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Melisa Correa intenta la entrada a canasta ante la oposición de una jugadora del Santa Marta. / CARMEN GÓMEZ
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Un Alhambra Unami que apenas logró completar un entrenamiento y medio con toda la plantilla, que hasta hace apenas dos días ni siquiera contaba con todas sus jugadoras, y en el que varias de sus componentes juniors van a tener que hacer un máster presencial (pero de los buenos) de cómo se juegan partidos en la Primera División femenina, se dio su primer alegrón de la temporada superando al Santa Marta con cierta holgura en un encuentro que no parecia el más propicio para el equipo que dirige Alicia Alonso, habida cuenta de la calidad que atesoran las jugadoras salmantinas, sobre todo en la pintura.

El equipo segoviano tiene algo que algunos llamarán orgullo, otros garra y algunos corazón, que se ha impregnado tanto en su ADN que contagia a todas las jugadoras que llegan al club. De Melisa Correa, de Míriam Rollán o de Cristina del Campo nadie puede dudar, como nadie lo hará de la paraguaya Matu Peralta, que casi recién aterrizada se vistió de corto, asumió tantas responsabilidades como sus compañeras, y se dejó la piel en defensa de igual modo, como también hicieron las juniors.

Cuando un equipo sólo cuenta con ocho jugadoras de cancha, siempre puede esperarse que trate de imprimir el ritmo más bajo posible a los partidos, tratando de que sus componentes lleguen hasta el final en buenas condiciones físicas. Pero el Alhambra Unami hizo todo lo contrario en la mañana del domingo, y amenaza con repetir la misma táctica durante toda la temporada, imprimiendo el ritmo más alto que sus jugadoras puedan soportar, con una intensidad defensiva muy alta tratando de compensar la falta de centímetros ayudando mucho en el rebote, y con transiciones rapidísimas, aunque ello implique que la estadística de balones perdidos supere (y de largo) los dobles dígitos.

Esa forma de jugar del conjunto segoviano era la peor que le podía venir a un Santa Marta demasiado académico en su juego, y que se vio sin respuesta que ofrecer al baloncesto por momentos alocado que le propuso el Alhambra Unami, que desde el primer momento lideró el marcador, aunque las ventajas hasta bien superado el descanso no fueron demasiado sustanciosas.

EL TIRÓN DEFINITIVO

Ahora bien, superado el ecuador del partido, el Alhambra Unami metió definitivamente al Santa Marta en la locura, con constantes penetraciones a canasta, con mucha habilidad a la hora de robar el balón, y con triples cuando la defensa charra trataba de apretar en las ayudas. Así, el 56-43 con el que concluyó el tercer cuarto dio entrada a un último período en el que el noqueado equipo visitante apenas cambió de plan, intentando una y otra vez meter balones dentro, pero sin elevar demasiado unos porcentajes de acierto que desde lejos de la canasta tendieron peligrosamente a cero. El Unami bajó las pulsaciones del choque a pesar de que la zona del Santa Marta le invitaba a seguir forzando sus acciones ofensivas, y finalmente pudo celebrar una buena victoria, conseguida a base de corazón. Todo es mejorable, y Alicia Alonso sabe que tiene trabajo por delante, pero la actitud del plantel segoviano es algo que difícilmente puede ser mejor.