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Hay pruebas que están organizadas con profesionalidad, y que resultan todo un éxito, y hay otras que se organizan con cariño, y a la que se le perdonan todos los errores. Después, están pruebas como la Marcha Cicloturista de Sotosalbos, que tiene en su origen el inmenso cariño que los componentes del Club Ciclista de Sotosalbos, y no solo ellos, le guardaban a su compañero Nico Abad, y la ‘profesionalidad’, entendiéndose como el poner todo los medios al alcance para que la prueba sea todo un éxito, que ponen los miembros de la organización.

A ello, la jornada del pasado domingo les puso todo un reto por delante, no solo por el ya de por sí exigente montaje de una prueba de estas características, sino por el fuerte calor que obligó a reforzar los avituallamientos para que los cerca de medio centenar de cicloturistas participantes no tuvieran más problemas que solventar que los propios de un recorrido tradicional, que no pilló de sorpresa a los más avezados, pero sí a algunos nuevos que se pensaban que tras subir Navacerrada y Navafría lo peor ya estaba hecho, y se encontraron con un territorio final que se hizo durísimo.

CADA UNO A SU MANERA

A las ocho y media de la mañana, cuando el calor ya comenzaba a amenazar con hacerse difícilmente soportable, los cicloturistas fueron tomando posiciones en la plaza Mayor de Sotosalbos, donde el inevitable recuerdo para Nico Abad fue el preludio del inicio de una Marcha que muchos se toman como lo que es, una forma de pasar la mañana entre amigos, mientras que otros, de manera legítima evidentemente, tratan de ponerse a prueba intentando terminar en el menor tiempo posible, siempre teniendo en cuenta que este tipo de marchas se realiza por carretera abierta, es decir, compartiendo asfalto con los vehículos.

Las altas temperaturas ponen a prueba a la organización, que consigue recaudar los 1.000 euros que destinará a la AECC

Así, pasaban pocos minutos de las nueve y media de la mañana cuando el primero de los participantes finalizaba su ascenso al puerto de Navacerrada, y poco más de las once cuando terminaban la subida a Navafría, ya con el sol en todo lo alto.

Mientras tanto, en Sotosalbos los miembros de la organización lo preparaban todo para recibir a los cicloturistas, que sufrieron más en los últimos kilómetros una vez descendido el puerto de Navafría, que en las ascensiones a los dos puertos. La cercanía de la meta, pero una carretera ‘puñetera’ que siempre picaba hacia arriba, pusieron a prueba las fuerzas de los participantes.

LAS CAÍDAS

Alguno de ellos pasó por un momento malo, sobre todo con una caída que obligó a un traslado al Hospital de la Misericordia, pero afortunadamente el resto de visitas al suelo no pasaron a mayores, y en la meta les esperaba un último avituallamiento para recuperar las fuerzas perdidas.

Dani Torres, el campeón autonómico en la categoría Master 30, fue el primero en llegar a la meta, como ha hecho en todos los años en los que ha participado en la marcha, en esta ocasión acompañado por Javier Hernández. Frente a ellos, en la llegada, un panel con la foto de Nico Abad dominaba la zona de meta, recordando siempre al amigo que se fue demasiado pronto, pero que continúa vivo en el recuerdo de las personas que le querían, y desde hace varios años, también en el de los participantes de cada una de las marchas. Y, en la caja fuerte de la organización, los 1.000 euros que todos los años se recaudan de las inscripciones para donárselos a la Asociación Española contra el Cáncer se convertían en el mejor regalo para una organización que merece mucho más que un aplauso por el esfuerzo y la dedicación que le pone a la Marcha.