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Minuto 39 de partido, con el Naturpellet Segovia jugando con portero-jugador en pista, y el Fútbol Emotion Zaragoza aguantando el 1-3. Los visitantes Nano Modrego y Retamar, defendiendo en la primera línea, logran despejar un remate lejano de los segovianos, y se felicitan efusivamente. Entre los dos jugadores suman 74 años, y siguen dando un ejemplo increíble de profesionalidad, sumando más de treinta minutos en la cancha cada uno.

Y los suman porque no hay jóvenes que los empujen al banquillo, porque los chicos de ahora no tienen el hambre que tenían aquellos que ‘jubilaron’ a jugadores de muchísima calidad como Luciano, como Celso o como Duda. A la afición de Segovia, difícil de engañar porque lleva cuarenta años viendo fútbol sala, le produce un cierto sonrojo ver cómo las circunstancias económicas del club le han llevado a confiar su futuro esta temporada a un grupo de jóvenes que, salvando honrosas excepciones, si hubieran estado en el equipo de enfrente, no les habrían restado un minuto de juego ni a Nano, ni a Retamar, ni a Víctor Tejel. Al menos no en el partido que midió al Naturpellet con el Emotion Zaragoza en el pabellón de Santa Clara, un ‘destierro’ de lujo para el equipo, porque el poco menos de medio millar de aficionados que se dio cita en las gradas creó un gran ambiente.

No es cuestión de correr, que también, sino de saber cómo actuar en cada momento, de hacer caso al entrenador, que es que el da las pautas, pero también de utilizar la calidad que se les supone a los integrantes de la élite en los momentos clave de los partidos. Y es cierto que muchas de esas cualidades se pueden aprender, pero la teoría dice que, cuando juegas en Primera División, eso lo tienes que tener ya aprendido, y tan asimilado que te ha de salir solo.

LECCIONES QUE APRENDER

Así, si en la defensa de las jugadas de saque de banda te dicen que debes tener especial atención a los envíos al segundo palo, se lo tienes, no como cuando en el minuto dos de partido el equipo de casa le concedió todo el pasillo del segundo palo al lanzador maño que le puso el balón franco a Richi Felipe para hacer el 0-1. Si te dicen que cuando inicias un contragolpe es un pecado mortal enviar el balón al centro, pues no haces lo que hizo Raya, que le regaló el esférico a Esteban para que éste hiciera el 0-2. O si te dicen que las jugadas a balón parado las rematan Retamar o Nano, no te quedas pasmado en un bloqueo viendo cómo Retamar te marca el 0-3.

Así, a base de no hacer lo que te dicen, en seis minutos el Naturpellet volvió a bordear el ridículo ante un oponente que no había hecho nada del otro mundo para encontrarse con tres goles a favor, más que presionar y poner intensidad en la pista, y que con los tres goles de ventaja le bastaba con mantenerse firme en su defensa zonal para cortocircuitar el ataque de un equipo segoviano en el que nadie era capaz de sobresalir.

Hubo un amago de rebeldía contra el destino a siete minutos para el descanso, cuando Iago Rodríguez recogió un balón mal enviado en largo, avanzó unos metros, y soltó un zurdazo a la escuadra de la portería de Iván Bernard. Fue de lo poco bueno que hizo el conjunto de Diego Gacimartín en una primera parte que no mejoró en absoluto (y mira que era fácil) los tres partidos anteriores.

MEJOR, PERO SIN LLEGAR

Afortunadamente para los aficionados, y para la autoestima de la plantilla, el Naturpellet que salió en la segunda mitad tuvo poco que ver con el de la primera, por lo menos en actitud y ganas. Mención especial merece Álvaro López, que se echó el equipo a la espalda haciendo un extraordinario derroche físico. Por el otro lado, por el del partido horrible, es mejor no señalar a nadie, pero que Diego Gacimartín, siempre defensor a ultranza de sus jugadores ante la prensa, dejara bien claro al final del encuentro que hay actitudes que deben cambiar… queda dicho todo.

Con el Zaragoza mirando al crono, el encuentro se movió en esta segunda parte entre el quiero y no puedo del conjunto segoviano, que tuvo minutos de asedio sobre la portería maña, pero sin conseguir marcar el 2-3 que le hubiera metido definitivamente en el choque. No faltaron las ocasiones, pero no fueron ni tan numerosas ni lo suficientemente claras como para superar a un Iván Bernard que hizo valer su gran humanidad para achicar los espacios en el mano a mano con Iago y Antonio Diz.

A cinco minutos para el final, tocó poner portero-jugador, pero ni la velocidad ni la calidad en los pases fue la adecuada para inquietar la portería visitante, hasta que a medio minuto para el final, en la única ocasión en la que sí se movió el esférico con rapidez, Víctor Tejel se marcó en propia puerta el 2-3. Pero no hubo tiempo para mucho más, y el Naturpellet perdió su cuarto partido consecutivo, en esta ocasión ante un rival que, veteranía obliga, enseñó el camino a los jóvenes. Ahora puede ser más fácil jugar minutos en Primera División, pero si no tienes ganas de mejorar, lo único que conseguirás es ser un coleccionista de descensos. Precisamente lo que no son ni Nano Modrego, ni Carlos Retamar.

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