trabajo grandísima, centrado al cien por cien y con un compromiso máximo por mejorar, pero había algo que fallaba, sobre todo en las grandes competiciones. En el momento en el que había algo de presión le afectaba la ansiedad y no rendía. Había bloqueos emocionales que al final afectaban al rendimiento físico.

En parte me veía reflejado en él. Llevo corriendo mucho tiempo, y durante años he entrenado con su padre, con Mariano Castro y con Víctor López, al mismo nivel que ellos, pero cuando llegaban las carreras ellos quedaban entre los primeros, mientras que yo me quedaba de la mitad hacia atrás. Estaba claro entonces que no era un problema físico, porque aunque no estuviera tan a su nivel, tampoco era normal que pudiera entrenar a su ritmo todos los días, pero no estuviera cerca de ellos en carrera. Es lo mismo que le pasaba a Javi, aunque no en todas las competiciones, así que me plantee comenzar a trabajar con él ese aspecto.

Cada vez hemos ido a más, y esto ha sido un refuerzo mutuo, porque si lo que yo he ido pensando a Javi le ha funcionado, ello también me sirve de motivación a mí para seguir estudiando y practicando, y poniéndolo en práctica con él, y Javi sacándolo adelante.

¿Hasta qué punto era necesario para Javi Guerra salir de la Blume y volver a casa?

J.G.: Lo era mucho. Tenía un exceso de presión. Estar día a día realizando entrenamientos con los mejores atletas, demostrando que podía estar con ellos, desayunar, comer y cenar todos los días con el mismo tema, cuando llegaba una competición importante estar desde varios días antes solo hablando de ello me provocaba una serie de bloqueos. No sabía salir de esa burbuja de presión, y sin embargo volver a Segovia me ha llevado a estar más tranquilo. Ir a entrenar y poder desconectar después, saber que puedes hacer otro tipo de cosas y que eso no va a afectar a tu rendimiento me ha hecho mucho bien, como también lo ha hecho mi novia, Marta. Venirme a vivir con ella me ha aportado mucha estabilidad emocional, y una felicidad que también es muy importante para los atletas, que a veces estamos un poco perdidos. Ella me ha hecho estar más centrado, y más feliz también aparte del atletismo. Aquí me siento más arropado, y más feliz, tanto a la hora de realizar los entrenamientos como en el momento de competir.

En un atleta, si la cabeza te falla, te falla todo…

P.L.G.: Sí, pero no solo sucede en el atletismo, sino también en todos los deportes, e incluso en la vida misma. Todo está relacionado. Ante un estímulo que tenemos en la vida, se produce una reacción emocional, que genera unos sentimientos que pueden ser positivos, o negativos. En función de esos sentimientos, nos hablamos, y nos decimos “yo puedo” o “yo no puedo” realizar algo en cualquier ámbito de la vida, y al final ello se transforma en acción, o en inacción. Desde el punto de vista del pensamiento negativo, si ante una competición tengo una emoción de inseguridad, de nerviosismo o de amargura o ira, ello se va a transformar en pensamientos tales como “no voy a poder competir con los mejores”, “no puedo meter la canasta de tres”, “no puedo salir a dar un paseo”, “no puedo dejar de fumar”, o “no puedo vivir con mi mujer y con mis hijos”.

Cuando eres capaz de transformar eso, obtienes mayor rendimiento. Hay que hacer una gestión emocional para transformar esas sensaciones en sentimientos de seguridad y confianza que al final, en el caso de Javi, le ayuda a rendir más de lo que realmente entrena. Con un atleta te planteas que corra más deprisa durante más tiempo. Con Javi nos planteamos que corra más deprisa, durante más tiempo, y en competición, porque al fin y al cabo es un profesional de ello.