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Un jugador del Palma del Río intenta defender de manera antirreglamentaria a Alonso Moreno en un ataque del Viveros Herol Nava en el que el jugador intenta llegar hasta los seis metros. / AMADOR MARUGÁN
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Hace unos cuantos meses, uno de los directivos del Balonmano Nava comentaba ‘off the record’ que tenía la sensación de que desde el balonmano nacional no se veía con buenos ojos que un equipo de un pueblo de 3.000 habitantes, con un vetusto frontón como pabellón, pudiera codearse con la élite del balonmano nacional. La expresión “¡cómo van a subir los del pueblo!” que llegó a escuchar en alguna de las reuniones se quedó solamente en una anécdota entre amigos, hasta que las jornadas en la División de Honor Plata se van sumando, y con ellas las decisiones arbitrales que, curiosamente, siempre terminan perjudicando al mismo.

Al Viveros Herol Nava no le dejaron ganar al Palma del Río, rival al que no se le puede poner un solo reproche en su actuación en el partido, siempre creyendo que podía sumar incluso cuando a falta de noventa segundos para la conclusión perdía por 20-17, y que haciendo lo posible por robar los balones a los segovianos, se encontró con que podía hacerlo todo para conseguirlo, porque los hermanos Gude Prego (pareja arbitral a la que se dedicará párrafo aparte) decidieron que el reglamento no se iba a aplicar en ese tramo final del choque, permitiendo todas las acciones de los jugadores cordobeses sobre los segovianos.

A noventa segundos para el final, el equipo de casa vencía por 20-17, pero llegaron los errores, y el rival supo aprovecharlos

Para ser árbitro de un deporte, la primera de las condiciones que has de tener, es que te guste ese deporte. Y los colegiados vascos demostraron en Nava que, o bien se han cansado del balonmano, o bien que no les gusta que el equipo del pueblo pueda competir contra otros de pueblos más grandes. O quizá les cayera mal dirigir el partido en el congelado frontón de Nava y no en el calentito Pedro Delgado, como hicieron en el encuentro ante el Agustinos, pero lo cierto fue que los señores Gude Prego (con una chulería indigna de unos colegiados de un deporte como el balonmano) no aplicaron el mismo rasero en la defensa del Nava, que en la que empleó el Palma del Río.

Cinco bajas presentó el Viveros Herol para el encuentro, en el que de nuevo ni Kisselev, ni Tello, ni Brakocevic, ni Filip Martins pudieron ser de la partida, al igual que Alberto García. Esas cinco bajas a punto estuvieron de ser seis, puesto que a los trece minutos de partido Álvaro Rodrigues acumulaba dos exclusiones, la primera porque a un árbitro le apeteció mostrar personalidad, y la segunda porque el mismo árbitro ‘picó’ (¿picó?) con el descarado cuento que le echó Requena a un hipotético golpe en el cuello que pareció ahogarle por momentos… para dos segundos más tarde haber desaparecido de manera milagrosa.

PENSANDO EN TODO, MENOS EN LO QUE SE DEBÍA

De manera casi lógica, el equipo de casa se pasó toda la primera parte pensando en las bajas que tenía, en qué le había hecho a los árbitros para que le pitaran de esa manera, en que el portero rival sumaba parada tras parada, en la mala racha que estaba pasando… en definitiva, en todo menos en lo que tenía que pensar, que era en encontrar la manera de superar el 4:2 defensivo que le ponía en suerte el Palma del Río, con sus jugadores volcados sobre Carlos Villagrán y Agustín Casado.

Así, la primera parte fue un ejercicio de impotencia por parte local ante un oponente que, apoyado en Ruiz y Consuegra, no le hacía ascos a liderar el marcador, aunque las diferencias no eran ni mucho menos definitivas, mientras que en defensa tenía al guardameta Marco Krimer un auténtico valladar. De esta manera, el 8-10 con el que se llegó al descanso fue el fiel reflejo de lo pasó en la cancha, con los locales sin nada positivo que ofrecer, y los visitantes haciendo bueno su plan.

Las tornas no giraron de repente en el segundo tiempo, que durante sus primeros minutos transcurrió por los mismos derroteros. Pero, con 11-13 en el electrónico, bastó con que Álvaro volviera al centro de la defensa, aunque fuera al sesenta por ciento y sin ni siquiera pestañearle a los señores Gude Prego, y que Yeray leyera mejor los lanzamientos de los jugadores visitantes, para que el Viveros Herol hiciera vibrar a su gente con un parcial de 3-0 que le devolvió el mando en el marcador, gracias también a algunas buenas circulaciones de la bola en ataque, superando la primera línea de defensa andaluza, y conectando con el pivote.

LA AFICIÓN AYUDA

Dani Gordo expresaba en la previa del encuentro su miedo a que, desde el minuto 40 al 50, su equipo sufriera el clásico bajón físico después de mucho tiempo de esfuerzo continuado sin apenas rotaciones. Pero en esta ocasión la afición navera sí puso ese aliento extra para que los segovianos continuaran siendo competitivos, y acertando con los lanzamientos de los siete metros, después de que tanto Isma como Agustín no superan aprovechar varios lanzamientos, algo que sí logró hacer Antonio Llopis, que colocó tres goles de renta para los de casa a nueve minutos para el final, cuando el equipo se manejaba con soltura incluso en inferioridad numérica, que bien pudo haber sido igualdad si los árbitros hubieran querido ver el golpe en la cara que Requena propinó a un jugador local, tan evidente que el propio jugador cordobés se quedó parado un segundo pensando en su error. Pero nada más lejos, porque todo valía.

El Palma del Río se veía frenado en ataque, obligado a terminar en posiciones forzadas, dando ventaja a Yeray, mientras que en defensa volvía a centrar sus esfuerzos sobre Agustín y Carlos Villagrán. Los árbitros volvieron a remar a favor de los cordobeses con la segunda exclusión para Andrés Alonso (si la primera fue clara, la segunda no lo fue ni por asomo), pero el Viveros Herol encontró a Alonso Moreno de improvisado extremo derecho, marcando el 20-17 que, a menos de dos minutos para la conclusión, parecía definitivo.

A noventa segundos para el final, el tanto de Consuegra colocaba el 20-18, y después de una defensa en la que hubo palos para todos, el Nava perdió la bola, y Del Castillo puso el 20-19. De poco valió el tiempo muerto de Dani Gordo a 37 segundos para el final, porque una nueva pérdida le puso al Palma del Río el empate en bandeja, y la sensación de que el Viveros Herol Nava, (al que poco han tardado otros clubes con más plantilla en ponerle el cartel de favorito), no cae demasiado bien dentro del estamento arbitral. Al fin y al cabo… ¿cómo van a ascender los del pueblo?

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