Ernesto mira fijamente la bola en una de las escasas llegadas hasta los seis metros que consiguieron los jugadores del Palma del Río, superados por la defensa del Viveros Herol Nava. / AMADOR MARUGÁN
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Cuando crees que todo lo haces bien y que son los demás quienes se equivocan, sueles iniciar un camino, el que te lleva directamente al fracaso, ya sea personal, o profesional. O deportivo, como es el caso que ocupa el relato de lo acontecido en la cancha del nuevo pabellón de Nava de la Asunción, donde el Viveros Herol Nava venció con claridad al Palma del Río en un partido feo, como lo son todos los partidos en los que las defensas se imponen a los ataques. Afortunadamente, las victorias en los partidos feos valen tanto como las conseguidas en los encuentros espectacularmente ofensivos.

El duelo bien podría haber representando claramente lo que es el carnaval, una fiesta de disfraces en la que casi nada es lo que parece. Porque en el inicio del partido, Antonio Llopis se disfrazó de pistolero para derribar de un disparo a la cabeza al portero Ignasi Admella en el lanzamiento de un siete metros absolutamente desconcertante para todos y que concluyó con una roja evidente para el lateral navero por parte de unos árbitros que se disfrazaron de veletas, cambiando su criterio (propio, personal, intransferible… y raro de narices) cuantas veces les dio la gana, sacando de quicio a casi todos en una primera parte en la que hubo hasta seis exclusiones, contando una a Dani Gordo, que se disfrazó de ‘señor Scrooge’, protestando a todo lo que se movía. Si a ello se le une la original ‘tuna’ que pobló una zona de la grada del pabellón, a éste no le faltó un solo disfraz en la primera parte.

A todo esto, sobre la cancha había un partido de balonmano, o así, en el que el equipo de casa parecía salir con la misma (poca) intensidad que en el partido anterior en Aranda, hasta que tras la expulsión de Llopis, el Balonmano Nava se activó, y a base de defensa y contragolpe, pasó del 0-2 al 5-2 que obligó a pedir un tiempo muerto a Fernando Montesinos, que veía cómo sus jugadores comenzaban a chocar contra un muro que a cada minutos que pasaba se volvía un poco más infranqueable.

SIN CONCESIONES

Tanto fue así que el Viveros Herol concedió a su oponente cuatro goles en los primeros veinte minutos, y dos más hasta la conclusión de la primera parte, en una exhibición defensiva de Álvaro Seabra y Andrés Alonso en los centrales, que minimizaban los errores ofensivos de sus compañeros, con Agus Casado y Carlos Villagrán llegando con claridad a la zona de lanzamiento, pero encontrándose con un Ignasi Admella que estuvo a un gran nivel.

El 12-6 con el que se llegó al descanso reflejaba muy claramente la superioridad de las defensas (y de los errores en lanzamientos muy claros) sobre los ataques. Y la cosa no varió demasiado en el segundo tiempo, sirva como detalle el hecho de que no fue hasta bien entrado el minuto nueve de partido cuando Oleg Kisselev consiguió romper la sequía anotadora que había en el partido.

Fue el joven central quien destacó en esta parte inicial del segundo acto con sus lanzamientos desde los nueve metros, manteniendo una distancia siempre cómoda para salvar el duelo. En el conjunto cordobés, Diego Reyes y Alberto Ruiz intentaban percutir sobre el 6:0 local, pero la realidad era que, mediado el segundo período, los seis goles de diferencia (16-10) ponían el partido al filo de lo imposible para el equipo visitante.

CAMBIAR ALGO PARA QUE NO CAMBIE NADA

Fernando Montesinos ejerció de entrenador pidiendo un tiempo muerto para ordenar ataque de siete, con un doble pivote en busca de mayor claridad en el remate sobre el marco de un Ernesto que no quiso ser menos que su rival en la portería contraria, haciendo bueno el trabajo de sus compañeros en defensa con intervenciones de mérito.

No le salió bien el plan al Palma del Río. La defensa del Balonmano Nava estuvo a un nivel excelso, los árbitros se estabilizaron en su peculiar idea acerca de las infracciones en el balonmano, señalando más o menos lo mismo en cada área, y así el encuentro se metió en los últimos diez minutos con 19-12 en el electrónico, que se rompía del poco uso que se le estaba dando.

No es la primera vez, ni la segunda, ni la tercera… que jugando en casa el líder de la Plata llega al tramo final del los encuentros con el marcador bien decidido a su favor. Así, Dani Gordo pudo repartir minutos entre todos sus jugadores, y el equipo cerró el partido con un 21-15 que evidencia la excelente actitud defensiva, y el algo menos bueno desempeño en ataque. Dos puntos más para aguantar la presión del Vestas Alarcos en el liderato… y un buen trabajo que hay que hacer a lo largo de la semana para seguir motivando a un plantel que ha perdido algunos jugadores, y no precisamente lesionados, y que en los dos últimos partidos ha cometido más errores que en el resto de encuentros que ha jugado en 2019. Todo sigue en orden… por ahora.