Djokovic rinde a Nadal

'Nole' se convierte en el campeón más laureado de la historia del Abierto de Australia con su séptimo título al mostrarse infranqueable ante el mal día del balear (6-3, 6-2, 6-3)

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Novak Djokovic besa el trofeo de campeón del Abierto de Australia, el séptimo de su carrera, después de arrollar en la final a Rafa Nadal.
Novak Djokovic besa el trofeo de campeón del Abierto de Australia, el séptimo de su carrera, después de arrollar en la final a Rafa Nadal. / EFE
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Rafa Nadal no pudo conquistar su segundo Abierto de Australia, primer Grand Slam de la temporada, después de caer en la final ante un intratable Novak Djokovic, que arrolló al balear en tres sets (6-3, 6-2, 6-3) en poco más de dos horas de un encuentro que dominó de principio a fin a través de un gran tenis que hizo más grande aún el mal día de su rival.

Siete años después del espectáculo que ambos habían brindado en la Rod Laver Arena, con una final de seis horas de duración, el show fue en esta ocasión exclusivo del ‘rey de Australia’, un ‘Nole’ que mantuvo impoluta su hoja de servicios en el torneo con su séptimo título de siete finales disputadas para ya el más laureado de este ‘grande’. El de Belgrado jugó a un increíble nivel, quizá motivado también por tener “al mayor rival” de su carrera como él mismo había dicho, al que desarboló en todo momento y que no pudo repetir su victoria de hace diez años, perdiendo por primera vez en tres mangas una final de un ‘grande’.

Mirando únicamente la hoja de estadísticas del partido se podría realizar un análisis fácil. El número uno del mundo cerró el partido por la vía rápida apoyado en 34 golpes ganadores, 13 más que el español, con solo nueve errores no forzados, casi un tercio de los que lastraron al de Manacor (28), siempre a remolque y al que le faltó la precisión de sus golpes, sobre todo en su derecha, con los que había brillado en este Abierto de Australia.

Parte de culpa tuvo también que su servicio no hizo tanto daño como durante el camino hacia la final. Djokovic fue siempre agresivo en el resto y desde ahí impuso su dominio para luego hacer valer su fortaleza con el suyo, con el que sólo perdió 13 puntos. Nadal nunca fue una amenaza al resto, sólo tuvo una opción de rotura, en el tercer set y ya yendo a remolque, y sólo en un par de juegos más tuvo reales opciones.

Terremoto ‘Nole’

El serbio fue un huracán en la pista y así comenzó desde el primer golpe. Seguro desde el fondo de pista, con un demoledor revés a dos manos, y con la credencial que le da ser considerado seguramente el mejor resto del circuito, le levantó un ‘muro’ a Nadal. El balear, poco fino de inicio, perdió su saque, algo que no le sucedía desde el primer partido, muy pronto y a partir de ahí no pudo recuperar.

Djokovic mandaba en los intercambios y con su saque no dejaba ningún resquicio. Sólo un punto perdió con el balear al resto, suficiente para hacer valer el ‘break’ inicial y para ponerse por delante en la final ya con 12 ganadores en su estadística. El de Manacor, sin poder encontrar su ritmo, acumulaba demasiados errores no forzados (11), pero iba dando síntomas de mejoría para plantar más batalla en la segunda manga.

Djokovic se mostró intratable con el saque y muy agresivo al resto, lo que llevó a Nadal a cometer demasiados errores no forzados

Sin embargo, ‘Nole’ no aflojó y Nadal no consiguió convertir esa mejora de sensaciones en el tenis que le había llevado a esta pelea por el título. Sacó adelante sus dos primeros saques, pero continuó sin incomodar al resto y eso ante un jugador como el serbio se puede pagar caro. El ‘drive’ del número dos del mundo hacía daño con cuentagotas y el revés a dos manos que en las semifinales ante Tsitsipas había dado un paso adelante tampoco funcionaba.

Nadal se desespera

De este modo, el de Belgrado no tardó demasiado en encontrar su oportunidad para romper. El once veces campeón de Roland Garros, dejando alguna inusual imagen de desesperación con su juego, cedió el saque en el quinto juego, el segundo de una racha impecable del número uno del mundo, que encadenó cinco consecutivos para tener ya cerca su séptimo trofeo en Melbourne Park. Su último juego, en blanco, y con tres ‘aces’ consecutivos fue la mejor muestra de lo que estaba pasando en la Rod Laver Arena.

Nadal necesitaba una reacción milagrosa, que además tenía que venir acompañada de un cierto bajón de su oponente. No se produjo ninguna de las dos premisas y la final se terminó por la vía rápida. Djokovic rompió demasiado pronto y, aunque el balear tuvo una oportunidad para no rendirse con su única bola de ‘break’ del partido, el serbio no abandonó la zona de confort desde que empezó la final que le coronó con su decimoquinto Grand Slam, a dos ya del tenista español y a cinco del suizo Roger Federer.