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“Hacer historia”. Se dice tan rápido y fácil que no da tiempo a entrar en conciencia del peso que supone tocar la cima. Cada uno tiene su cumbre. El Viveros Herol Nava, independientemente del resultado, ya había subido a lo más alto de su espacio temporal al clasificarse como segundo clasificado de la División de Honor Plata y obtener la credencial para la organización de la fase de ascenso. Una gesta que sacó a relucir el empeño de un club, la empatía de un pueblo y el incondicional aliento de una afición. Una localidad que araña los 3.000 habitantes tuteando a la Liga Asobal. Ahí queda eso. Díganlo alto. Que se entere toda España: Nava de la Asunción acariciando la élite del balonmano nacional. Quizás no tenga un pabellón adaptado a las exigencias de la competición, aunque su espíritu traspasa los límites de la provincia y con un expansivo eco capaz de todo. Por ello, jugaron en Segovia, en el Pedro Delgado.

Fuera de sus dominios, pero la ocasión lo requería; pues el Viveros Herol recibió el apoyo de todos los segovianos. Como en casa. Banderas, bufandas, camisetas. Todo de color blanco y rojo. A revienta calderas. Alrededor de dos millares de remos impulsaron la nave. Dani Gordo, al timón. No faltaron los clubes amigos como el Unami, el Naturpellet, la Segoviana o la entidad local del Sporting y deportistas simpatizantes de la talla de Javi Guerra o Carolina García, entre otros. El magma del graderío navero fue impregnando todo el pabellón hasta llegar al último rincón de la provincia. Allí también retumbó el “aquí tienes a tu afición”, que reza su himno interpretado por Los Lebreles. Con esos ingredientes, era imposible no sentirse más arropado. La alquimia perfecta.

El gen guerrero, oriundo de Nava, pronto se evidenció sobre el lienzo azul con un imparable Casado y el empaque de Lamariano bajo palos. Equipo y afición, todos a una. Un hilo conductor de máximo voltaje que contagió a los jugadores y viceversa. La atmósfera ganadora alcanzó tales cotas que el guardameta resultó lesionado y el dolor fue paliado por los ánimos dispensados. Una inyección que bien vale la convocatoria del portero para la final.

Enfrente estaban los seguidores del Alarcos. Pocos al lado de los del Nava, muchos al unísono. En un porcentaje distinto, aunque con sin bajar los brazos. Un bombo afinado marcó el ritmo manchego. Rivalidad en estado puro, pero ante todo deportividad. Una fiesta. Un honor.

La comunión navera fue determinante para marcar las diferencias en el electrónico. Justo cuando el conjunto de Ciudad Real despegó y el Nava sufrió un bajón, en el tramo final del duelo, fue cuando las espadas de la afición guerrera se alzaron en todo lo alto para disecar el impulso ciudarrealeño. Con esa ambición, el Viveros Herol desechó su versión más demoledora para entrar en la final. El triunfo de todos. El éxito de un pueblo.

Noche para soñar. De insomnio permanente. Infinita para algunos, pero a un paso de escribir la página más importante del club. Amanece el domingo con la expectativa abierta en canal. Los nervios de la velada serán la tranquilidad vespertina cuando el balón comience a rodar. Nava y Segovia de la mano por un objetivo, que puede romper todos los anales. Quedan muchos renglones por mecanografiar todavía. La cita con la historia, a las 20.00 horas.

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