La llave de los años dorados

César Muñoz, Alberto Riquer y Juanlu reviven la primera Copa de España del Caja Segovia justo cuando se cumplen 20 años de su consecución

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Los integrantes del Caja Segovia dan la vuelta de honor al pabellón Pedro Delgado con el título de la Copa de España con la afición entregada. / JUAN MARTÍN
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Toda época dorada tiene un punto de eclosión. Unos son premeditados, talón en mano, y otros, sin embargo, aparecen de la nada, de la unión de un vestuario. Esta segunda alternativa, la más inverosímil, fue el germen de los años que mecieron la gloria del extinto Caja Segovia. Gracias a los lazos familiares que estrecharon los integrantes de este conjunto, con Jesús Candelas al timón, llegó el primer título nacional: la Copa de España. Levantar este trofeo supuso la piedra angular sobre la que se talló la historia de uno de los clubes más importantes del fútbol sala mundial.

Sin la fuerza centrífuga que ejerce la presión por ganar y sin conocer sus propios límites. Liberados de los nervios que amordazan el espíritu creador de cualquier persona, un grupo de jóvenes deportistas, aún por descubrir y que, por unas cosas u otras, no habían encajado en otros clubes, coincidieron en Segovia para trazar los vértices del éxito. No eran conscientes de hasta dónde podían llegar y se propusieron ir más allá, emulando aquella frase que acuñó el francés Jean Cocteau: “Como no sabían que era imposible, lo hicieron”.

CÉSAR MUÑOZ: “Éramos jugadores desconocidos y nadie pensaba que podíamos GANAR UNA COPA”

Luis Amado, Juan Luis García ‘Juanlu’, Javier Orol, César Muñoz, Alberto Riquer, Marcelo Serpa, Álvaro Fernández, Daniel Ibañes, Antonio Adeva, Óscar Jiménez, Óscar del Pozo, Óscar Aranda… fueron los artífices de una gesta que justo hoy cumple 20 años. Por entonces, la competición reunía a los cuatro primeros equipos del campeonato liguero y en la edición de 1998 el marco elegido fue el Pedro Delgado. De esta manera, junto al conjunto anfitrión, se dieron cita ElPozo Murcia, el Boomerang Interviú y el Castilla-La Mancha Talavera.

La primera semifinal enfrentó a los segovianos contra los murcianos y fueron los locales los que se impusieron por 5-3 para acceder así al choque decisivo por el título. En la segunda, el cuadro toledano de Tino Pérez superó a la por entonces plantilla de Alcalá de Henares en la tanda de penaltis después de empatar 7-7. El 8 de marzo de aquel año se dirimió la final, con el pabellón de Segovia a reventar. El duelo, que marcaría un antes y un después para el Caja, se resolvió con un único gol, el de César, obrado en el 33 de juego. Eternos fueron los minutos restantes y, una vez que terminó por consumirse la totalidad del tiempo reglamentario, fue el capitán, Orol, el que abrió los años dorados de la entidad blanquirrojo al levantar la Copa de España.

ALBERTO RIQUER: “la calidad, la juventud y las ganas de conseguir algo FUERON LAS CLAVES”

En plena efeméride, Juanlu -actual entrenador del FS Salamanca-, Riquer -técnico del filial del Inter Movistar- y César -secretario técnico, delegado y director de La Academia interista- echan la mirada atrás para revivir aquella etapa. Aún con la herida sin cicatrizar por la pérdida de Cecilio Rodríguez, encargado del material del club de Torrejón de Ardoz, hacen un esfuerzo al tomar el Pedro Delgado como eje, después de lo ocurrido el pasado sábado. “No son buenos días para recordar Segovia tras lo sucedido en el último partido de liga, aunque en lo que a mi carrera en activo respecta, siempre me acuerdo de forma positiva. A nivel profesional, mi paso por el equipo fue uno de mis mejores momentos sin duda”, repasa Muñoz.

Aquella plantilla puso su meta donde otros rivales estaban obligados a llegar, pero en la pretemporada sus esquemas cursaban otra dirección. “Éramos jugadores desconocidos y nadie pensaba que podíamos estar arriba. A medida que fue pasando la temporada, fuimos creyéndonos que podíamos ganar a cualquiera. Logramos el primer objetivo: meternos entre los cuatro primeros para jugar la Copa. Esto supuso un punto de inflexión”, destaca el que se erigió como héroe de la competición copera. Juanlu, por su parte, explica: “Desde el exterior percibíamos que nadie daba un duro por nosotros. Éramos un equipo hecho de retales y, por eso, no nos echaban cuenta. Sin embargo, formamos una familia y la unión fue la clave del éxito. Con la Copa conseguimos revertir esas opiniones”.

La final reunió a un Caja todavía por explotar y a un Talavera que coronaba uno de los primeros puestos de la élite nacional. Así revive César el transcurso de la misma: “El partido estaba muy disputado, con mucho control, y los dos porteros -Amado y Toni- estaban completando un gran encuentro”; y analiza la jugada del gol: “A mitad de la segunda parte, recibí un pase, en el que me adelanté, y conseguí hacer una buena pared con Óscar Jiménez para después superar a Toni por el palo corto. A partir de ahí se desató la alegría, aunque tocaba lo peor: defender la ventaja”.

JUANLU: “AL PRINCIPIO NO NOS ECHARON CUENTA Y LUEGO EL EQUIPO Se llegó a convertir en el filial del Inter

La de 1998 no fue la única, pues de forma consecutiva llegaron otras dos, ya con el actual seleccionador de España, José Venancio López al mando. El palmarés del Caja comenzó a dilatarse con la Liga de la campaña 1998/99 y tres Supercopas (1998, 1999 y 2000). Consolidado a nivel nacional dio el paso en el exterior para cosechar una Copa de Europa y una Intercontinental, ambas en el 2000. Riquer rememora el germen de aquella etapa: “La Copa supuso el comienzo de todo. No era el fin que nos habíamos marcado, pero se dieron una serie de factores para que explotáramos: la calidad, la juventud y las ganas de conseguir algo. Éramos muy competitivos, sabíamos sufrir y nos divertíamos. A partir de ahí, vinieron otros títulos y gracias a nuestro gen ganamos casi todas las finales que disputamos”.

EL INTERÉS DE OTROS CLUBES

Con estos resultados, los grandes clubes españoles, los de cartera, no tardaron en llamar a los despachos segovianos para hacerse con los servicios de aquellos jugadores. “La fortaleza del grupo hizo que individualmente mejoráramos y llegamos a ser la envidia del resto de equipos. Al ver que no podían con nosotros, venían a por los jugadores y el conjunto se llegó a convertir en el filial del Inter”, apunta Juanlu.