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No es imposible, pero sí resulta harto complicado que, en una ciudad como Segovia donde todos se conocen (o eso dicen), en Nochevieja haya alguien paseando solo. La última tarde del año suele ser la de quedar con los amigos, o salir con la familia, a disfrutar de las cañas, a saborear los últimos coletazos de una tarde invernal que el calendario apunta como la que cierra una etapa, y a ver pasar la Carrera Fin de Año, (antes San Silvestre), para ver las rojas caras del amigo, el vecino, o el simplemente conocido que apuesta por participar en una competición por el centro de la ciudad.

La realidad es que la Carrera Fin de Año es una prueba de amigos, porque incluso los atletas que compiten por la victoria lo hacen frente a otros con los que suelen fundirse en un abrazo al terminar. Es una prueba en la que todos corren, pero la mayoría lo hace acompañado, porque en compañía el esfuerzo es el mismo, pero parece menor. Y ese amigo, o esa amiga con el que sales por las noches, al que le cuentas tus penas o le sirves de paño de lágrimas según las ocasiones, es también la persona que corre contigo sin más objetivo que pasar un rato más o menos agradable, disfrazados, o vestidos de deportistas.

SÚPER MARIO

La carrera que se celebró durante la tarde del 31 de diciembre cumplió con todos los parámetros que adornan esta clase de pruebas populares. Un gran volumen de participación, que reunir a 3.700 inscritos en todas las categorías tiene su mérito, una buena voluntad organizativa que intenta corregir los errores de años pasados, y mucha animación a ambos lados de la calzada, evidentemente más por el centro que por la zona un poco más alejada de la plaza Mayor.

Como bien reflejaba Luis Cuesta mientras animaba, micrófono en mano, a los atletas en la línea de llegada, “que no se preocupe la alcaldesa, que hemos dejado bien fijos los adoquines de la calle san Juan”. Y es que la vía, cortada desde hace varios meses para tratar de que su firme sea precisamente eso, firme, se abrió de manera total para que los varios millares de corredores de la categoría absoluta pudieran acceder sin problemas hasta la zona alta de la ciudad en una carrera que destacó por la ausencia de incidentes.

En la categoría masculina, Mario Calvo se lanzó al suelo para celebrar la victoria en la carrera de su casa

Con Javi Guerra disputando la San Silvestre Vallecana, y Santiago Llorente, sin poder competir este año, el abanico de candidatos a la victoria quedaba lo suficientemente abierto como para que todo pudiera suceder. Y lo que sucedió fue que Mario Calvo se ganó a pulso una de las mayores alegrías de su carrera deportiva consiguiendo una victoria que alegró a muchos, porque la felicidad suele ser contagiosa, y la que irradió el segoviano al vencer en la carrera de su casa, fue de las que no suelen olvidarse con facilidad.

Mario se destacó pronto junto con Mohamed Aloumat, y ya en el primer paso por meta dejaba claras sus intenciones, con un fuerte ritmo que dejaba un puñado de segundos por detrás a un ramillete de buenos atletas segovianos como Javi del Barrio, Quique de Diego o Rubén Merino. Pagó ese esfuerzo mediada la carrera, cuando Mohamed se puso por delante, y tocó sufrir para igualar la zancada de un atleta de calidad indudable, pero Mario lo consiguió, y en el segundo ascenso por la calle san Juan supo que iba a conseguir la victoria, porque poco a poco su principal rival para la victoria se fue alejando, y de esta manera, Mario pudo entrar como primer clasificado, y tirarse al suelo entre la alegría y el cansancio por el esfuerzo realizado. Por detrás del segoviano, Javi García del Barrio y Enrique de Diego, triatletas acostumbrados a ir de menos a más, le secundaron en el podio, dando paso a un verdadero rosario de corredores de lo más variopinto, que terminaron por copar la zona de meta pese a que la organización había dispuesto hasta tres zonas de avituallamiento final.

ÁGUEDA YA ES PRESENTE

En la categoría femenina, la ausencia de Idaira Prieto parecía allanar el camino de la victoria a Águeda Muñoz, que no las tenía todas consigo después de un largo trayecto en avión para volver a casa por Navidad. Pero la segoviana, que sigue empeñada en poner en presente todo lo que se le auguraba de futuro, no dio opción a nadie, y con su estilo extraordinario, ese que tanto alababa Isaac Sastre, se impuso con relativa solvencia, con Sara Bonilla y Rebeca Gil como segunda y tercera clasificadas respectivamente.

Y, tras ellos, los protagonistas. Los amigos, las parejas, los padres con los hijos. Los que fueron a correr, y los que corrieron para pasárselo bien, que ya hay que tener ganas de recorrer más de cinco kilómetros disfrazado de dinosaurio, o de luchador de sumo. Los que gustaron de pasear la bandera de España por las calles de Segovia. Los que, como el grupo de entrenamiento del IMD, quisieron recordar a las víctimas de la violencia de género con sus camisetas moradas y el lema ‘Ni una más’. Esos a los que se les llama ‘populares’, y otros califican de imprescindibles. Esos para los que se dedica la Carrera Fin de Año, antes San Silvestre, y siempre de todos.