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Filip Martins trata de lanzar a portería mientras su oponente del Sinfín se echa hacia atrás buscando la falta en ataque. / NEREA LLORENTE
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Al Balonmano Nava no le han salido demasiadas cosas bien a la primera. El club, formado por gente trabajadora, ha mantenido siempre esa constante del trabajo duro, y de merecerse a pulso todo lo que ha ganado, que a lo largo de su historia no ha sido poco.

Ayer, en un Pedro Delgado que vibró con el balonmano como nunca ante lo había hecho, el equipo de Nava de la Asunción (que desde hace años recibe el cariño de prácticamente todas las empresas de la localidad, y en especial la de Viveros Herol), dio otro paso más hacia la élite de este deporte. No fue el paso necesario para ascender de categoría, pero sí para establecerse como uno de los referentes de la División de Honor Plata, para continuar con un proyecto que no era a un año vista, sino a alguno más, y de sentar las bases para terminar dando la alegría que todos sus aficionados merecen.

En la final del play off, el Auto Gomas Sinfín fue mejor que el Viveros Herol Nava. Así de claro, así de simple, y así de duro, como suelen ser todas las lecciones que hay que aprender si se quiere pasar de curso. El conjunto de Rodrigo Reñones jugó sesenta minutos a un gran nivel, contó con la inestimable ayuda de Samuel Ibáñez en la portería, y supo controlar sus nervios cuando peor se la ponía el partido en la segunda parte, después de tenerlo muy controlado durante toda la primera mitad.

Hay inicios que marcan partidos, y el de ayer fue uno de ellos. El Viveros Herol Nava salió a la cancha con ganas y con decisión, pero nada comparable a cómo salió su oponente a la pista, directamente con el cuchillo entre los dientes, con un 5:1 durísimo sobre el ataque navero. Muestra de ello fueron las tres tarjetas amarillas que marcaron los árbitros en los primeros cuatro minutos de partido al conjunto cántabro… y los cero goles que señalaba el casillero del Viveros Herol Nava cuando el encuentro ya había cumplido su minuto diez.

NI UNA BUENA NOTICIA

No había una sola buena noticia para el equipo segoviano, con Agus desaparecido, inoperantes ante Samu en los lanzamientos incluso de siete metros, y con Bruno Vírseda lesionado después de recibir una antirreglamentaria (y evitable) acción de Muñiz. El equipo necesitaba algo a lo que aferrarse, y emergió entonces Carlos Villagrán, que rompió la sequía con un primer tanto, Darío Ajo que con tres goles consecutivos comenzó la tarea de reducir las distancias, y Antonio Llopis, que sí logró convertir algunos siete metros.

De esta manera, con altos y bajos, el equipo de Nava de la Asunción logró bajar la desventaja de los cinco goles, a los dos con los que se llegó al descanso. Parecía que lo peor había pasado. De hecho, en el inicio de la segunda parte una exclusión para Javier Valverde fue aprovechada por el Viveros Herol para empatar el choque. Era el momento, con el Sinfín metido en dudas, y los de casa en plena remontada. Pero…

Pero en ese momento, cuando más animaban los incansables seguidores locales, cuando Samu Ibáñez había bajado su porcentaje de paradas, cuando parecía que Dani Gordo había encontrado la manera de atacar la agresiva defensa santanderina, al Viveros Herol Nava se le cayó el mundo encima. Sin cargar las tintas (ni mucho menos) sobre las decisiones del técnico, que por algo es el que sabe de balonmano, la entrada en el minuto 40 del lesionado Yeray por Ernesto Sánchez fue uno de los detonantes de un terrible parcial de 0-4 (con inferioridad incluida) en siete minutos que dejó temblando los cimientos del Pedro Delgado, porque de nuevo la primera línea del Sinfín parecía imparable, los extremos marcaban cuando el balón les llegaba tras una buena circulación, y la defensa cántabra negaba cualquier posibilidad de gol fácil al Viveros Herol. Si había que defender dentro del área forzando el siete metros, se hacía. Si había que arriesgarse a perder a un jugador durante dos minutos, se arriesgaba.

REMAR CONTRACORRIENTE

Así, al equipo de casa le costaba un mundo marcar, y en defensa, pese a la vuelta de Ernesto a la portería, el 6:0 no lograba frenar los lanzamientos ni de Calderón ni de Kasumovic. La desesperación en las filas segovianas era evidente, y aunque Carlos Villagrán seguía intentándolo, a diez minutos para el final, la renta de seis goles dejaba el partido muy claro para el Gomas Sinfín.

El cambio de defensa a 5:1 y una exclusión de Calderón supuso un buen soplo de aire fresco para el Viveros Herol, que en un abrir y cerrar de ojos redujo la diferencia a la mitad con un parcial de 3-0 que devolvió el partido a la línea de igualdad que en teoría debía imperar entre ambos conjuntos. Con ataques rápidos buscando la penetración, y Alonso Moreno marcando desde los siete metros, daba la impresión de que la empresa no era imposible.

Yeray, que volvió a la portería con una evidente cojera, detuvo un lanzamiento que dio al conjunto segoviano la posibilidad de poner la diferencia en tan solo un gol. En un dos para el portero, Álvaro Rodrigues se lanzó hacia la meta de Samu… y el guardameta del Sinfín, el mismo que desesperó a la afición del Viveros Herol Nava en una temporada aciaga defendiendo la portería segoviana en la campaña anterior, rechazó su lanzamiento, como poco después hizo lo propio en un siete metros de Alonso.

EPÍLOGO

El partido terminó en ese momento, por más que el orgullo del Nava alargara la agonía hasta el final. Lon rebañó un balón en el pivote, Calderón completó su gran tarde con su séptimo gol, y finalmente la victoria, y con ella el ascenso, se fue para Cantabria. Al Viveros Herol Nava sólo le quedó aplaudir el trabajo, el buen trabajo, que realizó su rival en la pista, porque jugó como hay que jugar las finales, y aprender la lección para, la próxima temporada, volver a intentarlo. El proyecto no terminó ayer, sólo sufrió un retraso y el Balonmano Nava, ese club que ha tenido que trabajar muy duro cada alegría que se ha llevado, volverá a intentarlo la próxima campaña. Esta temporada fue sobresaliente, pero la Matrícula de Honor fue para Balonmano Alcobendas y Gomas Sinfín.