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El ala del Naturpellet Segovia Iago Rodríguez trata de marcharse del cierre de la UMA Antequera Juan Ramón Ruíz ‘Juanra’, con un fondo del pabellón Pedro Delgado vacío. / KAMARERO
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No busquen más, porque no hay. Ni hay más equipo, a salvo de que Nico Rolón y Buitre se recuperen, además de los canteranos Julio y Guillermo, ni hay más afición, porque en primer lugar el espectador tiene (¡faltaría más!) el poder de decidir en qué espectáculo invertir su dinero, y en segundo porque suele tener muy poca memoria, y sólo se acuerda del presente, no de pasados más o menos lustrosos.

Así que hay que comenzar el relato de lo acontecido en el Pedro Delgado dando las gracias a todos y cada uno de los aficionados, que son los mismos que no dejaron de subir al Pedro Delgado en los peores años de la Segunda División, y que en la tarde de ayer presenciaron un partido de fútbol sala de los que peor calidad se recuerdan en la historia del municipal segoviano en la Primera, que se prolongó en una agonía de más de dos horas entre saques de banda, interrupciones varias, protestas y pérdida tras pérdida de balón, y que terminó con un reparto de puntos muy justo, porque ni el Naturpellet dio para más, ni el Antequera mostró la más mínima intención al final del partido de arriesgarse a perder un empate que le permite mantener la mínima distancia con el farolillo rojo. Medianías que significan mucho en un mundo de pequeños.

DOS, MÁS UNO

El Naturpellet no tuvo ayer ni la garra de Nico Rolón, ni la ambición de Buitre por lesión, y por decisión técnica tuvo a Pedrinho haciendo el calentamiento, y nada más. El brasileño sólo cuenta para los entrenamientos, y a tenor de las palabras de Diego Gacimartín tampoco mucho, pero sigue teniendo ficha en el equipo. Segovia cuenta con miles de fichas de fútbol sala, con cinco conjuntos en la División de Honor Juvenil, tres en Tercera División, uno en Segunda División B… pero es evidente que no hay tres jugadores de Segovia para poder completar el banquillo. Ojo, que no se dice jugar, aunque en partidos como el de ayer, con calidad cero y esfuerzo diez, quizá no hubieran desentonado demasiado.

No hacía falta ser un lince para saber que el encuentro entre segovianos y malagueños iba a ser de mucha presión para ambos conjuntos, que evidenciaron sobre la pista las razones por las que se encuentran en la posición que ocupan en la Primera. El Naturpellet, sin gol, jugaba de cuatro intentando superar a la defensa antequerana, sin conseguirlo en hasta bien entrado el encuentro, mientras que la UMA se complicaba siete veces menos, llevando el balón lo más rápido posible hasta el pívot Miguel Fernández, al que su gran humanidad le hacía difícil de defender por los cierres segovianos, aunque su técnica a la hora de controlar la pelota le restaba algo de colmillo. Pero el hecho de contar con un jugador de sus características es sinónimo de peligro, y bien que lo demostró cuando, en el minuto doce de una soporífera primera parte, Juanra se hizo con un hueco en la banda derecha para enviar el balón al segundo palo, donde Fernández marcó el 0-1.

Poco a poco el equipo local fue descubriendo las costuras de la defensa del Antequera con el juego de cuatro, aunque faltaba ese jugador que rompiera cuando más despistados estaban los visitantes en sus movimientos defensivos. En la primera ocasión que lo hizo Chus, el portero Conejo tuvo que salir a taponar y despejó con la mano fuera del área el cabezazo del jugador local. Roja, y falta al borde del área para el Naturpellet, que empató el partido. Desde ese momento y hasta el descanso, ya no se jugó más al fútbol sala, sino a lo que quiso Crispi, que paró el partido con veteranía para evitar males mayores para su equipo, aunque le costara el barato precio de una tarjeta.

Los primeros minutos de la segunda parte fueron locales, con buenos minutos de Álvaro Quevedo, y alguna intervención destacada del portero Gonzalo, que salió sustituyendo a Conejo, y al que los segovianos chutaron más bien poco. Pero el Antequera, como los buenos equipos de rugby, avanzó metros más por fuerza que por calidad, buscando una y otra vez (y otra, y otra…) su suerte a balón parado, con lanzamientos desde Málaga, Cartagena, Jaén, Córdoba, Almería, o incluso algunos más cercanos, todos con el mismo éxito. Es decir, ninguno.

JUGANDO CON FUEGO

Pero los minutos pasaban, lentos como un película iraní sin subtítulos, y con ellos las fuerzas del Naturpellet iban menguando, pese a que Diego trataba de rotar todo lo que podía. Pero la lesión de Álvaro Quevedo vino a poner un punto más de agotamiento a un plantel de jugadores que estaba en la reserva a diez minutos del final, y que cometió errores como el que supuso el 1-2, con un robo del Antequera cerca del área de Thiago, que no pudo hacer nada para evitar el potente lanzamiento de Miguel Fernández.

Se mascaba la tragedia, a ocho minutos para el final, pero dos más tarde, ningún jugador del Antequera salió a tapar el lanzamiento de Edu, y Gonzalo no vio el balón hasta que no lo tuvo dentro. El 2-2 dio paso a un querer y no poder por parte de ambos conjuntos, ya que el visitante tuvo sus opciones, pero sin excesiva claridad, y los locales bastante hicieron, jugando con fuego metiendo el portero-jugador a minuto y medio para el final con el resultado de dos infartos tras sendas pérdidas.

El reparto de puntos terminó siendo bueno para ambos, puesto que el Valdepeñas cedió ante el Aspil Ribera de Navarra, y ahora hay un triple empate en las plazas de descenso a Segunda División. Los rumores ponen un par de jugadores más como refuerzos en Valdepeñas, más alguno que otro en Cartagena, mientras que el Naturpellet, salvo que encuentre debajo de una piedra el dinero suficiente, tendrá que salvarse con lo que tiene. Y es cierto que podría ser más, pero también que podría ser mucho menos. Con advertencias no se llenan los pabellones, sino con trabajo diario (que hay), con compromiso (que existe), con calidad (que se supone en un equipo de Primera) y con resultados. El resto son sólo palabras.