Oleg Kisselev se eleva desde los nueve metros para marcar superando a la defensa del Agustinos durante la primera parte del encuentro. / AMADOR MARUGÁN
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Los partidos de retorno de vacaciones siempre tienen un punto de complicación. En el caso del Viveros Herol Nava, la complicación fue doble, porque a la incógnita de saber en qué estado competitivo llegaba la plantilla se le unieron los fastos por la inauguración oficial del pabellón que, con el nombre de Guerreros Naveros, recibió en la pista a los representantes de las instituciones que hicieron posible (algunos con más interés que otros) que Nava de la Asunción cuente con una instalación deportiva a la altura de lo que se merece la localidad.

Así que, por una u otras razones, el partido se presentaba ‘raruno’ para el equipo segoviano, porque además recibía a un Agustinos bastante más peligroso de lo que su clasificación refleja, con una primera línea, la compuesta por Iriarte, Dídac Villar y Linares, con entidad más que suficiente como para meter en complicaciones a más de una defensa.

El partido empezó frío, como si todos los protagonistas, incluyendo a los aficionados, estuviesen aún retornando lentamente a la rutina. Los primeros ataques se movieron entre el nivel amarillo (circulación lenta con paradas intermitentes) y el rojo del atasco total. En el caso de los locales, porque la defensa alicantina se cerraba sobre Agus Casado y Oleg no encontraba el momento justo para entrar desde el lateral, y por parte de los de Fernando Latorre, porque se les hacía complicado superar la inmensa humanidad del propio Oleg y de Álvaro.

EXTREMOS EN BUENA FORMA

El equipo de casa, un poco mejor que su oponente, lideró el marcador con ventajas que no eran demasiado exageradas. La defensa del Agustinos llegaba en la mayoría de las ocasiones a hacer las ayudas, y por ello no había demasiadas oportunidades para el lucimiento en los remates desde los nueve metros, aunque sí brillaban los extremos, muy acertados cuando lograban recibir con el metro justo para alzar el vuelo sobre la meta defendida por Padilla.

Ahora bien, cada vez que el equipo visitante parecía en disposición de asaltar el marcador, el Viveros Herol siempre encontraba una alternativa para mantener la iniciativa. Cuando no era un lanzamiento con la izquierda de Darío Ajo con dos defensores ‘colgados’ de él, eran dos latigazos consecutivos de Carlos Villagrán para dar respuesta a los goles alicantinos. Agus Casado, a cinco segundos del final, encontró un hueco en el 6:0 visitante para marcar el 13-10 con el que se llegaba al descanso.

El paréntesis en el encuentro fue aprovechado por el Balonmano Nava para homenajear a sus jugadores que tomaron parte en el campeonato de España de selecciones territoriales, así que los aficionados tuvieron más motivos para el aplauso, porque el cuidado de la cantera es una de las notas de distinción del club. Y fue un canterano, Bruno Vírseda, el encargado de solucionar los primeros ataques segovianos del segundo tiempo, que lograron elevar la renta hasta los cuatro goles, con un 16-12 que obligó a Latorre a dar entrada a José María Martín sustituyendo a Padilla en la portería.

NICOLO, CALIDAD EN LOS SIETE METROS

Con Dídac poniendo el ritmo que más le convenía al ataque del conjunto de Alicante, en muchas ocasiones al borde del pasivo, el Agustinos logró mantener la tensión en el marcador. El central visitante siempre trataba de atraer a los centrales buscando el mejor momento para buscar a Iriarte, y así con 20-17 llegó el ecuador del segundo tiempo, que fue el principio del fin para el equipo viajero.

Dani Gordo hizo rotaciones constantes, por lo que siempre había un jugador fresco de piernas en el sexteto que atacaba, todo lo contrario de lo que sucedía en su oponente. Aunque ni Toma, ni Oleg tuvieron un día inspirado en ataque en el lateral zurdo, y Llopis y Alonso tampoco brillaron precisamente en el diestro, Agus y Carlos Villagrán supieron mover al equipo y forzar las acciones de siete metros, que dieron la oportunidad de lucimiento a Nicolo.

El jugador italiano, que se está ganando a la afición, hizo pleno en sus lanzamientos desde los siete metros, alguno de ellos de mucha calidad, obligando siempre al Agustinos a atacar para reducir la diferencia, nunca para empatar el choque. Si a ello se une que Ernesto tuvo unos minutos de más acierto, se entiende que al último tramo del encuentro se llegara con el partido bien controlado para el Viveros Herol, aunque no decidido.

Esa decisión del choque llegó a trece minutos para la conclusión, cuando las piernas de los jugadores del Agustinos dijeron basta. Hasta cinco ataques consecutivos con pérdida de la posesión sumó el equipo visitante, que recibió varias contras que le dejaron sin opciones en la recta definitiva. Así el conjunto navero vivió un tranquilo final de partido, y pudo celebrar con sus seguidores la inauguración oficial del pabellón, una victoria en el primer partido de 2019, y el coliderato empatado con el FC Barcelona B. Casi nada.