El portero del Almazán, Álvaro, se hace con el balón ante la presencia de Mika, Rubén y Javi Marcos en uno de los múltiples ataques de la Segoviana sobre el marco soriano. / KAMARERO
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En el mundo del fútbol, en muchas ocasiones, aún teniendo el mismo deseo de que el equipo gane jugando bien, resulta complicado hacer encajar las intenciones de los aficionados, de la del entrenador. El técnico, que es el que mejor conoce a la plantilla, puede no entender el lícito deseo de los espectadores de divertirse con el juego, y los seguidores del equipo no terminan de comprender que el responsable de la plantilla ponga al equipo a jugar de una u otra manera para intentar ganar el partido. El concepto de espectáculo está, para unos, en lo que sucede en el terreno de juego, mientras que para otros lo está en mirar la clasificación al final del partido.
La Segoviana llevaba prácticamente toda la temporada moviéndose en esa tesitura de ganar en casa siendo solvente, que no brillante, hasta que frente al Almazán, un cambio de sistema pasando a jugar con tres centrales y dejando todo el carril a los laterales larguísimos que tiene el equipo gimnástico, logró la cuadratura del círculo de ganar, como quería el técnico, y de hacerlo jugando un más que buen partido, tal y como aspiraban los aficionados. Todos contentos.

La ausencia de jugadores de banda tras la baja de Kike y con Dani Abad aún por explotar, había convertido a la Segoviana en un conjunto previsible en su fútbol, y Manu González decidió cambiar el sistema de juego, con un 3-5-2 metiendo a Juan de la Mata con Javi Marcos y Anel en la zona defensiva, y con Rubén y Adrián acompañando a los centrocampistas, más Gómez y Mika arriba. La decisión del entrenador fue acertada, y sorprendió al Almazán, que durante toda la primera parte no supo por dónde le daba el aire. Tanto es así que en el segundo 39 de partido ya había recibido la primera ocasión clara de gol, con un remate cercano de Calleja tras dejada de Gómez que Álvaro despejó a córner, y en el minuto 8 encajó el 1-0 después de que un centro de Calleja, mal despejado por la defensa, le diera a Gómez la oportunidad de poner el balón a los pies de Mika, que dentro del área suele perdonar bastante poco.

No contenta con el 1-0, la Segoviana dispuso en los minutos siguientes de otras tres ocasiones muy claras para ampliar las distancias, haciendo trabajar a destajo al portero visitante, que llegó un momento en el que se sentó en el suelo alegando unas molestias musculares que fueron bien aprovechadas por el técnico del Almazán para intentar reordenar a su equipo, que no encontraba el sitio.

DIEZ OCASIONES CLARAS

Pero ni por esas el conjunto visitante encontró la manera de dar réplica al juego azulgrana en defensa, ni a salir con el balón controlado en la ofensiva. Con Rubén ayudando mucho en la construcción del juego en la medular, con Adrián siendo un martillo pilón en la banda derecha, y con Dani Calleja libre de marca para hacer lo que le diese la gana, la Segoviana fue un vendaval de ocasiones sobre la meta adnamantina, que aguantó de manera milagrosa el 1-0 después de una decena de claras ocasiones gimnásticas antes del descanso.

La peor de las noticias para la Segoviana en la entrada a los vestuarios era que el equipo había dejado el partido abierto pese a jugar una extraordinaria primera parte. Pero todas las demás noticias eran positivas para la Segoviana, que siguió dominando de manera total al Almazán, que intentaba por todos los medios encontrar al habilidoso Edipo, pero sin conseguirlo.

Adrián y Calleja protagonizaron las primeras oportunidades locales en la reanudación, hasta que en el enésimo robo de balón de Manu en la medular, la Segoviana montó una contra espectacular, en la que participaron Gómez, Mika y Rubén, cuyo centro raso al segundo palo se encontró con la pierna del lateral soriano Javi, que se introdujo el balón en su portería al más puro estilo del fútbol sala.

UN ASISTENTE CON ‘MALA LECHE’

El 2-0, superada la hora de partido, vino a poner bastante más calma a lo que hasta entonces estaba siendo un encuentro de una sola dirección. Los entrenadores comenzaron con el ‘baile’ de los cambios, y mientras que Diego Rojas trataba de cambiar el signo del encuentro dando entrada a futbolistas tan ofensivos como Lobera y Bruju, que pasaron inadvertidos en La Albuera, Manu premiaba las recuperaciones de Álex Conde y Agus Alonso dándoles minutos en el campo, y la afición lo agradeció con una gran ovación para el delantero, que reaparecía en La Albuera, aunque tuvo minutos en la pasada jornada de Liga.

El esfuerzo que había realizado el Almazán persiguiendo sombras pasaba factura, pero la Segoviana tampoco tenía ganas de lanzar demasiados efectivos sobre la defensa visitante, en primer lugar porque el trabajo ya estaba hecho, y en segundo porque el árbitro asistente del colegiado leonés Blanco Núñez se empeñó en dar emoción al partido, y enfadar a cualquiera que tuviera ojos en cara, dando validez a dos contragolpes sorianos en los el receptor del balón se encontraba bastantes metros en fuera de juego. En la primera de las ocasiones, Edipo regateó a Facundo, y cuando se disponía a marcar, se encontró con un espectacular Javi Marcos, que sacó bajo los palos. En la segunda, el balance defensivo de los locales fue espectacular para desbaratar la ocasión validada por un asistente más pendiente de lo que se decía en el banquillo que de vigilar el fuera de juego. Más o menos como siempre. Pero como quiera que los dos ataques sorianos se quedaron en anécdota, la Segoviana pudo celebrar una victoria conseguida de la forma que les gusta a los aficicionados, y al entrenador: jugando bien, aunque a veces ese sea un concepto en el que nadie coincida.