Toma Brakocevic se eleva sobre la defensa del Torrelavega tratando de batir la portería cántabra en una acción de la primera parte del partido. / AMADOR MARUGÁN
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Dice la voz popular que “no hay fiesta ni romería que no j… al otro día”. Y en el caso del Viveros Herol Nava, las celebraciones por el título de Liga y el ascenso a Liga Asobal llevaron a que el equipo no tuviera excesivo tiempo para preparar el choque frente a un rival de lo más cualificado de la competición como es el caso del Balonmano Torrelavega. Si a este hecho se le une que hay componentes del plantel que llegaron físicamente muy justos al partido, llegando a jugar algunos con molestias, se entiende mejor el hecho de que el conjunto navero perdiera la imbatibilidad en casa justo cuando menos importaba, aunque las derrotas siempre escuecen y más cuando caes ante tu gente.

El Balonmano Torrelavega de Álex Mozas repartió abrazos y parabienes en los prolegómenos del encuentro, en los que hizo el pasillo de los campeones a los componentes del Viveros Herol, y volvió a repartir abrazos al final del partido. Pero durante los sesenta minutos de juego fue un conjunto durísimo, con una defensa muy férrea sobre todo en la zona central, donde Óliver no hacía prisioneros, una portería eficiente con Murillo Araújo, y un ataque que primero con Eugenio González, y posteriormente con Nicolai Colunga dirigiendo las operaciones, fue paulatinamente a más, aunque Carlos Colomer pusiera mucho de su parte para intentar evitar la derrota navera.

LA BUENA PORTERÍA DA VENTAJA

Porque el tercer guardameta del Viveros Herol, que fue prácticamente transparente en los primeros veinte minutos de partido, se empezó a solidificar en el tramo final del primer tiempo, con intervenciones de muchísimo mérito que enardecieron a una grada que estaba de fiesta, y que elevaron al equipo de casa a endosar a su oponente un parcial de 3-0 que llevó el partido al descanso con la máxima ventaja segoviana (13-10), con Toma y Oleg elevándose desde los nueve metros, Llopis infalible desde los siete, y Darío y Filipe trabajando duro en los seis.

El encuentro en su primera parte había sido de lo más vistoso, con acciones dignas de aplauso, pero también con dos equipos que no se guardaban nada en la cancha en su intención de ganar el partido. Intentó el Torrelavega cambiar el paso del Balonmano Nava con una defensa 5:1 poniendo como avanzado a Colunga, que suele ser de lo más efectivo en esa posición. Pero el conjunto local ha aprendido muy rápido esta temporada cómo tiene que atacar este tipo de defensa, y jugando con paciencia lograba encontrar el espacio justo para filtrar la bola. Como Carlos Colomer continuó ‘on fire’ durante algunos minutos más, en el minuto 39 Álex Mozas se veía obligado a parar el partido, porque el campeón de Liga había abierto brecha hasta el 20-14.

FALTA DE FRESCURA

Sin ser decisivo, ese tiempo muerto, que en el caso del técnico del Torrelavega duró muy poco, sí comenzó a invertir la tendencia en el partido. Una exclusión de Álvaro Seabra comenzó a abrirle la puerta de la remontada al conjunto cántabro, que encontró a José Carlos Hernández en su ataque. El extremo visitante, prácticamente inédito en el primer tiempo, hizo pleno desde los siete metros, y comenzó a martillear desde la esquina, llevando al Torrelavega a reducir de manera inquietante la desventaja.

Con el Viveros Herol dando muestras de cansancio, el segundo punto de inflexión del partido llegó a once minutos para el final, cuando con 24-21 en el marcador, una doble exclusión prácticamente consecutiva para Borja Lombilla e Isidoro Martínez dejó al Torrelavega con cuatro hombres de pista. Era el momento del líder, pero el cansancio llevó a la oscuridad ofensiva, y el parcial en esos dos minutos fue de 0-1 para el equipo visitante, que se armó de moral, y llevados del brazo del zurdo Eduardo Fernández, remontó el partido.

Aún pudo el Viveros Herol meterse de nuevo en el choque, pero los errores claros en las contras de uno contra el portero pasaron demasiada factura, y el Torrelavega se metió en la recta final del partido con la victoria en el bolsillo. El campeón dobló la rodilla en casa frente a un rival de una gran calidad, y que acabó físicamente mejor, pero no por ello deja de ser menos campeón.