Los componentes de la plantilla del Viveros Herol Nava y los directivos son recibidos en el ayuntamiento de la localidad tras lograr el ascenso. / ASCENSIÓN CALVO
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El club Balonmano Nava logró una gesta histórica a finales del mes de abril: ascendió a la Liga Asobal y representará a un pueblo, Nava de la Asunción, que no llega a los 3.000 habitantes. Es la proeza de la ‘España vacía’ fruto del trabajo silencioso hasta alcanzar el éxito. La entidad navera inició en 2009 una racha de ascensos que culminó esta temporada con la gesta del ascenso a finales de abril. En 2009 subió a Primera y en 2014 alcanzó la División de Honor Plata. Un lustro después, alcanzó la máxima categoría del balonmano nacional. Nava de la Asunción tiene exactamente 2.790 almas según los datos de 2018 del Instituto Nacional de Estadística (INE). Prácticamente todo el pueblo está implicado en un deporte que, como dice el presidente del club, Julián Mateo, “es una religión” entre sus habitantes.

Hasta tres generaciones de Nava de la Asunción han vivido en primera persona la evolución de su equipo desde su fundación, en 1976. Los que no jugaron en alguna de sus categorías (actualmente cuenta con 14 equipos de cantera tanto masculinos como femeninos), también colaboran como pueden con el club de sus amores. La economía de Nava de la Asunción está basada en los servicios, la hostelería y la industria relacionada con la construcción. Apenas hay agricultura y ganadería y el poder de atracción que tiene el balonmano es muy importante para el pueblo.

Para el Ayuntamiento, sustituir el antiguo frontón donde jugaba el equipo por un pabellón supuso un esfuerzo gigante que duró nueve años. Las administraciones, asegura el alcalde, ayudaron “poquísimo” y en el pueblo tuvieron que hacer “encajes de bolillos” para poder construir el escenario donde se disputaran partidos de la Asobal.

Es lo que tiene formar parte de la España vacía, una definición de moda que usaron los políticos en campaña electoral. Pero, la realidad, es que sólo se acuerdan de esas regiones de España cuando ocurre algo muy malo o muy bueno, como la gesta del Club Baloncesto Nava.

“Somos lo que somos. Estamos en el centro de Castilla, dentro de la provincia de Segovia, una de las más despobladas de toda España. En nuestro municipio tenemos una religión fundamental desde hace 43 años, que es el balonmano. ¿Que los políticos o las personas interpretan que es un milagro lo que hemos hecho? Sí, pero era algo que se veía venir. Nos lo hemos ganado en la pista, nadie nos los ha regalado”, afirma el presidente.

De esa ‘España vacía’ también se acuerda el alcalde, que es contundente: “Estos pueblos nuestros se mueren. La gente joven se va. A duras penas, estos diez últimos años, nos hemos mantenido con dificultad. Ahora la gente se acuerda un poco más, pero claro necesitamos que se traduzca en algo más positivo que en una palmadita en la espalda”.

Al final, el éxito del club Balonmano Nava se cimenta en el amor de un pueblo por un deporte que le ha dado muchas alegrías; en un presidente que aporta muchísimo con el patrocinio de su negocio; y en una economía familiar de la que participan, de una forma u otra, casi los 2.790 habitantes de Nava de la Asunción. La Asobal es el premio.

El Ayuntamiento dobla casi la ayuda económica al club

Hasta tres generaciones de Nava de la Asunción han vivido en primera persona la evolución de su equipo desde su fundación, en 1976. Los que no jugaron en alguna de sus categorías (actualmente cuenta con 14 equipos de cantera tanto masculinos como femeninos), también colaboran como pueden con el club de sus amores. La economía de Nava de la Asunción está basada en los servicios, la hostelería y la industria relacionada con la construcción. Apenas hay agricultura y ganadería y el poder de atracción que tiene el balonmano es muy importante para el pueblo.

La mayoría son del pueblo y, conforme el club va adquiriendo más nombre, también hay aportaciones de la comarca y la provincia. Los negocios de Nava de la Asunción ponen entre 200 y 800 euros para que su marca luzca entre los patrocinadores. Algunos aportan cantidades más elevadas y los 700 socios pagan entre 30 y 50 euros.

Emilio Marugán, dueño del Café Bar Punto Encuentro, es uno de los patrocinadores. Y lo hace con placer y por dos razones: el balonmano atrae gente al pueblo y es bueno para su negocio y, sobre todo, porque sus dos hijos juegan en el equipo. El pequeño, Óscar Marugán, fue convocado esta semana por España para disputar el Campeonato Europa Open que se disputará en Suecia.

“Aquí todo se basa desde hace tiempo en la economía familiar. La mercería, el estanco, la tienda… todo el mundo pone su granito. Después, las empresas más grandes van colaborando un poco más. Pero puedo decir que aquí colabora todo el mundo. Yo con más razón porque tengo dos chicos jugando el club”, explica a EFE.

El alcalde, Juan José Maroto, está de acuerdo con su vecino. Y afirma que el ascenso a la Liga Asobal del club será muy bueno para el pueblo. “Siempre va a venir bien. También con la cantera. Recogemos a chavales y chavalas de las escuelas de alrededor. Los padres se mueven por el pueblo y consumen cosas de aquí. En ese sentido nos va a venir bien por los equipos que vengan, las aficiones y demás”, afirma.

Sin embargo, el Ayuntamiento, que aportaba 13.000 euros en subvenciones, ahora casi doblará la cantidad. El club recibirá 25.000 euros del consistorio, pero también se doblarán los ingresos de algunas empresas que aportarán más dinero por el efecto Asobal.