El técnico segoviano del Lucentum, Pedro Rivero, junto a David López, recogiendo el premio de la Gala del Deporte. / KAMARERO
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Pedro Rivero no ha podido debutar mejor como técnico. Después de dejar una prolífica carrera en las canchas de baloncesto, sentando cátedra en la LEB Oro, el segoviano aceptó la propuesta de la Fundación Lucentum de Alicante para dirigir al último conjunto en el que militó como jugador, y ya ha logrado su primer título, la Copa Princesa que midió a los dos campeones de invierno de la LEB Plata y terminó con el triunfo del equipo alicantino sobre el Alquimisa Zamora. Rivero fue premiado en la Gala del Deporte, y mostró su satisfacción porque le sigan reconociendo los méritos “en mi casa, que es Segovia”.

¿Cómo lleva lo de haber sido cocinero antes que fraile en el Lucentum Alicante?

Poco a poco, pero contento. El año va muy bien y no tengo queja.
Tomar la decisión de dejar las canchas como jugador cuesta, pero en su caso todo hacía prever que acabaría entrenando.
Sí es cierto que desde 2015 ya tenía el Nivel III de entrenador, y todo se iba planteando así. Pero no era lo pensado eso de pasar de ser jugador a primer entrenador. Se dio la oportunidad, lo pensamos bien, porque ésta fue una decisión meditada, y la realidad es que las cosas están saliendo bastante bien.

La realidad es que, por su bagaje, tiene un ascendiente en el vestuario que otros técnicos pueden no tener.

Sí, pero es que la competición es larguísima, y aunque de momento todo va bien, no cabe duda que las cosas se pueden torcer. Poder llegar a la final de la Copa Princesa y acabar como campeones es muy importante y sin duda favorece todas las relaciones de la plantilla, pero aún estamos en invierno, y esto es muy largo.

¿Se lleva bien con la plantilla, o es de los entrenadores que gusta de poner un poco de separación entre cuerpo técnico y jugadores?

Me llevo muy bien con ellos. Con nuestra distancia, y sabiendo que alguna vez he echado alguna bronca incluso de más, pero desde siempre he estado muy a favor de que los entrenadores fueran muy cercanos a sus plantillas, y no distantes. Me apetece ser así.

Con años de experiencia colaborando con la Escuela de Tecnificación, ¿lo suyo es la enseñanza?

Me gusta hacer cosas con respecto a la enseñanza, sobre todo en verano, aprovechando lo que sale, pero sin tener ninguna obligación de hacerlo, sólo porque me apetece. Voy diciendo que sí a casi todo, y al final casi todos los veranos se me complican con actividades. Pero me gusta coger a jugadores y ver cómo rápidamente evolucionan. Me llama mucho la atención.

Una vez conseguida la Copa Princesa, ¿qué objetivo tiene hasta el final de temporada?

El club es muy ambicioso. La Fundación Lucentum tiene muchísima historia, incluso en competición europea, y quiere estar lo más arriba posible. Pero yo solo aspiro a que, en los momentos importantes de la temporada, estemos en disposición de competir contra todos. Lo estuvimos en la Copa, y espero que también lo estemos en el play off.

¿A usted no le entran ganas de vez en cuando de decir a alguno de sus jugadores “quita, que ya me pongo yo”?

Al principio sí, y fue de las cosas que más costó. Yo les decía “quiero que se juegue a esto”, pero en realidad estaba pensando en “quiero que se juegue como lo haría yo”, y eso es lo que no puede ser. Se ha de jugar a lo que el entrenador diga, pero como lo ejecuten mejor los jugadores. Poco a poco lo voy entendiendo mejor.