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El segoviano Eneko Gañán Valverde cumple en la presente campaña quince años dirigiendo partidos de rugby. Impulsor, junto a otros amantes de este deporte, de lo que hoy es el BigMat Tabanera Lobos, resulta casi imposible que se niegue a echar una mano cuando de rugby se trata, “porque, al fin y al cabo, es una forma de vida”.

Creó un club, fue directivo, jugador, ahora árbitro… ¿Qué supone el rugby para usted?

El rugby me ha echado una mano en momentos muy duros de mi vida, y siempre ha estado ahí, ayudándome a salir adelante y a ser una persona correcta. Ahora, con los niños, me sirve para enseñarles una filosofía de vida, para mostrarles que no hay que ser un ‘pirata’ para prosperar, que se puede ser una persona honrada y honesta y salir adelante. Para mí, esos son los valores que me aporta el rugby.

¿Su evolución natural en este deporte le llevaba al arbitraje?

Pasé de ver los partidos de rugby por televisión, a ‘engañar’ a otros quince locos como yo para sacar un club adelante y jugar, y después a hacerme árbitro. Si no me hubiera lesionado en el hombro podría haber jugado durante unos años más, pero después de ver todo lo que me ha dado el arbitraje, estoy convencido que de una u otra forma habría terminado metido en este mundo. Como jugador no era el mejor precisamente, cuando empecé como árbitro vi que me gustaba y que me desenvolvía bien, y pensé que algo bueno tenía que sacar de todo esto, y que podía devolver al rugby todo lo que me había dado.

«El rugby me ha permitido enseñar a los niños que no hace falta ser un ‘pirata’ para prosperar
en la vida»

¿Cuántos años suma de colegiado?

El RAC Lobos echó a andar en el 2002, dos temporadas después me lesioné, y comencé a arbitrar en 2005. Precisamente debuté en Segovia, en un partido en el que el árbitro designado no pudo venir, así que un RAC Lobos – ADUS fue mi primer encuentro como árbitro. Recuerdo que en la semana anterior fui con el equipo a echar una mano como línea, y se lesionó el colegiado, así que me tocó dirigir el partido en los últimos veinte minutos.

¿Cuál es su mejor recuerdo como árbitro?

Para mí, el duelo más importante que he dirigido fue el año pasado, en el partido por el tercer y cuarto puesto del torneo de rugby inclusivo que se celebró en Vitoria. Pité en un partido que jugaba un equipo italiano con uno escocés, y escuchando los himnos se me pusieron los pelos de punta. Fue precioso, y el trato con los jugadores fue espectacular. Además, el árbitro era el que entregaba el trofeo al mejor jugador del encuentro, y recuerdo habérselo dado a un jugador italiano que se puso increíblemente contento y agradecidísimo, como todos sus compañeros.

Seguro que habrá habido otros partidos y otras anécdotas, pero los encuentros que viví en Vitoria los sentí de manera especial. Era rugby en estado puro. Gente que quería jugar con la única modificación de las reglas en que no podía haber melés, pero el resto de normas eran iguales. Los chavales se quedaban alucinados viendo cómo podían jugar de la misma manera que hacían los jugadores que veían por la televisión.

¿Lo mejor del rugby es lo que pasa dentro del campo?

Siempre. Cuando te pones las botas, escuchas el resonar de los tacos antes de salir al campo, y entras en él, lo demás se te olvida. Jugamos quince para quince, con el árbitro en el medio para tratar de llamar la atención lo menos posible.

Como jugador lo más bonito es esto, pero cuando lo dejas, comienzas a disfrutar de los partidos en la grada, cuando ya entiendes cosas más técnicas puedes valorar el estilo de unos equipos u otros. Pero todo aquel que se ha metido en una melé, te dirá que lo mejor es jugar, aunque sea a dos grados bajo cero. Jugamos, y durante un rato somos libres y se nos olvida todo, porque al final juegas con la familia. Lo otro… son cosas que han pasado, espero que todos hayamos aprendido la lección, y que no nos vuelva a pasar para que la Selección pueda estar en el compromiso internacional en Francia.

«Desde que te calzas las botas, escuchas el resonar de los tacos y entras al campo, se te olvida todo lo demás. Juegas con tu familia»

¿La llegada de los jugadores extranjeros a las competiciones españolas ha hecho evolucionar al rugby nacional?

El jugador español mejora porque han venido foráneos que han aportado muchas cosas. Tengo el ejemplo de Joe Mamea, un samoano que llegó a Valladolid, que ha jugado de todo y ha enseñado muchísimo rugby, y que no llegó a jugar con la Selección Española porque ya había tenido dos internacionalidades con Samoa. Pero él se ha volcado muchísimo con el rugby español, y ahora está en Valencia entrenando al Tatami Rugby Club de División de Honor B como jugador/entrenador.

Estoy seguro de que a España también habrán venido ‘pufos’, pero han llegado otros jugadores de Nueva Zelanda, de Inglaterra… que han aportado mucho a los de casa. Cuando ves las canteras de los clubes te das cuenta de todo lo que hemos aprendido y evolucionado, y ello hace mejorar a todos los estamentos, nos ha permitido formar mejor a los entrenadores, mejorar a los árbitros…

Pero, además, es que hay jugadores españoles muy buenos. La Selección de Seven la forman jugadores que a alguno de ellos los he pitado yo con 14 años, y ahora los ves que se van a Australia a jugar las series, a pegarse con Australia, o Escocia.

Y, en Segovia, unos Lobos que cada vez son más…

Se han desarrollado. Desde que está Jolo ves que están dando pasos hacia delante. Tienen al equipo senior, al sub 18 que está jugando vinculado con Majadahonda en la liga madrileña, y después tienes las categorías inferiores, que aunque no tienes niños para hacer un equipo prebenjamín, benjamín o alevín, les entrenas a todos juntos, y después les llevas a las concentraciones. Los lunes y los jueves ves a los niños y niñas entrenando, y da gusto. Habría que intentar recuperar al equipo femenino, pero por ese lado dependíamos mucho de la universidad, y eso te lastra un poco, aunque es cuestión de ponerse. Al principio éramos 23, y nada más, y ahora ves que el número va creciendo, y que hay técnicos como Germán, que es primer entrenador del equipo del Ejército de Tierra, además de Candi, que es nivel III de entrenador. Ha sido, y es difícil, pero la evolución del club es para estar contento.