Piti se intenta anticipar a la acción del jugador del Cristo Atlético en un momento del encuentro disputado en el campo de El Hospital. / NEREA LLORENTE
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El fútbol, como dijo en su día Luis Aragonés, se define en “ganar, ganar, ganar, y volver a ganar”. Pero, cuando no hay forma humana de que ganes, todo se reduce al axioma del Cholo Simeone: “Insistir, insistir, insistir… y seguir insistiendo”. Y el CD La Granja sumaba ya demasiadas jornadas insistiendo pese a las dificultades, pese a las lesiones que se acumulan, pese a no poder encontrar a 16 jugadores disponibles para hacer una convocatoria, y pese a las sanciones impuestas por un Comité de Competición que se piensa que la Tercera es el campo de pruebas para mandar mensajes a los técnicos de Primera, y que ni siquiera se digna en hacer públicas sus decisiones acerca del grupo octavo.

Pese a todo, el CD La Granja consiguió la primera victoria de la temporada en el campo de El Hospital, y lo hizo firmando un gran encuentro ante un Cristo Atlético que, si este encuentro se hubiese disputado cuatro semanas después, se podría decir que hubiera pasado un auténtico calvario (con perdón). Pero más allá del chiste horrible, la realidad fue que el equipo del Real Sitio supo llevar el partido a su terreno frente a un oponente que en muy pocas ocasiones dio la sensación de tener el partido controlado, y que apeló a las grandes intervenciones de su portero Adriá para mantenerse vivo en el choque.

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Buscando la solidez defensiva que tanto ha echado de menos el equipo a lo largo de la temporada, Diego Yepes pobló de jugadores el centro del campo, con una defensa de cuatro que pronto tuvo que modificar con la recaída de Pluma. La entrada de Chechu, retrasando a Juli al central junto con Alfonso, dotó al equipo de más fortaleza en la zona ancha, con Piti multiplicándose en el esfuerzo defensivo junto a Gabi.

Por su parte, el Cristo buscaba a Zubi con balones cruzados a la espalda de Aguirre, aunque las ayudas de Mario impidieron males mayores para los de casa, salvo en el quinto minuto de partido, cuando una internada del lateral Ángel le llevó a presentarse en el área de Lorenzo, que rechazó su lanzamiento con el pie.

El CD La Granja redobló el trabajo defensivo, y buscó sus opciones con los envíos en largo hacia la cabeza de Ionel, que se pegó (casi literalmente) con los centrales palentinos buscando peinar de cabeza. Dani Lázaro, al que siempre le caen los balones aunque sea de rebote, tuvo una primera ocasión clarísima en un mano a mano que Adriá le sacó en extraordinaria intervención, y poco más tarde empalmó demasiado cruzado un saque de esquina que propició algún que otro rebote. Y aún dispuso de una tercera oportunidad muy evidente en otra acción por su banda, que cerró con un lanzamiento al palo corto para que Adriá volviera a lucirse.

El partido no era bonito de ver, más que nada porque el CD La Granja se está jugando demasiadas cosas como para andarse con filigranas. Los locales juntaban las dos líneas defensivas impidiendo que el Cristo pudiera combinar por dentro, y tiraba la línea del fuera de juego con evidente acierto. El rival apenas se asomaba a la meta de Lorenzo más que a balón parado, por lo que al descanso se llegó con el empate sin goles, con el equipo de casa satisfecho por el trabajo realizado, y con Julio César, el técnico del Cristo Atlético, bastante menos conforme con el partido que estaban realizando sus jugadores sobre el césped (que ahora ya sí comienza a parecerlo) del campo de El Hospital.

La segunda parte comenzó como terminó la primera, con el equipo viajero teniendo un dominio ficticio del partido, puesto que el CD La Granja le entregaba la pelota, esperando el momento de golpear a su oponente. Pero el partido estuvo cerca de cambiar de signo cuando el palentino Alvarito lanzó una falta al borde del área de la portería segoviana, que tocó en la barrera y desvió su trayectoria. Lorenzo, que estaba prácticamente vencido al otro lado, tuvo una extraordinaria reacción y logró despejar el esférico cuando los aficionados locales ya se temían el 0-1, y los visitantes estaban muy cerca de cantarlo.

DANI LÁZARO, POR FIN

La suerte parecía decidida a echar una mano al equipo de casa, pero éste tenía que poner de su parte, y lo hizo cuando, en el minuto 60, una recuperación de balón protagonizada por un Gabi que estuvo espectacular en la recta final del partido, dio paso a una contra eléctrica en la que Dani Lázaro ingresó en el área y vio a Ionel solo en el segundo palo. El envío fue aprovechado por el ‘9’ granjeño para, en semifallo, conseguir el primer tanto del partido.

El gol local metió al Cristo Atlético en una vorágine de prisas que no le llevaron a nada bueno en los siguientes minutos, en los que estuvo más cerca el segundo tanto local, que bien pudo conseguir Dani Lázaro en una contra que no culminó bien, que de marcar el gol del empate. El equipo palentino solo llevó peligro a balón parado, sobre todo en un remate de Alvarito que se encontró con el larguero, y uno posterior de Kaká quien, totalmente solo, remató fuera en inmejorable posición.

La entrada de Pau por Juli, y el trabajo incesante del centro del campo local por cortar cada acción rápida de su oponente, que no logró enlazar ni un solo contragolpe, apuntaló el juego defensivo del CD La Granja, que no renunció a asomarse a la meta de Adriá, que realizó otra impresionante intervención sacando de la escuadra un nuevo lanzamiento de Dani Lázaro. Pero el jugador segoviano siguió insistiendo una y otra vez, hasta que encontró el premio a un minuto del final del tiempo reglamentario, cuando no se lo pensó dos veces al encontrarse un balón en la frontal, y con un lanzamiento raso y ajustado al palo consiguió batir al gran portero del Cristo Atlético, consiguiendo el 2-0 que espantó a todos los fantasmas que empezaban a rondar por el campo de El Hospital. El equipo de Diego Yepes ganó porque fue mejor que su rival a la hora de entender el partido, y porque compitió con mayúsculas. Si eso implica renunciar en ocasiones al fútbol de toque y aprender a hacerlo feo, pero práctico, así habrá de ser. El premio de la permanencia implica algún que otro sacrificio estético.