Publicidad

Marta García, una de las primeras entrenadoras de España en poseer el Nivel 3, y triple campeona juvenil de Castilla y León con el Naturpellet (club que recibirá el trofeo que acredita al campeón en la Gala del fútbol sala que se celebra hoy), se plantea dejar el fútbol sala, cansada de no percibir el dinero prometido por parte del club desde hace dos años y medio, de que el puesto de entrenador “siempre esté ninguneado” y de ver cómo se está yendo de las manos el fútbol sala de base de Segovia, “con las aficiones, los padres, y los entrenadores extremadamente competitivos”. Ahora, meses después de que el Naturpellet decidiera cambiar de técnico del equipo juvenil, rompe su silencio para denunciar la deuda que el club mantiene con ella, y el trato recibido.

¿Cuánto dinero le debe el Segovia Futsal?

5.124 euros.

¿Desde cuándo?

Desde las dos últimas temporadas que estuve en el club. Desde entonces, sólo recibí 300 euros en el mes de octubre.

¿Cuándo le dejaron de pagar?

El primer año me pagaron todo mes a mes, el segundo me dejaron a deber dos meses y medio, porque ya no percibí nada desde el mes de marzo, y en el tercero y cuarto sólo me abonaron los 300 euros que he comentado antes.

¿Tiene algo firmado con el club?

No, porque Álvaro Fernández siempre me dijo que confiara en él, que me lo iba a pagar. Eso llevo haciendo cuatro años, confiar.

Era consciente entonces de que estaba cobrando en ‘negro’…

Claro. Es que en este mundo del fútbol sala, los más perjudicados somos los entrenadores, tanto en la base como en Primera y Segunda. Es a la figura a la que menos importancia se da desde los clubes, porque si pueden fichar a un gran jugador o a un gran entrenador van a decantarse por el primero, y además que las condiciones son pésimas.

Es decir, que sabe que el club podrá salir ahora, y decir “a esta señorita no le debemos nada”.

Sí, pero hay conversaciones guardadas, todos los directivos saben que se me debe dinero, los jugadores lo saben, los padres de los jugadores lo saben… soy consciente de que mañana alguien puede salir diciendo que “con Marta lo tenemos todo saldado”, pero la realidad es que se me debe ese dinero, y se llegará hasta donde se tenga que llegar. Me molesta que, tirando de hemeroteca, tengas que leer al presidente diciendo que tiene el noventa por ciento del presupuesto cubierto, pero que no me coja el teléfono, o me conteste los mensajes, cuando le reclamo la cantidad que me debe.

¿Siempre renovaba a la baja?

Las renovaciones eran año a año. Yo firmé por 400 euros al mes, la primera renovación fue en agosto por 300, la segunda llegó en junio por 200, y la tercera renovación fue a finales de junio, cuando no me encontraron sustituto, también por 200 euros al mes. En las últimas renovaciones yo no negociaba nada, sino que aceptaba lo que me ofrecían.

¿En sus años trabajando en la cantera, se sintió arropada por el club?

De eso no hemos recibido mucho. De hecho, cuando nos clasificamos para la Copa de España juvenil, allí había representantes de todos los clubes, directivos… y del nuestro sólo fue el entrenador del primer equipo. Sí me hubiera gustado que algún directivo, o el presidente, hubiera asistido a la cena oficial. Ya en el día a día, sí es cierto que ha habido directivos como Julio, o Esmeralda, que han venido a muchos partidos, pero no nos hemos sentido arropados ni por el presidente ni por el entrenador del primer equipo, que no han venido a ver lo que tenían en la cantera.

¿Los desencuentros con Diego Gacimartín han existido?

No eran tan fuertes como se ha señalado. Cuando nos sentábamos a hablar, los puntos de vista eran parecidos, pero no cabe duda que su puesto era más importante que el mío, y que tenía, y tiene, que tomar decisiones importantes por las que está más presionado de lo que yo estaba en su momento. Yo quería defender a mis juveniles, y que ellos se sintieran a gusto tanto en su equipo como en la primera plantilla, y por ahí vinieron los desencuentros. Pero nunca tuve un problema con Diego. Cada uno hacía su trabajo, y Ángel Zamora, que era quien el año pasado estaba de segundo entrenador, era el que me decía los jugadores que tenían que subir a entrenar con el primer equipo. Llegó un momento en el que directamente se lo comunicaban a los jugadores, y a mí no me decían nada.

“En este mundo del fútbol sala, los más perjudicados somos los entrenadores, tanto en la base como en Primera y Segunda”

De usted se dijo que influía en los jugadores para que no subieran con el primer equipo.

Había días en los que yo no sabía que no podía contar con un juvenil porque estaba con el primer equipo, o días en los que el juvenil no quería subir al primer equipo, sino quedarse a ayudar a sus compañeros, porque había muchos lesionados y nos estábamos jugando la liga, y parecía que tenía yo la culpa. Es que son juveniles y querían ganar su liga, no quedarse en el banquillo, que en Primera División puede ser una experiencia muy bonita, pero para algunos de ellos es mejor jugar. Al final yo no tomaba esas decisiones, sino que las tomaba Diego Gacimartín con el presidente. Yo jamás le dije a un jugador del equipo juvenil que no subiera con el primer equipo, y eso es algo que se puede comprobar.

Y después de este año sabático, ¿qué hará Marta García’?

Me estoy despegando bastante del fútbol sala, y me gusta la idea, porque cuando observo las cosas con más perspectiva, percibo más cosas negativas que positivas. Veo que el puesto de entrenador siempre está ninguneado, y que las condiciones de los entrenadores son malísimas, siempre debiéndoles dinero, o pagándoles en negro, o directamente no pagándoles, y al final son los que más perjudicados salen de esto. Además, somos cuatro y vamos cada uno por nuestro lado. Si no nos ponemos de acuerdo en dar valor a nuestro puesto… pues no lo veo.

Además, cuando voy a ver partidos de la base, compruebo que con el tema de las aficiones y los padres esto se nos está yendo de las manos. Hay entrenadores que son exageradamente competitivos entrenando a conjuntos de base, y eso al final no te gusta.

No echo de menos el fútbol sala, ahora los fines de semana se me hacen eternos, y me encanta. Tengo un trabajo en el que estoy muy contenta, y me gusta más la educación que el fútbol sala.

Es decir, que ha perdido la vocación.

A lo mejor no era vocación. Yo he estado muy a gusto entrenando, me encantaba, y en ocasiones lo echo de menos. Quizá esa vocación por el fútbol sala la suplo ahora con mi vocación por el trabajo en educación.

DE JUVENILES Y ‘SALTOS’

¿En Segovia no hay jugadores juveniles capaces de jugar en Primera?

Creo que se ha hecho un trabajo muy bueno, porque hay una generación de jugadores con la que se ha venido trabajando desde prebenjamines, y considero que la generación de César, Guille, Víctor Fernández, Julio… es bastante buena para seguir trabajando con ella y jugar en Primera División.

Pero muchos técnicos apuntan a que el salto es muy grande…

Eso de que el salto es muy grande… depende del salto. El salto desde el equipo juvenil hasta ElPozo, por ejemplo, sí que sería grande, porque en esa plantilla hay unos jugadorazos con un nivel muy superior al que puede tener Segovia, Valdepeñas, Antequera u otros equipos. Pero frente a Movistar Inter jugó Julio, y se le veía pelear en la cancha, intentar cosas… y a la afición le gustó. ¿Por qué eso no lo puede hacer otro jugador de su generación como César, como Guille o como Víctor Fernández, a los que se ha descartado y tienen que buscarse la vida, uno en Segunda B en Valladolid, otro en Cuéllar, otro en Madrid? Hay que seguir trabajando con ellos, porque quizá aún no estén para ser el quinto o el sexto jugador, pero sí para ser el once y el doce. Siempre que dicho que esos jugadores valían para el Segovia Futsal de Primera.