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Los jugadores del Nava se consuelan. / NEREA LLROENTE
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Lo difícil es valorar lo positivo. Dar valía a la virtud. Eso es lo realmente complicado. De lo negativo cualquiera es capaz de hablar. Por ello, nadie debe poner en tela de juicio la temporada del Viveros Herol Nava. No alzar la cabeza, aún siendo humildes, sería pecado. No hubo ascenso, pero el triunfo de la unión es una evidencia que hay que reconocer y quizás anteponer. Lo es gracias al sentimiento de pertenencia de todo un pueblo de 3.000 habitantes, al empeño de una directiva y al trabajo de una plantilla. Nava de la Asunción es balonmano. Un equipo de 3.000 almas que se extiende por toda la provincia. De norte a sur y de este a oeste. Segovia entera con un club. Insólito. Eternos guerreros.

La final comenzó y el Nava empujó desde la grada. El Sinfín lo hizo desde la pista y ganó en entereza. Un impulso desquiciante que no liberó al conjunto navero de los nervios iniciales, que atenazan el libre albedrío hacia la creatividad. Un tabique de sólidos cimientos que parecía inquebrantable. Con la lección aprendida se presentó el cuadro cántabro: que Casado no perforara el muro y que Juárez no recibiera. Sobre estos mimbres y la soberbia actuación del guardameta Samuel en los trances de apertura, el Viveros Herol se vio noqueado (0-5) hasta que encontró puerta. Villagrán a la llamada. El “sí se puede” al unísono. En escala mayor. Una afición entregada.

Lo mucho que había en juego puso en escena un duelo en carne viva, digno de desenlace de temporada. Tensión de alto voltaje. La ocasión no entendía de flojezas. Ganar como meta. Ascender como fin. Con el paso de los minutos, los segovianos se entonaron y, poco a poco, fueron cotizando su trabajo. Reducir el margen fue un ‘ochomil’ para el Viveros Herol. Nada imposible. Así lo hizo: a dos goles en el ecuador. Tras el descanso, los hombres de Dani Gordo sacaron el berbiquí y la afición no paró de ondear la bandera blanquirroja. De menos a más el Nava. Arremangados para sacar petróleo desde cualquier posición. Infinito Llopis en los 7 metros.

Sin embargo, la muralla visitante disecó el ataque navero, que se vio paliado con el ahínco que diluyó el Pedro Delgado al entonar la banda sonora del “alé, alé, alé Nava”. Aún así, cinco abajo. La arena caía del reloj, pero quedaba tiempo. Tocó llamar a la épica a cobro revertido y el Viveros Herol entró en una dinámica positiva. Un aura ganador que le llevó a reducir la barrera en dos goles (21-23) a falta de cuatro minutos. Asobal quería al Nava y el Nava quería ser de Asobal. Corazones parados. 23-25. Un minuto para obrar el milagro, pero solo Casado puso mordiente con un gol más que no terminó de coger inercia para la gesta. No pudo ser, aunque la afición no dejó de cantar terminado el encuentro y demostró que es de primer nivel y los jugadores de Nava de la Asunción ofrecieron su enhorabuena a los componentes Sinfín.