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No fue el final más hermoso que imaginarse pueda, pero fue un buen final. El empate con el que concluyó el encuentro que enfrentó al Naturpellet y al Osasuna Magna en un Pedro Delgado que, sin llenar su aforo ni mucho menos, sí pobló sus gradas de aficionados agradecidos al equipo, significó un más que digno epílogo a la historia del fútbol sala segoviano en la élite.

Porque el Naturpellet de la temporada 18/19 no tiene la calidad del Osasuna, ni su profundidad de banquillo, ni las variantes ofensivas que llevaron al conjunto navarro a asediar durante los primeros diez minutos de partido el marco segoviano, marcando un gol y generando varias ocasiones claras más. Pero hay algo en lo que ni el Osasuna, ni ElPozo, ni el Inter, ni por supuesto el FC Barcelona, ni nadie en el sala español, tienen más que Segovia. Se llama historia. Y esa historia, aunque a algunos pragmáticos se les llene la boca hablando de dinero y de presupuestos, pesa.

Y pesa tanto que, después de diez minutos en los que el Naturpellet apenas consiguió superar el centro de la cancha, el canterano Monir se aprovechó de la siesta que comenzaba a echarse el Osasuna para, al primer ronquido, interceptar un horrible envío del portero Asier a un compañero para hacerse con la pelota, y cruzar su lanzamiento para hacer el 1-1.

EL PECADO DE NO COMPETIR SIEMPRE

Imanol Arregui, que de historia del fútbol sala sabe un rato, y que veía venir que la ‘caraja’ de su equipo le podía pasar factura, ya había pedido un tiempo muerto para recordar a sus jugadores que en el Pedro Delgado no se puede profanar la palabra ‘competir’. Pero ni por esas reaccionó su equipo, con algunos internacionales de nuevo cuño más preocupados en hacer valer sus recién adquiridos galones con los árbitros, antes que demostrarlos en el juego. Pese a ello, y sería faltar a la verdad no reconocerlo, Thiago tuvo que realizar varias acciones de mérito para evitar que el Xota se marchase al descanso con ventaja en el electrónico. Y después del descanso, también.

Pero la sensación en la grada era que el equipo navarro estaba faltando a la historia del municipal segoviano que, como decía Nexus 6 en ‘Blade Runner’, ha visto “cosas que vosotros no creeríais”. Y lo que vio en el segundo tiempo fue a un Naturpellet que le dio un sonoro bofetón al conjunto navarro en forma de gol de Edu tras un desmarque en un saque de banda de esos que sonrojan a los entrenadores de los equipos de élite, y que dejó al Osasuna sin saber si ir hacia delante, o hacia atrás.

El tremendo desgaste de los segovianos en pos de la victoria les pasó factura en el tramo decisivo ante un rival con mucha pegada

Contó el cuadro visitante con una ayuda puntual, pero importante, cuando los colegiados le perdonaron la segunda amarilla a Juninho en una acción de saque de banda en la que el jugador de Osasuna no quiso respetar la distancia. Esos dos minutos en inferioridad y la ausencia de una rotación en el cuadro navarro habrían podido dar al partido una nueva dimensión, pero la realidad fue bien distinta, y aunque el equipo viajero continuó muy desordenado sobre la pista, su desgaste no tuvo ni punto de comparación con el que sufrieron los jugadores locales.

Mediado el segundo tiempo, y después de que Thiago se las hubiera sacado de todos los colores a Bynho y a Araça, una contra bien llevada por Chus, dejó solo a Iago Rodríguez frente a Asier, al que superó de ajustado lanzamiento con la izquierda. Sin embargo, y con los aficionados segovianos aún frotándose los ojos, Rafa Usín recibió un balón en la línea de fondo, y se hizo el hueco justo para superar por arriba a Thiago, volviendo a meter a su equipo en el partido.

DUELO DE CAPITANES

Tanto Usín en el Osasuna, como Álvaro López en el Naturpellet, dignificaron el brazalete de capitán que lucieron en el encuentro. El ‘7’ del equipo segoviano apareció por todas las zonas del campo, hizo un derroche físico impresionante, y solo los calambres le impidieron estar al cien por cien en el tramo final. Y al ‘10’ del conjunto navarro le tienen que agradecer sus compañeros el haber sumado un punto en el Pedro Delgado. Si Rafa Usín no hubiera estado en la pista, y tomado el mando de las operaciones ofensivas, el Xota habría perdido el encuentro con seguridad.

Con el Naturpellet fundido físicamente, y el Osasuna camino de fundirse en el plano ofensivo, Imanol colocó a Araça de portero-jugador. Lo primero que se llevó fue el 4-2, después de que Thiago rechazase un lanzamiento cercano, y el esférico cayese a los pies de Álvaro López, que desde treinta metros anotó el gol que parecía decidir el partido para los segovianos.

Y a fe que estuvo a punto de ser así, pero a Usín no le dio la gana. A poco más de un minuto para el final, aprovechó un balón en banda derecha para llevárselo a la zurda, y colocar el 4-3 por la escuadra. Y, a 40 segundo para el final, de nuevo por ese ala derecha que es la bendición para un zurdo, colocó el esférico al segundo palo para que Saldise empatase el encuentro, y pusiese una nota triste a un final que parecía medianamente feliz para el Naturpellet, que aún así acabó siendo ovacionado por sus seguidores, y dando una vuelta de honor que tuvo mucho de despedida.

DE SEÑORES, Y DE AUSENCIAS

Tras el saque inicial, los jugadores del Naturpellet cedieron el balón a los del Osasuna, y se quedaron parados en el centro de la pista en señal de protesta por la situación que atraviesan. Los componentes del banquillo navarro aplaudieron el gesto al igual que los espectadores, mientras sus compañeros de cancha se pasaban el balón sin más intención que la de que pasara ese medio minuto. Ese gesto no pasó desapercibido para los aficionados (que ovacionaron al Xota cuando dejó la cancha al final del partido), como tampoco se pasó por alto el hecho de que el palco de autoridades estuviera prácticamente vacío. Todo un detalle por parte de quienes tienen la boca llena de palabras, pero las manos en los bolsillos, viendo cómo se despide el fútbol sala de élite en Segovia. La vida (y la eterna campaña electoral) sigue.