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Un grupo de participantes en la Marcha, pasando por la localidad de La Granja de San Ildefonso a primera hora de la mañana. / KAMARERO
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En la madrugada del domingo, un puñado de los 70 voluntarios (familiares y amigos de Nico Abad, además de otros llegados de Pinillos y Sotosalbos) comenzaron a perfilar los últimos detalles de la tercera Marcha Cicloturista con el que los integrantes del Club Ciclistas Sotosalbos recuerdan a su compañero de kilómetros, pero también a su amigo cuando la bicicleta quedaba aparcada al final de la jornada.

La Marcha, además, tenía una doble vertiente deportiva, puesto que resulta una preparación ideal para que los deportistas se prueben antes de la Marcha Internacional Pedro Delgado que tendrá lugar el 19 de agosto, y solidaria, puesto que la organización colabora con la Asociación Española Contra el Cáncer mediante la donación de dos euros con el pago de cada inscripción. Por ello resulta agradablemente normal que todos los años se complete (de largo) el número de inscritos, y la cifra de 1.000 euros que la Asociación Española contra el Cáncer recibió por parte de la Marcha.

La organización, compuesta por personas tan dispares como bienintencionadas y mejor coordinadas, dispuso que la cifra de 450 cicloturistas era la más alta que podían ‘controlar’ en una marcha de 133 kilómetros, que a las ocho y media de la mañana, con la ‘fresca’, dispuso su salida neutralizada en un principio, y posteriormente ‘lanzada’, aunque quizá algunos ciclistas deberían entender que este tipo de marchas no premian al primer clasificado, para no jugarse el físico más de lo necesario. Dos caídas hubo en la prueba, ambas en el descenso al puerto de Navafría, afortunadamente sin graves consecuencias.

UN PELOTÓN VARIOPINTO

Entre los participantes, muchos corredores segovianos, un buen número de madrileños, amén de otros llegados desde las provincias de la Comunidad de Castilla y León, y otras del resto de España. La novedad llegó con la presencia de un ciclista llegado desde el Reino Unido, y otro que, procedente de la ciudad estadounidense de Chicago, tomó parte en la prueba. Además, ex-profesionales como Eleuterio Anguita, o triatletas de nivel como Javier García Velasco, o Israel Tapias. Y sin olvidar a las 17 féminas que afrontaron la jornada mostrando un buen nivel, como el de Emma Pérez, que no estuvo demasiado lejos de clasificarse entre los cincuenta mejores.

La Marcha, calificada como de medio fondo, tenía dos hitos marcados en rojo como eran el alto de Navacerrada y el de Navafría, pero sólo los que ya la habían corrido en ediciones anteriores sabían de la ‘trampa’ que esperaba a los participantes desde Pedraza hasta la línea de meta, con un terreno rompepiernas que rompió el ritmo a más de uno. Pero la realidad fue que prácticamente cada cicloturista participantes supo dosificarse de manera correcta, y aunque hubo abandonos, más del noventa por ciento de los participantes llegaron a la metas en el tiempo convenido. Ya fuera en solitario, los menos, o en grupos más o menos numerosos, los deportistas afrontaron la marcha y lograron terminarla.

EL TRABAJO DE LOS VOLUNTARIOS

De nuevo dos ciclistas del equipo Esteve, Daniel Torres y David Martín, fueron quienes manejaron mejor el ritmo más alto de la prueba, logrando realizar la marcha en menos tiempo que el resto de sus compañeros, que durante casi tres horas estuvieron llegando a la meta. Durante diversos tramos de la carretera, además de en la línea de llegada, los voluntarios fácilmente reconocibles por su camiseta azul, tenían todo preparado para que los participantes estuvieran lo mejor atendidos posible después de las más de cuatro horas encima de la bicicleta. Entre esos voluntarios, los familiares más cercanos de Nico Abad predicaban con el ejemplo. Además, seis fisioterapeutas también se encargaban de descargar los músculos de los corredores tras su paso por la meta.

Al finalizar la Marcha, más de 650 raciones de paella esperaban tanto a los corredores y sus familiares como a los voluntarios que quisieron tomar parte en la comida con la que se puso fin a la prueba deportiva, que no al trabajo, porque esos mismos voluntarios fueron los encargados de desmontar toda la línea de meta, para que el recuerdo de la tercera Marcha Nico Abad fuera solamente deportivo. Como siempre debe ser.

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