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Pelear contra el destino es agotador. Cuando tienes el sino cambiado, cuando los posos del café te dicen que te va a ir mal, te sale el ahorcado cuando la gitana de echa las cartas mientras el tuerto pone su ojo sano en ti, y tu signo del zodíaco está el último en la lista de la adivina de turno, comienzas a pensar que, hagas lo que hagas, las cosas no te van a terminar de salir bien. Pero, aún así, peleas por cambiar la suerte, porque es inherente al ser humano eso de intentar mejorar su vida. Y en el caso del Naturpellet, al que esta temporada todo lo que le puede salir mal, le sale peor, los intentos que realiza la plantilla por salir de la mala situación clasificatoria en la que se encuentra son tan loables como vanos, de momento. Porque también es inherente al ser humano la ilusión de que la suerte cambie.

Pero ayer no fue ese día, y el equipo perdió su partido ante el Peñíscola en el Pedro Delgado porque el sino de los conjuntos modestos, es el de tener que ‘currarse’ las alegrías hasta no poder más, y pagar cada error con un disgusto. El Peñíscola, que sólo fue más físico, pero no más técnico, ni más táctico que el Naturpellet, se llevó los tres puntos del pabellón Pedro Delgado porque se aprovechó de tres errores (y qué errores…) de un equipo segoviano que se dejó la piel en el encuentro, pero al que su falta de gol condena su propuesta de juego.

PROPUESTAS LÍCITAS

Desde luego, resulta más agradable para el espectador (ojo, para el espectador de grada, no para el simple aficionado que solo echa un vistazo a la clasificación con el café) el fútbol sala que propone el Naturpellet, con su juego de cuatro, intentando superar la presión contraria tocando y apareciendo entre líneas, que el que hace el Peñíscola, y bastantes conjuntos de la Primera, lanzando balones en largo para que el pívot lo pelee con el cierre contrario. Cada estilo de juego es lícito, y habida cuenta del número de puntos que atesora el equipo de Juanlu Alonso, y el que tiene el de Diego Gacimartín, no cabe duda de lo acertada de la propuesta del técnico madrileño.

El Peñíscola llegó al Pedro Delgado herido en su ataque tras la marcha de Juan Emilio, con la intención de conceder muy poco en defensa, y de aprovechar lo que le regalara el Naturpellet. Como quiera que en el primer tiempo hubo mucha concentración defensiva, y pocos errores que propiciaran jugadas de gol, durante un buen número de minutos los guardametas fueron meros espectadores del choque, tocando el esférico mucho más con los pies que con las manos para colaborar en la salida de la pelota.

El Naturpellet superaba de manera correcta la primera línea de presión de su oponente, obligándolo a retrasar sus líneas, pero sin inquietar la portería de Molina. Por su parte, el Peñíscola después de algunos intentos vanos de sacar el balón jugando al toque, pasó a hacerlo de manera directa, bien sobre Dani Montes, bien sobre Hugo Bernárdez, intentando llevar el partido más cerca del área de Alberto, que tuvo que realizar un par de intervenciones de mérito, y aprovechando la superioridad física de buena parte de sus jugadores sobre los segovianos.

A tres minutos para el descanso, una rápida acción combinativa del Naturpellet puso a Álex Fuentes frente a Molina, que le cerró los espacios. Poco más tarde, Buitre se giró en la posición de pivote, y lanzó sobre la meta visitante para que el portero del Peñíscola hiciera la segunda parada de la mañana, y llevara el choque al 0-0 con el que se llegó al descanso.

Ninguno de los dos conjuntos había sumado méritos suficientes como para haber estrenado su casillero de goles, el de casa porque llegar a la zona de peligro le costaba un potosí, y el de fuera porque daba la impresión de jugar con el freno de mano echado, más pendiente de no cometer errores que de arriesgar buscando el del contrario. Y precisamente en la segunda parte, cuando el Peñíscola se soltó en la presión, y pasó a defender en toda la pista, fue cuando llegaron los peores minutos para el Naturpellet, absolutamente ahogado ante el fuerte ritmo que impuso su rival.

TRES ERRORES, TRES GOLES

Alberto comenzó a sumar más intervenciones que Molina, aunque éste realizó una de mérito sacando abajo un duro lanzamiento de Álvaro López. Pero el guardameta local sacó una muy buena mano a remate de Iván Rumbo cuando peor lo pasaba el equipo segoviano, que se vio tan forzado en sus acciones, que al final terminó recibiendo un castigo enorme, después de que Álvaro López viera la segunda amonestación tras hacer una inevitable falta en la frontal después de una pérdida en media cancha. Dani Montes fusiló el 0-1, y el Naturpellet se vio por detrás en el marcador, y sin una de sus piezas importantes. Aún fue mayor el castigo, porque después de un saque de esquina mal ejecutado por los locales, el Peñíscola armó una eléctrica contra que terminó Claudino en el segundo palo.

A siete minutos para el final, y con los de casa buscando algo positivo a lo que agarrarse, la quinta falta cometida por su oponente vino a rebajar las pretensiones ofensivas de un Peñíscola que ya había hecho lo más difícil, y que retrasó sus líneas tratando de conceder menos espacios. Pero lo que terminó concediendo el conjunto de Juanlu Alonso fue el aire que necesitaba el cuadro local, que volvió a sumar méritos para reducir las distancias.

Julio en una gran acción personal, y Raya en un potente lanzamiento, se escontraron con el poste y el larguero respectivamente, poco antes de que Diego Gacimartín colocara a Chus de portero-jugador, y diera paso a unos minutos frenéticos, con el Naturpellet desatado en busca del gol, que encontró en la primera acción del cinco para cuatro, cuando Chus encontró con la escuadra en su poderoso remate con la zurda.

Al Peñíscola se le venía el Pedro Delgado encima, y aunque un par de robos amenazaban con el 1-3, la sensación era de que la ola segoviana les iba a terminar mojando. Molina sacó un remate a Álex Fuentes, y Antonio Diz mandó fuera en boca de gol una asistencia de Iago Rodríguez, antes de resacirse marcando el 2-2 después de dos remates locales salvados entre el portero visitante y el palo.

Faltaba poco más de un minuto, y el Naturpellet se veía con el trabajo casi hecho. Pero falló el ‘casi’, porque Juanlu Alonso ordenó portero-jugador en el Peñíscola, y un horrible fallo de marca dejó a Rubén Orzáez totalmente solo, aunque algo escorado, ante Alberto, al que superó por el palo corto. La derrota fue cruel donde las haya, y pone en evidencia que, cuando todo se pone en contra, en ocasiones ni siquiera sirve quedarse vacío buscando cambiar la suerte.